¡¡Hasta siempre compañero!!. «El Camionero en ruta». Opinión

¡¡Hasta siempre compañero!!.

¡¡Hasta siempre compañero, hasta siempre!!, porque esta incomprensible vida a veces es muy cruel y la maldita muerte se lleva siempre primero a los mejores, en este caso te ha tocado a ti, precisamente ahora, malditamente ahora, cuando apenas hacía tres miserables meses que comenzaste a disfrutar de la tan merecida jubilación.

Hoy saltó una llamada en mi teléfono, una de esas llamadas que nunca quieres recibir, anunciando en la voz desgarrada y seguramente con lagrimas en los ojos de tu hijo para decirme que amaneciste muerto en tu cama, que un maldito y fulminante infarto te arrebató la vida mientras dormias, he tenido que frotarme varias veces los ojos para demostrarme que no era un sueño, que era la dura y cruda realidad lo que estaba oyendo de la voz desconsolada de tu hijo mayor.

Después, pasada media hora, me he ido haciendo a la idea, porque hasta entonces intentaba engañarme a mi mismo diciéndome que no era verdad, que era imposible que tu te hubieras muerto, y como no podía ser de otra forma los recuerdos han abarrotado mi mente, ¡Tantos recuerdos!, todos volvieron de golpe, como un torrente diluviano, recuerdos de los años en los que trabajamos juntos en la misma empresa, aunque ya eramos amigos antes de ser compañeros conduciendo camiones del mismo empresario. No puede ser verdad que tú, mi amigo y compañero Juan Manuel, nos hayas dejado, pero desgraciadamente así ha sido.

Eras tres años mayor que yo, siempre fuiste un ejemplo de amigo, de compañero y de persona en el que mirarse, del que aprender, con el que reír de tus ocurrencias, tu sentido del humor, tu ironia, tu saber estar cuando la ocasión lo requería, el primero siempre a la hora de defender nuestro honor y nuestro trabajo frente al empresario, siempre sin levantar la voz, razonando con argumentos irrefutables, sabiendo estar a la hora de dar la cara cuando la ocasión lo requería, ganándote el respeto, nunca imponiéndolo, que es como de verdad se hacen respetar las personas.

Maestro de maestros a la hora de conducir, de ser un verdadero profesional, cuidando el camión con mimo, mucho más que si fuera de tu propiedad, plenamente consciente que era una parte muy importante para ganarte el merecido sueldo cada mes, porque de su eficacia y su buen estado dependia no perder dias de trabajo en los que ganar el merecido suplemento diario que se sumaba a la nómina a fin de mes. Serio y responsable cuando la ocasión lo requeria, y siempre, siempre, solidario, no solo con los compañeros de la empresa, también con cualquier otro camionero, sin importar su origen, nacionalidad o raza.

Recuerdo como si fuera ahora mismo aquél jueves por la noche del duro invierno del año 2000 cuando bajabamos los dos con nuestros camiones cargados desde Alemania con destino a la base, y paramos a dormir en un área de servicio de Francia. Se nos acercó a eso de las 11 de la noche un camionero de Almeria para decirnos que tenía averiada la calefacción autónoma, que apenas tenía un saco de dormir para taparse y el termómetro marcaba en esos momentos ocho grados bajo cero. Te faltó tiempo para ofrecerle dormir en la litera de tu camión y así fue.

Luego por la mañana, despues de desayunar al compañero almeriense tuvimos que decirle, casi serios, que dejara ya de una vez de dar las gracias, que la carretera era así, que para eso estamos, para ayudarnos los unos a los otros. Arrancamos los tres y bajamos juntos hasta España. Tú, Juan Manuel que rebosabas generosidad no permitias que el compañero al que ayudaste nos invitara ni a un café, hasta que al final te convencí para que le dejaras pagarnos un café, porque con tu generosidad el hombre se sentía en deuda contigo y le ofendía no poder pagar unos simples cafés.

Así eras tú, siempre generoso. Como aquella otra vez que bajábamos juntos cargados desde Belgica, yo delante de tí y de pronto viste que llevaba una rueda pinchada del semirremolque, paramos dispuestos a cambiarla, te dije que te pusieras la funda para no mancharte y no quisiste, no habíamos metido la llave en el primer tornillo, despues de calzar muy bien el trailer y meter el gato para subir el eje, cuando comenzaron a soltar agua las nubes de la tormenta que ya anunciaba antes en el cielo casi negro; te dije que nos metieramos en la cabina hasta que pasara el chaparrón y no quisiste, me llamaste flojo. Asi que en medio de la lluvia cambiamos la rueda. ¡Menuda ducha nos pegamos de agua de lluvia!!.

Podría estar escribiendo anécdotas y vivencias durante días, pero ahora cuando escribo esto no he podido contener las lágrimas, recordando la ultima vez que nos vimos el pasado mes de agosto en tu amada tierra, junto a todas y cada una de las vivencias juntos que me vienen a la mente. ¡No sabes cuánto voy a echar de menos nuestras conversaciones por teléfono de muchas noches!. Ya no volverás a darme tus consejos, ni volveremos a reinos de las particularidades de esta vida, echaré de menos esas tertulias como la de la ultima vez que nos vimos, cuando el tiempo dió la impresión de detenerse y cuando nos despedimos faltaba poco para que amaneciera, después de estar hablando desde antes de la comida, con nuestras respectivas parejas riendo y disfrutando plenamente de nuestras aventuras por esas carreteras de Dios.

¡¡Hasta siempre compañero del alma!!, ¡¡Descansa en Paz!!, ¡¡Ráfagas al Cielo miles de veces!!, ¡¡Que la tierra te sea leve!!.  Para el resto, como siempre: ¡¡¡Buena ruta, tanto en la carretera como en la vida!!!.

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