Sindicalismo. La opinión de Fernando Guillén

Sindicalismo

Hoy tocaremos un tema polémico: los sindicatos.

Veamos, empecemos por saber que es un sindicato: un sindicato no es otra cosa que la organización de una serie de ciudadanos que persiguen un fin común, generalmente relacionado con su actividad laboral, se organizan para conseguir mejoras y disponer de fuerza para negociar con sus clientes, proveedores, empleadores, políticos etc.

Tradicionalmente, se cree que el sindicato solo hace referencia a las organizaciones obreras, pero no es asi en absoluto, de hecho el término «sindicato» fue empleado ya mucho antes del siglo XIX, cuando surgen estas organizaciones. En realidad un sindicato es un «lobby», o es también organizaciones como Plataforma para la Defensa del Sector del Transporte, o la CEOE, o la CETM. Todos ellos además cuentan con características comunes: afiliados que pagan sus cuotas, personal liberado a sueldo de la organización para realizar las labores de representación y organización etc. En la mayoría de organizaciones esas personas «liberadas» son electas por los propios representados, esto es así en las organizaciones obreras, en otras se trata de personal contratado o que asume ese papel de representación casi que de motu propio, como sucede en muchas organizaciones empresariales.

Sin embargo, a pesar de la similitud, a quien se ataca generalmente es exclusivamente a las organizaciones obreras, a los llamados sindicatos de clase, y eso que los éxitos de estas organizaciones están en nuestro dia a dia, sencillamente no somos conscientes de ello.

Los sindicatos de clase trabajadora surgen en el siglo XIX, y evidentemente nacen inspirados en las ideas de izquierda, que surgen a su vez en contraposición a las únicas ideas dominantes en aquel momento: las liberales y conservadoras. Surgen en un momento en que se produce un masivo desplazamiento del campo a las urbes en busca de trabajo en las nacientes industrias que se crean en plena Revolución Industrial, y aunque las condiciones de muchos de esos trabajadores son mejores que las que tenían en el campo, el hacinamiento, la falta de condiciones higiénicas, las jornadas laborales agotadoras, la falta de cualquier derecho, el trabajo de menores, la situación de la mujer, la riqueza de unos completamente desmesurada respecto de la enorme mayoría, causa un creciente descontento que se canaliza por la vía de la creación de estas organizaciones obreras. Las fuerzas políticas del momento lucharán contra ellas por todos los medios, incluyendo la violencia, con lo que la lucha de clases se verá acentuada.

Poco a poco, los sindicatos de clase obrera irán consiguiendo metas: limitar el trabajo infantil, establecer horarios de jornada, conseguir representación en las empresas, derecho a los descansos, a las vacaciones, a la jubilación, a las enfermedades profesionales, a la jubilación por desempleo, a limitar la edad de los menores, a mejorar las condiciones laborales e higiénicas…, todo ello se irá consiguiendo poco a poco, en una lucha constante. Y todo eso son logros sindicales. Nada se ha obtenido sin luchar, sin organizarse, nada se ha dado por las buenas. Nunca.

Pero algo cambió en los años 80. Y es que las mejoras que la lucha obrera había conseguido empezaron a significar su propia muerte. El objeto del sindicalismo es la clase obrera, pero ¿Y si ya no hay clase obrera?, pues el sindicalismo obrero languidece. Y eso ha pasado. Las mejoras constantes, la evolución del nivel de vida, las campañas desde determinados sectores empresariales, financieros y políticos, lograron que poco a poco los sindicatos quedaran fuera de juego, porque los obreros ya no eran obreros: conducían coches, tenían casa propia, veraneaban en la costa, enviaban a sus hijos a colegios privados concertados. Ya no eran aquellos obreros que vivían en pequeñas viviendas, hacinados, que necesitaban que sus hijos trabajaran para mantenerse, con mujeres que se quedaban en casa cosiendo para otros, además, las grandes empresas languidecían: los grandes conglomerados de miles de empleados y muchas chimeneas estaban desapareciendo en una nueva Revolución Industrial donde la automatización sustituye a miles y miles de trabajadores…, y los sindicatos de clase no fueron capaces de adaptarse.

Y no sólo no fueron capaces de hacer esa adaptación, al menos en España a una nueva realidad, es que además fallaron en todo lo relacionado con la comunicación a la sociedad, así la idea de los liberados vividores se impuso como norma en la creencia popular, los sindicatos se transformaron en sedes donde habitaban funcionarios sin oposición que vivían cojonudamente sin pegar golpe desde hacía años, los trabajadores no los veían como solución a los problemas que les acuciaba, ni los ven hoy, y es que la inacción sindical es terrible: se negocian convenios sin intentar siquiera una simple asamblea con los trabajadores del sector porque están más preocupados por mantener su nivel de influencia particular, les interesa obtener delegados porque por esa vía reciben subvenciones, y claro, está imagen ante los trabajadores es penosa y lamentable.

Quien esto escribe es afiliado. Paga su cuota y cree en el sindicalismo. Pero si el sindicalismo obrero no empieza a cambiar, si no deja una estructura anquilosada, pesada, incapaz de enlazar con las necesidades reales de la sociedad actual, compleja, moderna, están acabados, y se quedarán en lo que son ahora mismo: representantes de los trabajadores de grandes empresas y funcionarios, el resto no nos sentimos ya representados por ellos, no sentimos que les preocupe nuestra situación, y vemos que solo se arriman a nuestros problemas cuando estos saltan a la palestra pública, tal y como hacen los políticos…, la desconexión es total, el fallo de comunicación absoluto. Mientras el sindicato solo se vea como un lugar donde pagas una cuota para mantener a una pandilla de vagos,que es la imagen que mucha gente tiene, las cosas van a ir mal, muy mal, y el peso sindical será cada vez menor, y el peso sindical es clave para poder afrontar reivindicaciones…, si no hay ese peso, el sindicato no tiene fuerza, y el sindicato no puede tener fuerza si no es capaz de transmitir esa necesidad a la sociedad.

Cierto que hay muchos sindicatos, y generalmente la gente solo reconoce a los grandes sindicatos a nivel nacional: UGT, CCOO, USO…, pero hay muchos más, y curiosamente da la impresión de que pequeños sindicatos funcionan mejor que grandes sindicatos. Esto también deberían hacérselo mirar.

En Galicia se están negociando, hasta donde yo sé, los Convenios de Transporte de Mercancías por Carretera, de A Coruña y Pontevedra…, desde aquí les pido que organicen asambleas informativas en las sedes sindicales. Les pido que vuelvan al lugar donde nunca debieron dejar de estar, la calle, las empresas. Hay que perder el miedo a los trabajadores, porque eso parece que se tiene, miedo, hay que aceptar las críticas, y si a la primera asamblea vienen 10, a la segunda vendrán 20, y a la tercera, 50. Tenemos que resucitar el movimiento sindical de clase, tenemos que volver a darnos cuenta de que somos obreros, trabajadores, y eso, en gran medida, les corresponde a los responsables de esas organizaciones. Nadie dice que sea fácil, pero al menos habrá que intentarlo.

¡¡Buena ruta a todos!!.

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