Momento decisivo para el transporte por carretera

Momento decisivo para el transporte por carretera

Acaba el verano y comienza un nuevo curso que viene cargado de promesas e incertidumbres, pero que, sea como sea, tiene que marcar un antes y un después para el sector del transporte de mercancías por carretera, porque lo que está en juego es ni mas ni menos que su futuro.

La Pandemia primero, que nos abrió los ojos a todos (no a todos porque los profesionales de esto ya lo sabían) sobre la verdadera importancia del transporte de mercancías por carretera en la buena marcha de la economía, y luego la crisis, la de la escasez de componentes primero, multiplicada por los efectos de la guerra en Ucrania sobre el precio de los carburantes, han acabado por hacer salir del letargo a una actividad que llevaba sumida en el letargo casi dos década.

La conciencia de que nada se puede cambiar, de que todo es susceptible de ir a peor se había instalado en unas empresas, “sometidas” y “autoconvencidas” de su incapacidad para enfrentarse a sus clientes cargadores. Para reclamar lo que es justo, tiene que legislarse sobre lo que es de obligado cumplimiento, y eso hasta ahora no existía. ¿Cómo exigir que los conductores que no carguen y descarguen sus vehículos, tras una larga jornada de conducción, cuando no hay una ley que lo prohíba? ¿Cómo exigir que no me pagues por debajo de los costes en los que incurro, si no hay una ley que lo sancione? Si es el más débil de la cadena de transportes es el que tiene que “lanzarse al vacío” y no tiene una red que amortigüe esa caída, no se puede exigir a nadie que reclame nada.

Si es el más débil de la cadena de transportes es el que tiene que “lanzarse al vacío” y no tiene una red que amortigüe esa caída, no se puede exigir a nadie que reclame nada.

Sin embargo ahora, empieza a tejerse esa red por debajo de sus pies. Ya cuentan con una prohibición expresa para realizar la carga y descarga, ya no depende de una negociación (por llamarlo de alguna manera) en la que siempre acabamos pactando lo contrario, porque queda en el ámbito de lo privado. Ahora el cargador sabe que se expone a una multa, que infringe la ley, ya no están fácil.

Algo parecido, aunque no de la misma forma ocurre con la Ley de la Cadena de Transportes. Aquí hay más sombras, más clavos ardiendo a los que agarrarse, porque cada empresa es un mundo y sus costes son diferentes. Pero, como poco, servirá para arrojar luz sobre las relaciones contractuales, por escrito, y bajo la mirada (esperemos que atenta) de la Administración, que tiene que cumplir su parte si quiere que el mercado de transportes tenga futuro tal y como lo conocemos, aportando la misma flexibilidad y buen hacer que hasta ahora.

Pero también le espera al transportista una dura tarea por reclamar lo que es legal, y seguro que aun habrá muchos cargadores dispuestos a perpetuar una situación tan favorable para ellos. Ante ellos está la amenaza de perder el trabajo, por eso hay que reclamar a la Administración ni más ni menos que se cumpla la ley…ya no hablamos de lo que es ético o moral; hablamos de lo que es legal

La pandemia nos mostró a todos (a la Administración también) qué eslabones son necesarios y cuales son prescindibles. Y el próximo paso debe ir en esa dirección: limitar y sanear la excesiva subcontratación del transporte, que solo aporta costes improductivos.

Departamento de comunicación de Fetransa

Foto de archivo

 

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