Fantasmas, fantoches y vividores del transporte. Francisco David Puente. Opinión

Fantasmas, fantoches y vividores del transporte

Fantasmas, fantoches y vividores del transporte, donde encontrar asociaciones, plataformas, fuerzas unidas y otros animales fantásticos del transporte.

De un tiempo a esta parte, tras los estragos de la crisis del 2008 que transformó el transporte de mercancías por carretera en una suerte de apocalipsis zombie donde los «respetados» camioneros se convirtieron en entes sin voluntad propia a merced de las empresas que descubrieron que la tijera era sin lugar a dudas la mejor arma para subsistir primero, y medrar después a costa del sacrificio físico y económico de sus empleados, aparecieron como alternativa milagrosa a los sindicatos tradicionales toda una serie de movimientos y asociaciones que pretendían, con mejor o peor intención, aportar soluciones a la mala situación laboral de los trabajadores del sector, y por si eso fuera poco, en la mayoría de casos, pretendían hacerlo con una fórmula mágica que consistía en mezclar agua y aceite a partes iguales.

No debemos olvidar en ningún momento que fue gracias a la mala praxis de los sindicatos mayoritarios en otros ámbitos distintos al transporte y a su poca eficacia para concienciar y movilizar a los trabajadores del sector, lo que sirvió como caldo de cultivo para crear organizaciones para-sindicales, sin estructura, mal organizadas, sin conocimientos en materia jurídico laboral que permitiera alcanzar con un grado de éxito mínimo cualquiera de sus reivindicaciones.

Estas asociaciones, que nacieron como respuesta a un descontento y una indignación generalizada en el sector, lo más que consiguieron, salvo honrosas excepciones como UTAPA, o también SINACOAS -(tras deshacerse del primer dirigente que pretendía utilizar una buena propuesta organizativa y específica en un chiringuito como medio de lucro personal)-, fue mostrar la poca capacidad de reacción de los trabajadores del transporte, la ignorancia supina en materia laboral y jurídica que padecemos como norma general quienes nos dedicamos a esta profesión, y la facilidad con la que se nos puede manipular a través de las redes sociales con mensajes repetitivos, carentes de contenido y con una carga emocional negativa suficiente para canalizar toda la indignación a través de propuestas populistas que jamás llegan a concretarse por falta de sentido común y de conocimientos técnicos.

Entre los casos más sangrantes de estos pseudo-sindicatos virtuales que han acabado arrastrando la imagen del sector por el lodo tenemos a ACE, que fue la materialización de un movimiento surgido sobre las opiniones de un carismático empresario aragonés del transporte reconvertido a asalariado y telepredicador de Facebook, que viendo el enorme seguimiento que tenía su incesante actividad en redes sociales quiso acometer la noble tarea de representar a autónomos y asalariados y logró convencer a gente muy variopinta, algunos de ellos muy válidos y otros, muy «interesados» para llevar adelante un proyecto que acabó haciendo aguas por to dos lados, tras discusiones y negocios encubiertos de merchandising y asesorías laborales que sangraban sin escrúpulos a los incautos que confiaban sus problemas laborales a gente que buscaban un caladero de clientes en el río revuelto que suponía una organización de este tipo amparada en las buenas intenciones de algunos de sus miembros, que se batieron el cobre realmente por hacer algo bueno y que irremediablemente tuvieron que quitarse la venda de los ojos ante tanto despropósito.

Como fenómeno paranormal sin precedentes, no podemos dejar de citar a Unión y Fuerza (UyF), otro movimiento virtual surgido en las redes sociales gracias a los vídeos personales de su controvertido líder, el Sr. Couñago, todo un dechado de conocimientos laborales y retórica, (permítase el sarcasmo), que no obstante, logró a través de la «generación espontánea» que tiene como consecuencia la viralización de los vídeos en las redes sociales, que un gran número de conductores, asalariados y autónomos, tomaran en serio su mensaje y llevarán al Sr Couñago hasta las nubes (creemos que todavía sigue allí), creando así otro movimiento pseudo-sindical, sin estructura y sin principios, cuyo peor fallo fue sin duda la convocatoria fallida de varios paros y huelgas de transporte que no tuvieron ningún seguimiento más allá de algún caso individual de fanatismo o ingenuidad.

A pesar de todo, hay que reconocer a esta asociación la facilidad con la que conseguía acceder a los medios de comunicación (aunque fuera para hacer el ridículo) y la creatividad del responsable técnico de la edición de vídeos, que sin duda podría haberse ganado la vida fuera de nuestro sector. Lo mejor de UyF tras su debacle, fue el spin como la escisión «correcta» de UyF y cooff que supone ASSET, otro movimiento que nació con la intención fallida de no repetir los mismos errores. Basta con decir a modo de resumen que algunos de sus miembros más relevantes han tenido que ser atendidos por los sindicatos tradicionales a la hora de enfrentarse a problemas de índole laboral ante la ineficacia de esta organización, más interesada en hacer caja con la recaudación de afiliaciones que en defender los intereses del sector, algo que sin duda les viene grande, como el océano a las canoas de los indios.

Para ir concluyendo el animalario, tenemos a «La Plataforma para la Defensa del sector del Transporte Nacional e Internacional», a la que llamaremos simplemente «Plataforma». Sin duda alguna, Plataforma ha sido de todas estas formaciones la que consiguió una mayor relevancia gracias al mérito de convocar un paro del sector en un momento clave, cuando los precios del combustible se dispararon hasta límites inasumibles para los eslabones más débiles de la cadena de suministro; los autónomos y pymes, que vieron en esta convocatoria la oportunidad de alzar la voz contra una situación a todas luces injusta. Pero no nos engañemos y no nos hagamos trampas al solitario. Plataforma nunca tuvo la representatividad necesaria para conducir y controlar por sí sola la reacción en cadena que supuso la protesta más violenta del sector de las últimas décadas.

Todos recordamos las imágenes de piquetes incontrolados, de ruedas pinchadas, de semirremolques en suelo de las rotondas y de lunas rotas mientras los compañeros asalariados circulaban por las carreteras cumpliendo con su obligación; porque fue así como consiguieron que una parte significativa del transporte cesara su actividad, hasta que una ministra de transportes perpleja que no entendía cómo alguien sin representatividad reconocida en el sector había logrado movilizarlo, tuvo que abrir sus puertas para atenderlos y acallar de esa manera las críticas de los medios de comunicación que una vez más demostraron que se enteran de todo, pero no entienden nunca nada.

La reunión con la ministra, aunque fue vendida como una victoria, no fue más que un puro trámite informativo para comunicar a Plataforma que los acuerdos, se negociaban y se firmaban con el Comité Nacional del Transporte por Carretera, que son los verdaderos representantes del sector, y quienes hábilmente, supieron aprovechar el «totum revolutum» para sacar provecho en beneficio de sus intereses siendo los descuentos provisionales en el precio del combustible su mayor logro. En definitiva, esa ansiada reunión no fue más que la estocada final a un movimiento espontáneo, sin dirección a ninguna parte y que al final puso de relieve lo que todo el mundo sabe desde hace años, que en el transporte, cada uno está a lo suyo.

Vistos los «animales fantásticos» más llamativos que han surgido en el sector del transporte de mercancías por carretera en los últimos tiempos, llama la atención las similitudes que presentan todos ellos: Son movimientos que saltan a la palestra a través de las redes sociales, giran siempre en torno a una sola persona que acapara todo el protagonismo hasta emborracharse de fama mal entendida y sucumbir al totalitarismo que acaba imponiendo a quienes pululan a su alrededor, y sobre todo, a quienes estando a su lado, les llevan la contraria llegado el momento, nunca ofrecen una estructura sólida que dé respuesta efectiva a los problemas reales que presentan quienes deciden confiar en ellos, y derivan su responsabilidad a servicios concertados que corren a cuenta de sus «víctimas», ninguno es capaz de soportar un debate serio sobre el sector ante los medios de comunicación, ni tan siquiera a través de las redes sociales, donde el insulto y el bloqueo son sus recursos más habituales, todos ofrecen una defensa a ultranza de los intereses de los trabajadores asalariados abandonados por los «terribles y corruptos» sindicatos tradicionales que al final son quienes se están «comiendo» los marrones y cagadas de estos «animales fantásticos», y por último, todos ellos andan mendigando cuotas de afiliación, lo que parece ser su verdadero propósito visto todo lo visto.

No vamos a negar, que los sindicatos tradicionales han cometido graves errores, pero es menester entender que los sindicatos son organizaciones de trabajadores, lo que significa, que si andan mal, es porque los trabajadores se organizan mal. Sin embargo, tienen la estructura y la experiencia necesarias para ofrecer soluciones reales.

Quizás habría que plantearse dejar de creer en milagros y fantasías y aprovechar mejor lo que tenemos al alcance de la mano. Los sindicatos tradicionales están disponibles para que los trabajadores se impliquen, los hagan suyos y los mejoren hasta convertirlos en herramientas eficaces para la defensa de los trabajadores. Las películas, mejor dejarlas para el cine.

Francisco David Puente 

Foto de archivo

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