A vueltas con la formación. La opinión de Fernando Guillén

A vueltas con la formación. La opinión de Fernando Guillén

En un articulo publicado recientemente, decía que había varias causas que eran las responsables de que el transporte por carretera estuviera en una situación tan calamitosa, y no solamente una o dos. De todas ellas, algunos me decían que la formación no era para nada una causa de la actual situación, y otros, que el asunto estaba en eliminar intermediarios. Evidentemente, los que defienden lo último son autónomos y pequeños empresarios.

Bien. La formación es clave para respetar las reglas del juego, y los intermediarios existen porque las reglas del juego no se respetan. Si se respetaran, no existirían, porque no tendrían cabida. Intentaré explicarlo.

¿Cómo se puede decir que nos sobra formación cuando todos los días encontramos compañeros que ni siquiera se aclaran con el 561? ¿Cómo podemos decir que existe formación suficiente o que no es necesaria, cuando todos tenemos en mente conductores que no diferencian un albarán de una factura, ni una factura de una carta de porte, ni una carta de porte de un CMR?, y ya no digamos cubrir estos documentos de forma correcta cuando se hacen un lío con lo que es un consignatario. ¿Cómo podemos decir que hay formación cuando la gente desconoce cual es su horario, su jornada, y mezcla lo laboral con el 562 que es de seguridad? ¿Cómo podemos decir que hay formación cuando todo lo anterior, además de los conductores asalariados, lo ignoran muchos autodenominados empresarios?

¿Cómo podemos decir que hay formación cuando todos hemos visto casos de carga mal estibada y asegurada? ¿Cómo podemos decir que hay formación cuando creemos saber más que los ordenadores del camión y además pensamos que ir por encima del límite no es un inconveniente, sino una ventaja? ¿Cómo podemos decir que hay formación cuando vemos a los encargados de velar por el cumplimiento de las reglas como enemigos? ¿Cómo podemos decir que hay formación cuando los asalariados no saben que sus vacaciones deben notificarse con dos meses de antelación y también, muchos empresarios lo desconocen? ¿Cómo podemos decir que hay formación cuando sacar un simple ADR supone para más de alguno un reto propio de una ingeniería?

No amigos, la formación brilla por su ausencia, solo existe a nivel de BOE y decretos varios, nada más. En la práctica no la hay, solo un tragacuartos inútil, estúpido, que es una pérdida de tiempo. Y es precisamente el incumplimiento de las normativas a lo que nos conduce la falta de formación y ese incumplimiento, conduce a su vez, a una tremenda falta de competitividad y competencia que permite toda una cadena de subcontratas que de tener personal y empresarios formados jamás existiría, porque no se caería en ellas de modo alguno.

¿Y porqué? Porque la formación también es calcular costos y plazos de amortización, aprender que no se trata de ganar en un viaje, sino en un periodo de tiempo concreto, y que es mejor tener el camión parado un día que hacer un porte que al final tendrás que amortizar con otro porte. Muchos viajes de esos intermediarios sencillamente jamás se realizarían haciendo las cuentas correctamente y planificando las empresas desde una buena gestión. Entonces estos intermediarios caerían por si solos, nadie contrataría sus servicios a los precios que marcan en la actualidad y nadie contrataría asalariados por debajo de la normativa del convenio colectivo.

Porque lo que sucede cuando unos y otros carecen de formación, es que las trampas, por desconocimiento de esa formación y haciendo las de la abuela, son la norma: así, el autónomo o el pequeño empresario compite en base a reducir o bien costos salariales, inventándose una remuneración fuera de toda norma, o bien, si es autopatrono, conformándose con unos ingresos que no compensan el riesgo que asume, no compite con la calidad de sus servicios, solo tirando el precio. Con una buena formación, ni los asalariados tragarían lo que tragan, ni los empresarios harían lo que hacen, porque todos conocerían derechos y deberes. Y a nadie les andarían metiendo gato por liebre, como sucede ahora mismo.

Además, la formación trae consigo profesionales revalorizados: conductores que saben perfectamente gestionar sus documentos, sus cargas, que gestionan el tacógrafo perfectamente ahorrando dinero a la empresa, que descansan convenientemente evitando accidentes y problemas, con mejora considerable de su calidad de vida. Son ventajas para todos, para el conductor y para su empleador.

Y por supuesto, con formación todos juegan de la misma forma, con las mismas reglas, porque convenientemente formados se acabaría, o debería acabarse, lo que vemos ahora que ha convertido al mercado del transporte en un mercadillo árabe de «a ver quien me lo ofrece más tirado de precio», porque a nadie le interesa cumplir con nada, ni amortizar costes, ni mirar más allá de la semana en curso, cuando no, del día en curso.

Obviamente, con eso no se arregla todo, es solo una parte. Hace falta la implicación del Estado a través de la Inspección, tanto de transportes como de trabajo, pero es fundamental para arreglarlo. Pero el hecho de que a tanta gente le preocupe que se pida formación, revela otro problema mayor: el analfabetismo y la ignorancia que pululan en un sector donde con leer y saber las cuatro reglas, ya es suficiente para meterte a gestionar equipos de cientos de miles de euros y cargar con la responsabilidad que supone esta faena; y porque me temo que a muchos, incluyendo a los grandes empresarios, no les interesa para nada un sector formado, que conozca sus derechos y deberes, prefieren la mediocridad actual. De eso, pocas dudas tengo.

Buena ruta a todos.

Más artículos de Fernando Guillén. Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización expresa y por escrito del autor o el editor.

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