Jubilación a los 60. La opinión de Fernando Guillén

Jubilación a los 60. La opinión de Fernando Guillén

Estimados compañeros: la jubilación a los 60 años, al menos de manera voluntaria, se ha vuelto una petición que se hace cada vez más insistente, y viral en las redes sociales. Desgraciadamente, no la veremos. 

Primero, no hay conductores. El actual ritmo de jubilaciones abocará al sector a un auténtico desastre (bueno, eso dicen, yo discrepo) en unos cinco años. Imaginemos que de repente permiten la jubilación anticipada… la mayoría nos bajamos.

Segundo, no hay dinero. La Seguridad Social hace auténticos malabares para pagar las actuales jubilaciones.

Tercero. Una cosa es la presión en redes sociales y otra, la presión real. Esa no va a existir. No nos engañemos. Aquí no se va a manifestar ni el Tato.

Pero la petición es más que razonable y justa. Con la tercera parte de accidentes de trabajo que la actividad más peligrosa, tenemos los mismos muertos o más, depende del año; y lo más curioso es que nuestros muertos no son por “accidentes”. Es decir, un naufragio, la caída de una piedra en una mina o desplomarse desde un andamio, no. Los nuestros son por fallos relacionados con el corazón y el cerebro, por enfermedades profesionales que las Mutuas se niegan a reconocer y la Seguridad Social a regular, lo que incluso empeora la situación, porque muchos de nuestros muertos, y de los que tendrían que contar como accidentados, no se cuentan, si no que se contabilizan por enfermedad común, salvo que el interesado acuda al juzgado.

Esta bastante claro que con más de 60 años no debemos llevar los vehículos que llevamos, mucho menos de ADR, y está bastante clara la peligrosidad y penosidad de esta profesión, que justificaría la jubilación voluntaria a los 55 y la obligatoria a los 60, como en otros sectores.

Fijaros, que con jurisprudencia del Supremo, con sentencias de Tribunales Superiores acusando a los abogados de las Mutuas de “temeridad procesal” cuando recurren a esa instancia, las sentencias favorables al reconocimiento como accidente laboral de un infarto, por ejemplo, siguen tanto empresas como mutuas empeñados en negar la accidentalidad, y la enorme, gigantesca, mortalidad que se da en este sector. Porque si tener 112 muertos con 33.000 accidentes no es una elevada mortalidad, no es peligrosidad, no es penosidad, y sin embargo un sector con 90.000 accidentes y 109 muertos si lo es, significa que algo no va muy bien en este país. Pero con empresarios, autónomos y políticos a los que sus trabajadores les importan entre 0 y nada, estamos como estamos. Y eso pasa porque somos incapaces de hacer frente a tanto miserable.

Desgraciadamente, en un sector donde ni siquiera somos capaces de conseguir que se cumpla la normativa laboral, difícilmente vamos a conseguir la necesaria unión para lograr esa meta. Mal lo veo. No obstante, participaré y os invito a participar, en las concentraciones que a lo largo de este mes se llevaran a cabo delante de las Delegaciones del Gobierno.

Más artículos de Fernando Guillén. Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización expresa y por escrito del autor o el editor.

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