Por ser un camionero. Reflexión de un camionero de Miami

Por ser un camionero. Reflexión de un camionero de Miami

Cómo pasa el tiempo, dejé mis mejores años en la carretera, ahí sentado tras un volante contemplando miles de noches y amaneceres, casi sin darme cuenta deje de ser aquel joven con tantas inquietudes, sueños y anhelos dispuesto a comerse al mundo, mi cuerpo envejeció, mis sentidos dejaron de ser los mismos, pero lo que mantiene vivo a mi corazón son los recuerdos interminables de todas esas aventuras vividas, tantas anécdotas que les podría contar.

La carretera es tan inmensa que nunca la terminamos de conocer, para un camionero siempre habrá nuevos kilómetros por recorrer. Pero el tiempo no perdona y hoy estoy aquí, de pronto me siento como un pájaro al que le cortaron las alas y lo mantienen cautivo en una jaula.

Es triste estar así cuando tu vida fue siempre ser libre, mi misión ahora es cuidar de mis nietos, ayudar en los trabajos del hogar tratando siempre de no ser una carga más.

En ocasiones me siento raro en mi propia casa mi familia me ve como a un extraño, se acostumbraron tanto a mi ausencia, a solo recibir mis llamadas para saber si estaban bien o si necesitaban algo, a veces siento que no encajo.

Mis viajes eran tan largos que solo me daba tiempo para llamarles, nunca sabré si hice mal o hice bien, solo Dios lo sabe lo que ellos desconocen son las veces que me rodaban las lágrimas por las mejillas al estar lejos de casa y sentir la nostalgia de no poder abrazar a mis hijos en cada uno de sus cumpleaños, en una cena navideña o en algún festival escolar, a menudo me reprochan el hecho de no haber estado con ellos en sus primeros pasos o para escuchar sus primeras palabras, inmerso en mi trabajo me perdí casi toda su niñez, mi esposa fue la que tomo el papel de padre y madre y créanme que lo hizo bastante bien.

Que ironía de la vida trabajas para acercar familias y a la tuya le haces falta. Pero me pregunto si ¿En verdad fui tan malo? Quizás mi único error fue querer darles lo mejor, quería evitar que pasaran carencias, darles un techo y estudios para que pudieran ser alguien en la vida.

Siempre me echan en cara que quise más ese montón de hierros que a ellos, pero ¿Cómo no quererlo? Si era mi única compañía el me cobijaba en noches de frío, veía mi sufrimiento cuando las cosas no iban bien incluso me escuchaba hablar solo como loco pacientemente, Sin interrumpirme el solo se limitaba a escuchar fue la base de nuestro sustento en todos estos años, amé mi trabajo con toda el alma, alguna vez alguien dijo que quien hace lo que de verdad ama y le apasiona, no tiene que trabajar ningún día de su vida e indudablemente fue mi caso.

Y sería ilógico culpar a mi trabajo, por lo que ahora estoy pasando. Porque yo escogí esta vida yo sabía que sería difícil, estaba consciente de los riesgos que implicaba sin embargo yo la acepte. Ahora, estoy aquí quizás solo esperando mi muerte y lamentando algunas cosas, queriendo de repente regresar el tiempo para corregir errores o para volver a cometerlos no lo se, ni siquiera se realmente que será de mi.

Sin embargo hoy por hoy doy gracias a Dios porque siempre cuido de mi y me dejó terminar y volver de cada unos de mis viajes, en el camino perdí muchos amigos, el convoy se fue haciendo más pequeño, la carretera es generosa te da a ganar pero cuando te quita, te quita hasta la vida.

Ese es el mayor riesgo que hay que tomar por vivir esta gran pasión, siempre habra un precio que hay que pagar y la mayoría de las veces ese precio es muy alto, ahora lo puedo entender, espero que mi familia algún día también entienda y me perdone, por todas esas veces que falte, por todas las veces que falle, pero sobre todo por llevar en las venas y en el corazón la pasión por un camion, por ese montón de hierros que fué ambien mi otro gran amor, espero me perdonen…. por ser un camionero.

Publicado con autorización del grupo Camioneros de Miami

Foto de archivo

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