El camión no entiende de banderas. «El camionero en ruta». Opinión

El camión no entiende de banderas

El camión no entiende de banderas, no sabe nada de política, no entra en discusiones ni enfrentamientos de identidades ideológicas de uno u otro bando, no sabe nada de sexos ni de orientaciones identitarias, desconoce las fronteras, no se enfrenta a nadie, más que al viento, la lluvia, el Sol o la nieve que le dan de frente o de costado cuando viaja por las carreteras.

Lo digo, porque se avecina un mes caliente en el transporte de mercancías por carretera, con un paro patronal del sector que ha dicho no a las propuestas que le ha presentado el Gobierno para negociar la desconvocatoria de los días 20, 21 y 22 de diciembre, un paro del que el  CNTC avisa que  puede convertirse en indefinido. Un mes de diciembre con una convocatoria de huelga por parte de los conductores asalariados de la Comunidad Autónoma de Murcia desde el 23 de diciembre hasta el 2 de enero, por la falta de acuerdo en la negociación del convenio colectivo, junto a la velada amenaza del sindicato CC.OO. de defender los derechos laborales de los conductores a nivel nacional.

Y el camión ¿Por qué es ajeno a todo lo anterior? Es ajeno porque si nos paramos un momento a reflexionar, nos daremos cuenta que es el protagonista principal de esta cadena, sin el camión el resto no tiene nada que hacer, porque, les guste a algunos más que a otros, el transporte de mercancías por carretera es una cadena en el que cada uno tiene su parte muy importante.

La patronal del transporte ha convocado un paro legal, porque está en su derecho de decirle al Gobierno que le preste atención a sus problemas, justos o no, provocados a lo largo de los años por la patronal por su propias ambiciones, pero están como están, inmersos en esta vorágine de selva cruel en el que se ha convertido el transporte de mercancías por carretera en Europa, entrando las propias empresas en el juego-trampa de la deslocalización, las empresas buzón con sedes en países con menor carga fiscal y en la guerra salvaje de la competencia arrasando el mercado tirando precios con tal de no hacer retornos vacíos.

Ahora, con el agua al cuello por la crisis pandémica, la competencia feroz de un mercado liberalizado y todo lo demás, piden amparo al Gobierno forzándolo a negociar con un resultado que ya veremos si no se queda en «papel mojado», como las anteriores negociaciones. Ya se sabe que son muy dados a traicionarse entre ellos por muy unidos que estén, aparentemente, en sus asociaciones.

La otra parte de la cadena, la de los asalariados, la verdad es que parece que algo se mueve, ya hay, al menos, quienes se van dando cuenta de que la única forma de conseguir sus demandas laborales y sociales, es cumplir la ley y convocar huelgas por medio de los sindicatos. No por las redes sociales que parecen un muro de lamentaciones que da auténtica pena, con desnortados que se creen que con convocar una «huelga» en Facebook, insultando a los sindicatos legales y despotricando contra la patronal, ya van a parar el país.

Una muestra más de la supina ignorancia de muchas personas que forman parte del sector, que se solucionaría si se gastaran el importe de una cerveza en comprarse el Estatuto de los Trabajadores y leerlo. Porque, nos gusten o no, las leyes están para cumplirlas y solo se pueden cambiar en una democracia eligiendo a las personas dispuestas a ese cambio, porque en una dictadura se cumplen, nos gusten o no.

Por lo que, a esas personas que no les gusta el comportamiento de los sindicatos, la única forma de conseguir que les defiendan en sus derechos es afilándose masivamente a ellos y sacar de los puestos a sus dirigentes o constituyendo sindicatos legales, como ya han hecho otros sectores, para participar en las elecciones sindicales entrando en los comités de las empresas.

Porque lo único que consiguen con su comportamiento en las redes sociales, es incrementar su cabreo y desprestigiarse ellos mismos con sus comentarios. Que uno se pregunta muchas veces si después de hacerlos, se paran dos minutos a pensar en lo que han escrito, porque dan vergüenza ajena y son una clara muestra de su ignorancia suprema. Sobre todo desde perfiles falsos animando a los desnortados a movilizarse, pero que lo hagan otros, que ellos ya se sumarán al carro en caso de éxito, pero serán los primeros en burlarse públicamente de ellos si fracasan.

Asi que en estas estamos, mientras el camión no entiende de banderas, se está creando una alarma a la sociedad ante un posible desabastecimiento, mientras sesudos analistas que confunden un carretillo de obra con el camión, debaten sin tener la menor idea de lo que es pasar meses y años recorriendo carreteras en una cabina, durmiendo con un ojo abierto ante posibles robos, sintiendo en sus propias narices el desprecio de carretilleros, encargados y jefes amargados, mientras a esa sociedad lo unico que le preocupa es que no falte de nada en las estanterías y que le llegue en 24 horas el último modelo de teléfono móvil. 

Porque dá la sensación de que se quieren politizar los problemas del sector, hasta el punto de intentar un cambio de gobierno, como si los problemas endémicos del sector se fueran a solucionar por arte de magia con unos gobernantes de otro color político, cuando son principalmente problemas de negociaciones entre partes interesadas porque la reglamentación del sector es principalmente competencia de la Union Europea que, por cierto, apoya los acuerdos entre los sectores económicos implicados.

¿Soluciones? Cada cual sabe las suyas, la patronal y los trabajadores, pero los unos sin los otros no pueden conseguir que ese camión funcione, sea rentable para su propietario para poder pagar un salario justo y dar el servicio que de él se espera. Las empresas se tienen para que dejen beneficios y los camioneros tienen que ganar un salario acorde con su trabajo y tener una vida laboral y social adecuada.

Pero que nadie olvide que es muy cierto eso de: «Si el camión se para el país también se para». Aunque, como siempre, no nos olvidemos que esto es España, un país en el que nos gusta mirarnos el ombligo y ver la paja en el ojo ajeno y no apreciar el árbol en el nuestro, nos guste o no.

Como siempre,¡¡¡Buena ruta, tanto en la carretera como en la vida!!!.

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Foto de archivo

 

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