Dr. Jekyll and Mr. Hyde opinión de José Carlos López Jato, Vicepresidente de Fetransa

Dr. Jekyll and Mr. Hyde opinión de José Carlos López Jato, Vicepresidente de Fetransa

Uno no sabe qué pensar acerca de las declaraciones a las que nos tiene acostumbrados nuestros responsables, no tanto políticos como titulares de negociados de una gran importancia para la sociedad en general y para el transporte en particular.

En muchos casos, más parecen declaraciones encaminadas a sumarse a la “ola”, sea esta la que sea, que la consecuencia de un análisis serio de los problemas. Eso sí, como el poner al transporte de mercancías en la picota suena bien y te hace aparecer como el guardián de todas las esencias -entre ellas la seguridad vial y el medio ambiente-, muchas de ellas no hacen sino insinuar que nosotros somos los causantes de todos los males, pasados, presentes y futuros, incluida la pérdida de las últimas colonias.

El último en sumarse a esta moda ha sido el director general de Tráfico, Pere Navarro. En concreto ha venido a decir que, por razones de seguridad vial y medioambientales, lo razonable sería “sacar” camiones de la carretera y desviar tráficos al ferrocarril. Esta persona es la misma que apoyará un cambio normativo para aumentar la capacidad de carga de los vehículos a 44 Tm, elevar la altura de la carga a 4,5 metros y avalar el dúo trailer, conjunto de vehículos de 30 metros de largura y 70 tm de MMA.

No tiene tan claro el ferrocarril que esas medidas vayan a contribuir al desvío de los tráficos a este medio de transporte, y no hace falta ser muy listo para deducir que, a mayor capacidad de carga, el transporte se abaratará; y por lo tanto, si ya no tienen la menor posibilidad de competir en el momento actual si no es a base de subvenciones, lo más seguro es que más tráficos se desvíen a la carretera. Si encima se autorizan los 4,5 metros de altura, la intermodalidad se verá más comprometida, por los menores gálibos que presenta el ferrocarril.

“Un camionero mató a mi marido y se dio a la fuga”. Esta, que no es sino una declaración de una mujer desesperada, es parte de una campaña de la DGT que apuntó directamente contra los conductores de camión. Entendemos que el resultado habrá merecido la pena, es decir, haber criminalizado a todo un colectivo habrá salvado vidas, en caso contrario. Bien, pues ahora parece ser que, si se circula más cargado, a más altura o con vehículos que casi pueden doblar la MMA autorizada y la largura de los habituales, esto no influirá en la seguridad vial.

Los transportistas no respiramos un aire diferente al de las demás personas, tampoco estamos compuestos por una materia que nos haga invulnerables a los accidentes, por lo tanto, nos afecta la cuestión medioambiental y nos afecta la seguridad vial. En este debate, lo que no se dice es que se pretende dar respuesta a las demandas de los cargadores, a los que, dicho sea de paso, les importa un pito el medioambiente en tanto en cuanto sus costes se abaraten.

¿Por qué los cargadores, rallando en la obsesión, quieren a toda costa que se aumenten las masas y dimensiones máximas? Muy sencillo, porque están convencidos que los transportistas llevaremos más mercancía por el mismo precio. ¿Por qué los cargadores no quieren promocionar más la intermodalidad? También pregunta sencilla de responder, porque a la larga les es más cara dado que el ferrocarril ni está ni se le espera en el mundo que se dibuja, ni tan siquiera con subvenciones o penalizaciones al transporte por carretera.

Para que el ferrocarril pueda asumir otro papel diferente, es necesario un cambio de paradigma en la sociedad, que debería dejar de consumir como si no fuera a haber un mañana y debería de estar dispuesta a asumir un incremento de costes de los productos y un consumo selectivo y racional de los mismos. Es decir, nada de lo compro hoy y lo consumo mañana, y nada de comprar lo que resulte superfluo. Ni los más significados “verdes” están dispuestos a ello.

El transporte por carretera no es un fin en sí mismo, sino que es la respuesta a las demandas de la sociedad. Mientras la sociedad no cambie, el transporte permanecerá. Si los vehículos cargan más, serán más inseguros y aumentará el riesgo de accidentes; conducir un vehículo cargado con 30, 35, 40 ó 50 toneladas, a una altura de 4,5 metros, supone un desafío que no está al alcance de cualquiera, tampoco lo está conducir un vehículo que mida 30 metros de largo. Por otra parte, si se desplazan estos tráficos a la carretera aumentarán las emisiones contaminantes, ya que, en términos absolutos, estos vehículos consumen más y contaminan más. Es seguro que estos tráficos se desplazarán del ferrocarril a la carretera, bien lo saben los cargadores, que de esta manera se aseguran un transporte más barato y, por lo tanto, un margen de beneficio mayor al que ya tienen. ¡Qué listos son!

Mientras tanto, ante la sociedad, los transportistas seguiremos pasando por unos seres siniestros, empeñados en contaminar y en cargarnos al resto de los usuarios, a semejanza de los “smoker” en la distopía de waterworld.

Foto de archivo

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