Ser legal no es rentable. «Camionero García». Opinión

Ser legal no es rentable. La opinión "Camionero García".

Lo que debiera ser una máxima para nuestro sector, es más bien un síntoma de falta de valentía a la hora de atreverse a trabajar en las circunstancias actualesAjustar o bajar precios en las tarifas del transporte de mercancías por carretera es una cosa habitual últimamente, aunque nos vendan la moto del alza de precios según el baremo de costes del MITMA o por la demanda de servicios.

Podríamos preguntar a cuantas empresas les suben los portes cada vez que sube el precio del combustible y nos daremos cuenta como los ingresos merman cada año por esta y otras cuestiones. Algunas empresas, al menos, tienen una revisión gracias a los acuerdos por la indexación, que tampoco es la panacea, porque los precios fluctúan en función de los precios del gasoil, sin tener en cuenta otros, como precio de la hora del taller, peajes o salarios.

Parece ser que para competir en este sector hay que estar al menos un poquito fuera de la ley, o dicho con otras palabras, ser legal no es rentable.

En la mayoría de los casos, el precio del servicio que vamos a realizar lo pone el cliente. Algo totalmente absurdo y que se comprende con la atomización del sector, cuantos más camiones, mayor oferta de servicio, precios más competitivos y mayor precariedad para el sector. Hasta donde yo sé, trabajar por debajo de coste comprende trabajar en competencia desleal.

Pero trabajar por debajo de coste y tener beneficio es imposible si no se tienen en cuenta otros aspectos y ahí entran factores que están fuera de la ley y a mi humilde entender, lo más triste es el aspecto laboral y la situación de los conductores.

Por lo general, el conductor asalariado de un camión de transporte de mercancías no cobra al 100% lo firmado en el convenio que le ampara, siempre se aplican subterfugios para no hacer frente a la responsabilidad y obligatoriedad que tienen las empresas a la hora de contratar conductores. Esta es una forma de trabajar por debajo del coste que está poniendo en jaque el futuro del sector.

Sobrepasar los tiempos de conducción o minorar los descansos, tratando de jugar a la ruleta rusa de evitar las tan temidas inspecciones a sabiendas, hoy en día, que una serie de infracciones puede acarrear la pérdida de la honorabilidad, es una mala costumbre que parece ser está bien visto entre los valientes del sector.

En mi humilde opinión hace falta una reestructuración del sector y una aplicación de las normas más severas con un plan de inspecciones continuo en el tiempo que permita sacar del sector al delincuente que trabaja en la impunidad más absoluta, sin miedo a responsabilidades penales. Imponer una tripartita que permita poner en valor al sector por encima de los cargadores que, en la actualidad, son los que desde la sombra dirigen el futuro de las empresas del sector y a los que les viene muy bien mantener el sistema de libre competencia con diferencias fiscales y laborales en la Europa comunitaria, porque el dumping social es otra forma de trabajar por debajo de coste y raya la ilegalidad.

Podríamos hablar de muchas ilegalidades que se cometen para conseguir unos euros más en la cuenta de resultados, la falta de mantenimiento, ruedas al punto de reventar, seguros con escasa protección, impagos a proveedores o salarios, manipulaciones del tacógrafo o del sistema del AdBlue, etc.

Son muy pocas las empresas que cumplen al 100% con la legalidad vigente, el resto asumen esta forma de trabajar. Unas porque entienden que el mercado se regula de esta manera, otras porque su cliente se lo impone para competir en su mercado y casi todas están sometidas a la imposición de sus clientes en horarios, precios y forma de pago.

Pudiera parecer que el sector es una gran ONG al servicio de la sociedad y que es un sector sin ánimo de lucro, pero no es así. Hay cifras millonarias en los beneficios de algunas empresas y lo son porque a sus colaboradores y trabajadores se les trata de una forma precaria económicamente, todo ello con el beneplácito de las instituciones correspondientes que ni legislan en una realidad cambiante ni se atreven a inspeccionar y sancionar como se merece este sistema de trabajo y trato que se da a los conductores profesionales, ya sean autónomos o asalariados.

Pero recordad que para que todo esto ocurra tiene que haber un cómplice necesario y este no es otro, que el propio profesional. No se si por falta de formación, que sí, o por falta de aptitud, a pesar de tener todos un carnecito que dice CAP en letras mayúsculas. Para hacérselo mirar.

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