Meando en una botella (2ª parte). «Camionero García». Opinión

Meando en una botella (2ª parte). "Camionero García". Opinión

Uno no puede abstraerse de lo que ocurre en las redes sociales y es curioso como se puede uno autoproclamar defensor y poseedor de la verdad absoluta en esto del transporte por carretera. Sobre todo, cuando se trata del respeto que merece o no el sector.

Creo que el respeto hay que ganarlo cada día y para ser merecedor de ello, tenemos que ser muy respetuosos entre nosotros, con el resto de la sociedad y con el entorno.

Son infinidad las situaciones irrespetuosas entre nosotros mismos, pero cuando uno exige respeto por parte del entorno y quiero decir con entorno, los lugares donde solemos estar, ya sean lugares de carga o descarga, aparcamientos o lugares de descanso, son también muchas las situaciones que se dan y es quizás por eso que no se permite el acceso a aseos, a instalaciones, almacenes o salas de espera.

Todos hemos visto en los servicios, puertas pintadas, sin el difusor de la ducha, robos de papel higiénico, defecar en el plato de la ducha, subirse en cuclillas encima de la taza y no limpiar o usar la escobilla, o limpiarse con el dedo y dejar la pared hecha unos zorros.

En las zonas de descanso es muy habitual hacerlo debajo del remolque o al lado del camión, tirar los desechos en cualquier sitio y mear en la rueda del compañero sin importarnos que después de nosotros llegarán otros, y aquí, quiero contar una pequeña experiencia. Cierto día en una autopista portuguesa, en el aparcamiento y frente a los baños, llega un camionero español con un gran nombre en el frente. No se me olvidará nunca, decía: “EL MARQUÉS”. Pues al caso, había más distancia de la cabina a los ejes del semi que a los baños y el buen señor orinó en las ruedas del semirremolque. Como decía mi padre, por los hechos les conoceréis.

Hay muchas situaciones de falta de respeto. El lenguaje también lo es y la educación muchas veces brilla por su ausencia, y lo es para con nosotros mismos, porque no hay cosa más simple, agradecida y respetuosa que a uno le respondan con los buenos días, cuando los das al entrar a desayunar.

No se puede negar que existen situaciones de maltrato hacia los conductores, muchas veces, como he dicho otras ocasiones desde el propio sector y de esto solo es culpable el que deja pisotear su propia dignidad. Una falta de respeto es la incomprensible situación de saltarse la legalidad salarial u horaria en las jornadas laborales, de las que muchas veces se es cómplice necesario, por es quien incurre físicamente en esas ilegalidades.

Porque es cierto que, cuando uno no se respeta a sí mismo y no pone límite a los abusos, tiene la tendencia de reflejar esos abusos y faltas de respeto allí donde pueda, justificando así, el maltrato que uno mismo recibe.

No podemos ser el espejo de quien nos maltrata, sino el ejemplo del buen hacer, para con nosotros mismos, para nuestros compañeros y para con el resto de personas y cosas con las que nos relacionamos. Por eso somos profesionales.

Para quien se pueda ofender, le ofrezco una buena reflexión.

No hay peor imagen para el sector, ni cosa más sucia, más desagradable y que pone en solfa a todo el sector, siendo una minoría quien lo hace, aunque no lo parezca, que orinar en una botella y tirarla en cualquier curva, cuneta, aparcamiento o sobre los poste de pago en los peajes. ¿Tal es el veneno que tiene la orina de uno mismo, que no la puede vaciar en la tierra y lavar esa botella con un poquito de agua antes de ponerla en el contenedor correspondiente?. Pues eso.

Este ejemplo tan habitual y visible en nuestras rutas dice mucho de cuál es nuestra conducta, cuál es nuestra imagen y nuestra incapacidad para conciliar de una manera empática con el entorno.

Termino. Creo que estamos recibiendo el trato que merecemos en contraprestación al que damos y lo peor de todo esto es que alguno tiene aún el descaro de permitirse prejuzgar cuando uno denuncia que dentro del sector hay motivos para pensar que una minoría ensucia tan buena labor. Pues bien, salir en defensa de algunas actuaciones que son denigrantes para el sector o justifican la competencia desleal, es de tener una baja catadura moral y así nos va.

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