¡Bienvenida la movilidad!. «Camionero García». Opinión

¡Bienvenida la movilidad!. "Camionero García".

Parece que ha vuelto la movilidad y las carreteras se han vuelto a llenar de automóviles y por tanto de personas, que deseosas de salir a la playa, a su segunda residencia o por el simple hecho de conectarse de nuevo a su vida anterior a la pandemia.

Para nosotros pudiera parecer que regresan los problemas, pero nada más lejos de la realidad, después del esfuerzo realizado por el transporte y sus gentes, sacando lo mejor de sí, para que no se quedara una estantería vacía, o una empresa sin suministros, hoy también nos alegramos de que las carreteras se llenen de coches llenos de gente que den vida a las áreas de servicio y vuelva el dinero a correr. Y en ese correr del dinero también el transporte por carretera se beneficiará por el crecimiento del consumo.

Sabemos que algunos endiosados, necesitan una carretera de doble carril en cada sentido para ellos solos y gratis, ahora que en el candelero está el cobro por uso. Y que los restaurantes y áreas de servicio estén así, a su servicio, como si de ellos dependieran los beneficios de dichos servicios, que visto lo visto y como se tira de cajón, más bien son unos “OKUPAS” de estacionamiento que unos verdaderos clientes.

Muchos de nosotros, pero muchos, nos alegramos de la vuelta a la normalidad, siempre bien entendida y respetando las normas de seguridad establecidas por las autoridades sanitarias. Nos alegramos, porque es necesario que se mueva el dinero para dinamizar la economía y porque va a hacer falta mucha actividad para salir del agujero pandémico que colapsó la economía mundial, a pesar de que algunos, no vean más allá de la piel de toro, demostrando así su patético discurso paleto y poco realista. Más bien basado en su análisis corto de miras e interesado en un nacionalismo exacerbado que se aleja de la realidad global de los problemas actuales.

Que sí, que cada uno es libre de pensar lo que quiera y como quiera, pero que cada uno es dueño de su verdad, pero que no es más que eso, su verdad y en esa creencia está la versión heroica de gentes que no se sienten héroes sino trabajadores aceptando su responsabilidad, que no hemos hecho más que otros colectivos que sí se merecen el aplauso de las veinte horas, en cada tarde del confinamiento.

Un poquito de humildad no nos vendría mal y un poquito de empatía con quien comparte carretera con nosotros, porque sino estoy equivocado los profesionales somos nosotros y por tanto los que tenemos que demostrar nuestra experiencia y nuestro saber hacer.

Que todo el que sale a la carretera quiere regresar sano y salvo y también nosotros debemos poner ese granito de arena para que eso ocurra. Por eso nuestro comportamiento en la carretera es un ejemplo para todos los automovilistas y no va a ser ni la primera vez ni la última en que un camionero demuestre su solidaridad y ayuda a quien pudiera tener un problema en carretera y tampoco va a ser ni la primera ni la última vez que los automovilistas en su mayoría reconozcan nuestra disposición a ayudar y a reconocer nuestra profesionalidad.

Pero claro, como no hay más ciego que el que no quiere ver, siempre habrá quien se marque su minuto de cabreo y lo publique por las redes, pero no se sí, por una “putada” puntual que le haya hecho algún turista despistado o por ganar “likes” en la nueva red de moda en TIK TOK.

Es cosa de las nuevas tecnologías y la digitalización.

Como todos sabemos, cuando uno se baja de la cabina, la realidad cambia sustancialmente y pasamos de ser un gigante poderoso a ser un ser insignificante que muchas veces da consejos que para él mismo no toma.

¡Bienvenida sea la movilidad!, la vuelta a los atascos, la economía de consumo y los puestos de trabajo. Porque para juzgar hay que ser justo y no es de justicia cargar sobre los demás nuestras carencias y nuestra falta de valentía para llevar nuestro oficio a la dignidad que se merece, por eso la máxima de: “vive y deja vivir” viene muy bien a colación en este caso, porque sin nosotros ellos no son, pero nosotros sin ellos tampoco.

Uno se siente feliz de avanzar hacia la normalidad después de lo soportado y lo que menos le apetece a uno es ese discurso patético y negativo de señalar al otro con nuestra incapacidad.

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Foto de archivo

 

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