Los efectos secundarios de la pandemia. "El camionero en ruta". Opinión

Los efectos secundarios de la pandemia. «El camionero en ruta». Opinión

Los efectos secundarios de la pandemia

Desde que en marzo del año pasado tuviéramos un conocimiento más cercano de la maldita pandemia del coronavirus, el confinamiento unido al Estado de Alarma decretado el 14 de ese mes, todo lo transcurrido desde entonces hasta la actualidad, y lo que nos queda, no he dejado de sorprenderme cada dia de, lo que yo denomino: «Los efectos secundarios de la pandemia», pero no en la salud, sino en las mentes de los y las habitantes de este país nuestro.

No deja de sorprenderme cómo, esta situación anómala está sacando lo mejor y lo peor del estado emocional y psicológico de todas y todos, capaces de lo mejor y, al mismo tiempo de lo peor. Pero no se trata de hacer aquí un estudio sociológico, no, que este medio que me permite expresarme, está especializado en la información sobre el transporte, así que allá voy.

Desde que comenzó la pandemia a azotar a la sociedad con el primer Estado de Alarma, pudimos ver en los primeros días como los camioneros y camioneras eran vistos como apestados, víctimas del pánico generalizado, cerrandoles los primeros días bares, gasolineras, restaurantes y áreas de servicio; para pasar posteriormente a ser considerados «héroes», puede que en menor medida social que al resto de profesionales, sanitarios, Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, servicios de emergencia y demás….

Pero los y las profesionales del transporte de mercancías por carretera y de viajeros, no piden tampoco demasiadas medallas, se conforman con el reconocimiento a su trabajo, de que se tenga en cuenta que ponen en riesgo sus propias vidas para que a esta sociedad de las prisas y la inmediatez no le falte de nada, que los y las españolas puedan llegar a sus trabajos en los transportes públicos en autobús y demás.

Aunque como en toda crisis, sea económica o sanitaria como esta, siempre hay daños colaterales, graves en este caso, de pérdidas de empleo, de malditos ETEs, de futuro incierto y pesimismo, sobre todo para los compañeros y compañeras que trabajan en el transporte público de viajeros, al volante de autobuses y autocares. Esas personas que, en su trabajo diario tienen que aguantar de todo a los «descerebrados» que sacan lo peor de ellos mismos, comportándose fuera de casa como bestias, soltando todas sus frustraciones y traumas, creyéndose en posesión de todos los derechos y ninguna obligación, simplemente por utilizar un servicio público de viajeros.

Tres cuartos de lo mismo, ocurre o casi, con los camioneros y transportistas.

Imprescindibles para la sociedad para todo, tal y como se ha demostrado esta semana con la famosa borrasca «Filomena»; pero tranquilos y tranquilas que, en apenas dos meses y medio llega la Semana Santa, y volveremos a ver lo de siempre, por mucho confinamiento que haya -esperemos que termine pronto-; volveremos a ver como se les aparca en cualquier sitio, como apestados, para que las mismas personas que esta semana reclamaban camiones que llenaran de mercancías las estanterías de los supermercados, les llamarán de todo porque les estorban en autopistas, autovías y carreteras, para llegar los primeros a la playa, a destrozar y llenar de basura montes y montañas o para retornar a esos pueblos que, antes de esta maldita pandemia, les olían a caca de vaca, con moscas y mosquitos pero que, ahora se han convertido en la paz y el sosiego de los y las gilipollas influencers de ultima generación capaces de hacer tres horas de vídeos sobre «El desarrollo del almendruco salvaje y su influencia en el índice Dow Jones».

Abanderados en su viaje por un Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, junto con el Ministerio del Interior, vía Dirección General de Tráfico, que dicta las restricciones de camiones, sin la mínima humanidad, violando permanentemente los derechos constitucionales y civiles de los camioneros y camioneras, que también son españoles y tienen, por tanto, derecho al ejercicio libre de su trabajo y de libre circulación. Todo ello para que los y las del párrafo anterior hagan lo que hacen, pero no solo ellos y ellas, también, y mucho más los políticos y gobernantes. Esos absolutos ignorantes que deberían pasar, al menos, un año subidos en un camión, cargando y descargando, estibando las mercancías, aguantando jefes prepotentes, carretilleros amargados, encargados inútiles que no valen más que para tocar las narices y aguantar las broncas que deberían soportar sus jefes, y demás fauna.

Lo que demuestra claramente, que de esta maldita pandemia no hemos aprendido nada, es más, no ha aprendido nada esta sociedad de prisas y del «todo para ya mismo», a pesar que a la hora de contagiar y llevarse al otro mundo a las personas, no distingue de razas, sexos, posición social, ni fortunas, aunque castigue, como siempre, más duramente a los y las más débiles. Repitiendo la historia, con aquello de: «Las guerras las declaran los generales y las ganan y pierden los soldados arriesgando sus vidas, mientras el mando militar se lleva las medallas«.

En fin, seguramente este tema daría para mas artículos. Como siempre. ¡¡¡¡BUENA RUTA EN LA VIDA Y EN LAS CARRETERAS!!!!. 

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Foto: Archivo

 

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