Más allá de las normas. "Camionero García". Opinión

Más allá de las normas. «Camionero García». Opinión

Más allá de las normas

Desde que uno se inició en este mundo del transporte he oído que para ganar dinero hay que sobrepasar la legalidad, este es un mantra que se perpetúa hasta la actualidad y que se dá por bueno y necesario. Es el lenguaje del sector, un lenguaje negativo que perjudica gravemente al transporte de mercancías por carretera.

De todos son conocidas las quejas por el exceso de normativa que rodea al sector del transporte, una normativa que más que regular al sector, lo intenta porque no consigue una armonización real en la fiscalidad, ni de los costes salariales, ni de los costes de explotación; haciendo de esta actividad «una jungla» donde te pueden eliminar trabajando a pérdidas con el único fin acaparar un trabajo que a uno se le diluye entre los dedos de las manos.

Esta forma de trabajar hace que para conseguir cumplir con los compromisos, haya que incumplir la Normativa de tiempos de conducción y descanso o alterar y manipular dispositivos de control del camión y que falsean las jornadas de trabajo o los descansos del conductor o la velocidad del camión. Todas ellas poniendo en riesgo su propia seguridad y la del resto de usuarios de la carretera.

Todo esto no es nada nuevo y lo saco a colación porque el nuevo Paquete de Movilidad, ese que iba a traer la solución a los problemas del dumping social, se está diluyendo como un azucarillo en el café.

La Comisión Europea ya ha tenido que aclarar varios aspectos de dicho paquete, porque parece que no está muy claro cómo ejecutar con certeza algunos aspectos de los artículos modificados del Reglamento 561/2006, además del proceso que se ha abierto con el recurso de algunos países del Este que ya veremos como acaba.

Mientras tanto, seguimos leyendo como se inspecciona y se hallan manipulaciones del tacógrafo, exceso de horas de conducción bisemanal, duplicidad de tarjetas de conductor, etc..; cuando no, contrabando de sustancias o materiales, robos de camiones y mercancías o peor aún, conductores drogados o alcoholizados, creando una imagen negativa del sector.

Un sector que pide trabajar más por menos y esa es una situación que se dá; no sé si por ignorancia o por incapacidad de repercutir esos costes reales al precio de los viajes. Si fuera por ignorancia habría que achacar la responsabilidad a la falta de formación o el nefasto resultado que da la actual formación a la que muchos llaman “saca perras”. Si es por incapacidad de repercutir los costes, habrá que decir que los empresarios son malos gestores y que no son capaces de llevar su empresa a beneficios, cumpliendo con la legalidad vigente.

Debemos cambiar ese lenguaje que oprime y comprime al sector, porque si se quiere un futuro esperanzador para el transporte, pasa por darle una imagen amable con sus trabajadores, que interioricen que para ganar un sueldo digno no hace falta poner en peligro su integridad ni la de terceros, cumpliendo con la legalidad laboral vigente. El empresariado del sector está viciado en acaparar trabajo en precarias condiciones y está condenando al sector a la semiesclavitud de sus conductores y esto debe cambiar radicalmente; hasta ahora toda la normativa vigente no ha bastado para ese cambio.

Lo que se puede observar es cómo los trabajadores del sector ven en la norma algo negativo, cuando realmente son dichas normas las que ponen coto a los abusos y a los excesos que se dan en el sector y que están bien vistos tanto por los autónomos como por los propios conductores asalariados, y a ello me remito por la aceptación y no negación cuando se abusa de sus funciones. Tanto es así que aquellos que tienen la obligación de hacer cumplir las normas se ven maltratados por los transportistas, como se puede observar en muchos comentarios de bar y red social, tildando a las policías correspondientes como recaudadores de impuestos o peor aún, como asaltadores de caminos.

Aún siendo una minoría, estas cuestiones deben ser condenadas, porque hay otra parte que piensa igual y con ellos puede más el miedo por falta de liquidez para responder a las sanciones y esto es así, Vemos las infracciones en forma de multa económica, pero lo que no vemos es lo que pueden producir esas infracciones graves es el accidente con daños irreparables que pueden afectar a la familia de uno y lo peor a la de terceros, que no tienen culpa alguna de una situación que tiene solución.

La pregunta es: ¿Salgo a trabajar, a delinquir, a jugarme la cárcel o la vida? No es cuestión de dramatizar, es cuestión de racionalizar el trabajo y hacerlo digno.

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Foto: Archivo Diario de Transporte

 

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