La autoescuela digital: un modelo que se afianza durante la pandemia

La autoescuela digital: un modelo que se afianza durante la pandemia

La autoescuela digital: un modelo que se afianza durante la pandemia

Miguel González-Gallarza. CEO de Onroad

La pandemia ha puesto en evidencia un sector que ha vivido siempre al margen de la actualidad, siendo un servicio que casi todos (por no decir todos) hemos necesitado en un momento de nuestras vidas.

Con el confinamiento, se acabaron las clases presenciales en las autoescuelas, lo que ha puesto de manifiesto la ineficiencia de las mismas, más aún cuando la CNMC ha manifestado que la educación vial no requiere de presencialidad. Esto se ha traducido en un incremento de las matrículas en autoescuelas digitales.

Desde el principio de la pandemia, las autoescuelas han vivido un crecimiento mensual del 20%, llegando a copar un 10% del mercado de la formación vial en el año tan complicado que hemos vivido.

Una digitalización sin vuelta atrás

Si algo ha demostrado la pandemia, es que la educación vial no tiene por qué ser presencial. La teórica se puede hacer 100% online. Para ello, la autoescuela digital reduce el tiempo de desplazamientos, evita tener que pagar gastos de gestión innecesarios, permite una educación individualizada ,-al ritmo del alumno y no de la clase-, sin escatimar en el seguimiento pedagógico por parte de profesores de formación vial.

Para la parte práctica, plataformas online como la de Onroad permiten poner en contacto de forma directa profesor y alumno, no limitando geográficamente la oferta a los lugares en los que existe una autoescuela, y permitiendo a la España vacía tener un servicio que, de otra forma, sería impensable (no se puede poner una autoescuela en cada pueblecito de España).

Si la educación vial no requiere de presencialidad, ¿Para qué están las autoescuelas físicas? Curiosamente en España, el Reglamento de Autoescuelas (y a pesar de ir contra de la legislación europea, en concreto la Directiva de Servicios), es obligatorio tener un local en cada provincia en la que quieras dar clases prácticas a alumnos, algo que ha sido tácitamente derogado por una normativa de rango legal posterior. El abogado Miguel Temboury Redondo ,-ex Subsecretario del Ministerio de Economía y Competitividad-,  ha realizado un informe exhaustivo al respecto.

Con todo, se debe considerar ilegal obligar a las autoescuelas a abrir un local físico en cada provincia para poder dar clases prácticas. Además, para abrir una autoescuela te ponen tantas trabas (que se incrementan hasta el infinito cuando se trata de poner en diálogo a las diferentes Jefaturas Provinciales de Tráfico y servicios autonómicos) y alargan tanto los plazos, que el empresario pierde una ingente cantidad de tiempo y dinero en este proceso. Simplemente desplazando el control del local a la figura del profesor, la DGT podría permitir el desarrollo de un modelo viable de autoescuelas sin perder un ápice de control sobre la calidad formativa.

En cuanto a calidad formativa, los grandes perjudicados de esta situación han sido los profesores. La mayoría de ellos están contratados por menos horas de las que realmente trabajan (gran parte de su salario es en B) por lo que, a la hora de verse afectados por ERTEs, solo han podido recibir prestación por la parte de su salario en A, llevando a la ruina a miles de profesores.

La falta de digitalización de la DGT pone también en evidencia la doble cara de la misma; por un lado, su digitalización respecto a penalizar la infracciones de tráfico es de las mejores de Europa; es un canal de recaudación de impuestos de los más sofisticado. Sin embargo, esa misma digitalización no se produce en la enseñanza vial, que queda en manos de un grupo de interés que campa a sus anchas y actúa de forma muy poco transparente, de lo que se deduce que se digitaliza para recaudar, no para formar.

Como es realmente la CNAE quien organiza todo lo que tiene que ver con la educación vial, la DGT está cayendo en una trampa de “captura regulatoria”, en la cual la propia regulación está ahogando las fuerzas vivas del sector por preservar el estatus quo defendido por un sector tradicional cada vez menos representativo.

A modo de ejemplo, sirva situación de discriminación de los alumnos que sufren los candidatos por libre, a los que apenas se les da fechas de exámenes ya que no suponen ningún tipo de ingreso para las autoescuelas, al limitarse a pagar únicamente las tasas de exámenes y no todas las tasas que imponen las autoescuelas para sufragar su mantenimiento.

Autor: Miguel González-Gallarza. CEO de Onroad

Foto: Archivo Telemadrid

 

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