Profesionales o ¿Qué?. "Camionero García". Opinión

Profesionales o ¿Qué?. «Camionero García». Opinión

Profesionales o ¿Qué?

De todos es sabido que la profesión de transportista y camionero está muy regulada y normalizada, y es así porque de otra manera no habría horas en el día para trabajar. Es tan grande la avaricia como la ignorancia y este es uno de los problemas que sufre el sector.

Hoy por hoy, para ser conductor profesional te exige pasar una serie de pruebas de aptitud, que en opinión de muchos son un sacaperras pero que profundizando en ellas, son la base para una formación básica adecuada y que si nos preocupamos un poquito, solo un poquito, nos daremos cuenta que son las normas que nos dan derechos a tener una vida más o menos digna dentro de nuestra profesión, aunque quede más bonito parecer ser un fuera de la ley y un apestado.

Para ser empresario en el transporte de mercancías por carretera, hoy por hoy solo hay que cumplir tres normas: poseer la capacitación profesional que se consigue presentándose a un examen, tener una cierta capacidad económica y la tercera se le supone a todo el mundo, la capacidad honorífica. Hasta aquí todo bien, pero la realidad permite otras formas de llegar a ser un gran empresario sin tener ninguna de las tres exigencias.

Que alguien solicite empleo es lo más digno que puede haber, que te pongas en manos de un sinvergüenza se está convirtiendo en habitual, que algunos empresarios dejen las empresas en manos de explotadores y maltratadores, también es verdad; y que todo esto sea por la falta de exigencia a la hora de formarse para ejercer cualquier actividad relativa al sector, es una realidad.

Normalmente, la relación que une a un conductor con su empresa es una relación de confianza, más por parte del conductor que tiene menos información sobre la empresa; y por parte del empresario, lo normal es exagerar la bondad de sus condiciones laborales y salariales, con el típico discurso familiar tan manido e irreal.

Que alguien pueda llamarse empresario cuando su empresa está montada sobre una capacitación ajena, su capacidad económica es la facturación de sus camiones, normalmente financiada mensualmente y que su capacidad honorífica sea la de incumplir sistemáticamente cualquier norma que beneficie a sus conductores, pues de empresario tiene poco y de oportunista mucho y lo es por que se beneficia de esa relación de falsa confianza que dice mantener con sus conductores y por la inseguridad e ignorancia de estos.

No es posible que alguien con la responsabilidad y obligaciones que conlleva tener y mantener una empresa, su único esfuerzo haya sido buscar una falsa cooperativa, para tener X número de camiones y ceder la gestión a la propia cooperativa que, algunas, son de dudosa legalidad y que lo único que pretenden es especular con su trabajo o a una gestoría a la que hace el caso justo a nivel fiscal, porque el laboral brilla por su ausencia. Así se han montado más de una mediana empresa en este nuestro amado país.

Que sigamos dando muestras de la baja preparación que tenemos tanto empresas como conductores en el día a día, dice mucho de nuestra calidad como profesión. He aquí una de las respuestas de porque faltan conductores y sobre todo jóvenes conductores. No hay una formación real y adecuada y tampoco una cualificación que permita ser una profesión atractiva por lo económico y por la conciliación con el tiempo de ocio.

Demasiadas pocas cosas nos pasan si pensamos como es la estructura de nuestro sector, grandes empresas que no son capaces de ser dueñas de su destino y que han dejado su futuro en manos de los cargadores, son más o menos un 18% de la estructura y son las que más conductores tienen en sus nóminas, de los que poco se preocupan para formarlos, para cuidarlos y para respetarlos. Las PYMES y autónomos son el restante 82%. Muchas de estas PYMES hacen lo que pueden y muchas veces mal, no se fijan en la situación de sus conductores, mientras sean rentables, seguirán. Cuando enseñen las uñas, el susodicho empresario enseñara los dientes y ahí termina su relación. Es difícil encontrar antigüedad en los conductores de estas empresas, salvo contadas empresas donde prima una gestión familiar y digna a la del crecimiento a costa de lo que sea.

¿De los autónomos que podemos decir? muchos de ellos no tienen conciencia de empresa, sino de trabajadores por cuenta propia que ponen todo su tiempo y esfuerzo a su cliente, llámese industria, gran empresa, enganche o al libre mercado. Como su actividad es prácticamente la misma que los asalariados, pues piensan que en sus reivindicaciones pueden ir de la mano y esta es la muestra de que no hacen gestión empresarial, solo se dedican a hacer viajes y a llevar sus facturas y recibos a la gestoría, sin más preocupaciones que la de sobrevivir al tiempo.

Yo a esto no lo llamo profesionalidad, ni siquiera le encuentro nombre y se necesita estar preparado para convivir en esta jungla de despropósitos, donde cada cual campa a sus anchas a pesar de tanta regulación y normativa y que lo único que duele son las sanciones económicas. Ya va siendo hora de ejecutar el baremo sancionador y comenzar a retirar la capacidad honorífica a quien no la tiene, sancionar a aquellas empresas que incumplen sistemáticamente muchas de las normas de transporte y las normas laborales, que no son pocas e inspeccionar de manera continua las condiciones en las que tienen a sus trabajadores, que muchas los tienen en situación de cuasi esclavitud. Y si cierran, que cierren, quizás no sean merecedoras de ser empresa con todo lo bueno que su nombre conlleva.

Está claro que muchas cosas son por dejadez y consentimiento de los conductores, pero esto, la inspección de trabajo lo sabe y debería entrar de oficio; así como el Estado o la Comisión Europea debería exigir una mayor formación para crear empresas con trabajadores ajenos, así como terminar con los falsos autónomos.

Pero sí hay una cosas clara, los empresarios con esta forma de actuar, defraudan al Estado y el Estado somos todos y lo consentimos; y los conductores pensando que con sus actitudes engañan a la Guardia Civil, a Hacienda o al Gobierno y lo que sí hacen es engañarse a sí mismos.

Y no hay más ciego que el que no quiere ver.

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