La importancia de ser hospitalarios con el prójimo: "El camionero en ruta". Opinión

La importancia de ser hospitalarios con el prójimo: «El camionero en ruta». Opinión

Ser hospitalarios en el Restaurante El Molino

Sí, de esto se trata, de la importancia de ser hospitalarios con el prójimo, –que nadie lo confunda con acudir a un centro de salud u hospital-, este artículo semanal no va de eso. Va de la noticia que se ha convertido en «trending topic», que dicen ahora esos modernos que parece que se avergüenzan del español, porque lo inglés mola, -que eso sí que dá para un estudio sociológico-. Al grano, popular, muy popular, que es lo correcto.

Me refiero al matrimonio de Felix y su Santa esposa, propietarios de El Restaurante El Molino, en la Nacional I en la localidad burgalesa de Pancorbo. Ese matrimonio que, en plena pandemia, cuando los camioneros éramos los únicos que, a cara descubierta, incierta y sin saber qué pasaría, nos jugábamos la vida, para que no faltara de nada en el país. Sí, los camioneros a los que siempre se despreciaba, a los que menos se ha aplaudido y respetado. A los mismos camioneros que, seguramente alguien estará maldiciendo porque no puede adelantarles.

Ese matrimonio de Félix y su Santa esposa, mujer, compañera, o como cada cual quiera definirles, que cuando nos daban con las puertas en las narices, por el pánico generalizado, se nos cerraban baños y gasolineras cuando aparecía un camionero, que tan solo quería ir al baño, repostar, tomar un café caliente o un poco de conversación, pero no, se nos cerraban las puertas, nos daban la espalda, porque el pánico generalizado nos veía más apestados, desgraciadamente que antes, y seguiamos lamentándonos, pero adelante.

Felix, no dudó lo más mínimo en acercarse a la cabina de un camionero, anónimo como muchos, porque el nombre es lo de menos, lo que importan son los hechos, le llamo para ofrecerle un café caliente, y el compañero vió el Cielo abierto, se le cayeron las lágrimas, no podía creérselo, ¡Por fin alguien no le veía como un apestado!, ¡Por fín alguien le ofrecía un cafe y un poco de conversación!. Pero Felix, que ve al camionero como el profesional que siempre que puede para en los restaurante, al cliente y amigo fiel, que otros despreciaban, fue má allá, le ofreció una ducha caliente a un caballero de la carretera, sudoroso después de días sin ducharse.

Pasaron los días, pero los camioneros somos agradecidos, sabemos apreciar la humanidad y damos gracias siempre, hasta cuando preguntamos por una dirección, aunque, despistados y perdidos estemos al lado del destino, ¿A quién no le ha pasado? Si no fue así y va de «don perfecto», no es camionero. Pero a lo que vamos. Alguien anónimo como el camionero de antes, decidió que había que agradecer aquel gesto a Felix. Apoyar al Restaurante El Molino, además, para mas Inri, castigado a un futuro muy negro, porque el desvío añadido de los camiones a la autopista que corre paralela, se presentaba muy negro para el matrimonio.

¿Eso que importa? Cuando las buenas personas saben que cada día amanece y nunca sabemos qué ocurrirá al anochecer. ¿Qué importa lo material o el miedo al futuro? Importa, y mucho la hospitalidad, importa, ante todo y por encima de todo, ser personas, dejar los egoísmos, la distancia y la desconfianza generalizada al lado, se trata de ser hospitalarios, buenos samaritanos, en toda la extensión de la palabra.

Se trata de volver, todos hemos vuelto un poco o mucho en estos dias, –espero y deseo que no se nos olvide-, a valorar más lo que tenemos, conscientes de que esta maldita pandemia nos pueda tocar, que no distingue entre ricos, pobres, humildes, cínicos, soberbios, prepotentes, iracundos, rencorosos, trabajadores, parados, millonarios y recién nacidos, gobernantes o gobernados, opresores y oprimidos, dictadores y sufridores, políticos, empresarios y despedidos; entre nadie, porque sin respirar nos morimos, que nunca se nos olvide, no volvamos dentro de un año a ser los que éramos en junio de 2019.

Pero Felix no lo dudo, su Santa esposa tampoco. Ahora los medios de comunicación, entre ellos este, en su modesta medida, han contribuido a que aquel gesto no se olvide. A que valoremos más a El Restaurante El Molino en la N I en Pancorbo, que a marcas multinacionales adoradas y consumidas por todos. A valorar más a El Restaurante El Molino, que al mejor de los hoteles de 6 estrellas, si existen. A agradecer a El Restaurante El Molino, a Felix y su Santa esposa, a dos seres humanos, dos personas maravillosas, de las que quedan muy pocas. A valorar a El Restaurante El Molino, más, muchísimo más que cualquier cadena de gasolineras que nos cerró las puertas, por mucho que posteriores campañas de marketing nos quisieran vender lo contrario.

Pero afortunadamente para los camioneros, en esos días, hubo muchos Felix y su Santa señora. Me dice el editor que la redacción estaba desbordada, el telefono no paraba de emitir mensajes de WhatsApp para que añadieran a aquella primera lista de restaurantes a muchos Felix y su Santa señora, que querían ayudar a los camioneros, mientras la Guardia Civil cumpliendo órdenes confusas les obligaba e imponía lo contrario, con amenazas de multas, con la prepotencia ordenada por alguien que ¡Jamás de los jamases! ha pasado tan siquiera un mes en el camion, ni mucho menos tan siquiera un año.

Porque ahora, cuando ya parece que vemos la luz, incierta e insegura, que hemos salido como si hubiéramos estado en la cárcel, sin ningún control, a pecho descubierto, sin mascarillas, a lo bravo, aunque dentro de menos de un mes, nos tengan que volver a ordenar quedarnos en casa. Ahora, los camineros, esos héroes anónimos, sufridos y profesionales como siempre. Ahora desgraciadamente, volvemos a ser poco a poco los de antes, los apestados, los que estamos estorbando en las carreteras, no sea que los de las toallas no lleguen a primera línea de playa en sus «jodeteuve», mirando con prepotencia desde el asiento del ocupante con desprecio al camionero que, cargado va a llevarles lo que consumirán mañana o pasado.

Para terminar, la generosidad de Felix y su Santa señora, nos deja una a toda la sociedad una lección de buen hacer, de humildad y generosidad sin límites, sin importarles si al compañero que le ofrecieron un café y una ducha, y a los camioneros que les siguieron después, estaban infectados por el maldito bicho. Porque lo que de verdad importa, lo que tenemos que valorar, es eso, la solidaridad, la humanidad y hacer las cosas de corazón, sin pedir el DNI, ni desconfiar del otro, ni pasar factura posterior por los favores hechos, en estos tiempos tan confusos. Vayan desde estas letras mi abrazo solidario, les debo una visita y cuando la ruta lo permita, me pararé y el tiempo se detendrá con mi camión, hasta que yo decida arrancar.

Como siempre, lo dicho. ¡¡¡¡BUENA RUTA, TANTO EN LA VIDA COMO EN LA CARRETERA!!!!.

Más artículos de El camionero en ruta

Foto: Cadena Cope

 

¡Publicamos tus noticias, fotos, vídeos y opiniones junto con los avisos de vehículos de transporte robados! Por favor envíanos la información únicamente a través de mensajes de whatsapp +34 649 43 26 91 o por e-mail: lectores@diariodetransporte.com

, , , ,

Etiquetas

, , , ,