De empresarios, trabajadores y viceversa. "El camionero en ruta". Opinión

De empresarios, trabajadores y viceversa. «El camionero en ruta». Opinión

Partiendo de la base y plenamente consciente, de que lo que voy a escribir a continuación, va a ser motivo de cierta polémica hasta el punto que me pueden caer críticas de todo tipo, sinceramente si se respeta como debe la libertad de expresión, así como la de crítica, eso sí siempre constructiva, consciente, real y alejada de cinismos que no conducen a ninguna parte; sencillamente porque las personas que recurren al insulto sin más argumentos que el de la cerrazón de querer tener siempre razón, les retrata perfectamente, voy allá.

Si, esto va de: Empresarios, trabajadores y viceversa:

Porque como todo en la vida, en el transporte por carretera, ya sea de mercancías o de viajeros, hay de todo, para todos y de todos los colores, tendencias, ideologías y posiciones, tanto públicas como privadas, que esa es otra más complicada, porque quien públicamente se desahoga, insulta y suelta improperios en redes sociales después, en privado, suele contradecirse y mucho a la hora de argumentar de manera convincente, respetando posiciones ajenas, sencillamente porque nadie, absolutamente nadie, está en posesión de la verdad absoluta, yo mucho menos, Dios me libre de ello.

Empresarios haberlos haylos, recordemos que la palabra viene de emprendedor, segun la RAE emprendedor/a: «Que emprende con resolución acciones o empresas innovadoras». Los otros los que no los son, aunque se denominen como tal, son en realidad industriales/as: La RAE no lo define, si lo hace como industria, es curiosa en cambio la definición de «Caballero de la industria«:  «Hombre que aparentaba ser caballero no siéndolo«.

Yo a estos ultimos los defino como aquellos que ven en el trabajador una pieza más de una máquina, que cumple una función concreta y la sustituye cuando no hace o rinde como el quiere. Por lo tanto si se define a sí mismo como industrial, no es empresario, no innova, no arriesga capital en futuro ni en formación y en actualizarse a las circunstancias propias de su tiempo, como el verdadero empresario. Por supuesto no es capaz de «crear equipo», ni mucho menos de «hacer sentir los colores de la empresa a todos los trabajadores», desde la persona que limpia hasta el que dirige más cercano a él.

Por el sencillo hecho, repito una vez más, que las empresas son las personas, no las máquinas. Me gusta y mucho, la definición de que son como un barco a remo tipo trainera, en el que todos reman al mismo ritmo y el que lleva el timón anima, dirige, alienta, se implica como uno más para lograr la victoria.

Luego están los trabajadores.

Yo lo soy, he tenido en mis casi 60 que ya peinan canas desde los 18 años, jefes de todo tipo y variedad, Desde dictadores acérrimos que no razonaban, porque el camión tenía que ir por donde él dijera aunque consumiera más, sufriera más y llegara más tarde; hasta todo lo contrario, pasando por los intermedios. De los primeros aprendí aquello de: «El caballo se ata donde diga el dueño aunque se ahorque». De los intermedios podría hablar largo y tendido, pero de los buenos empresarios siempre aprendí, me hicieron sentirme implicado, valorado, incentivado, y cuando les pedí favores muy personales no dudaron en ayudarme. Por eso aún tengo muy buena relación con ellos, les admiro y respeto, porque forrados de dinero, aún sé que a las 6 de la mañana, con muchos más años que yo y peor salud de hierro, están cargando camiones.

Trabajadores y compañeros, para no desviarme, he tenido y tengo muchos. He visto y oído de todo. Desde el que públicamente, cuando nos juntábamos varios compañeros, le ponían al buen empresario a «parir» con insultos de todo tipo; para luego en privado ofrecerse cual traidores a trabajar por menos dinero, con tal de que les dieran el mejor camión, último modelo con todos los extras que llegaba a la empresa.

Después pasados los años, me los he vuelto a encontrar en la carretera, habian cambiado varias veces de empresa, de aquella en la que coincidimos salieron escaldados, despedidos de mala manera, amargados hasta que se tuvieron que ir, sencillamente porque como en el dicho popular: «Roma no paga a los traidores», sus insultos en corrillos llegaron al jefe por varias fuentes, de pronto al volver a la base, se encontraron despojados del mejor camión, subidos a la cabina del más viejo, sucio y cargado de averías, para hacer los peores viajes, hasta que amargados abandonaron.

También he tenido compañeros en toda la extensión de la palabra, que no dudaban lo más mínimo en presentarse a elecciones sindicales, ser buenos representantes de los trabajadores, luchadores, honrados hasta la médula, consiguiendo los objetivos, a pesar de sufrir durante las negociaciones de convenios, malos viajes, camiones viejos, desprecios y traiciones de los propios compañeros, para al final, verles firmar, darse un apretón de manos con el empresario y recibir la respuesta: «Como tú quiero a 10 más porque luchas y trabajas honradamente por defender lo tuyo, del mismo modo que yo lo hago por defender mi empresa»; sí, que nadie se lleve las manos a la cabeza, que estos ojos y oídos lo han visto. Porque se respeta al valiente y se detesta al cobarde.

Porque también he sufrido a representantes sindicales traidores, que firmaban convenios y acuerdos de empresa a espaldas de los compañeros, tenían el único objetivo de asegurarse 4 años más para seguir en la empresa. Para posteriormente perder «el culo» para ir en días de descanso a ayudar al jefe a cavar el huerto y sembrarle las patatas, como lo escribo, real como la vida misma. A partir de aquí, allá cada cual y su retorcida mente.

Ahora, desgraciadamente como consecuencia de la crisis económica que ya tenemos encima y la que se agravará por el maldito coronavirus, vemos y veremos de todo. Desde la patronal que se opone a una reforma laboral prometida por el Gobierno, hasta trabajadores que no dicen en privado lo mismo que en público, sobre todo en las redes sociales, donde es muy fácil parecer radical, insultar a los empresarios, sindicatos, compañeros y demás, en lugar de aportar argumentos sensatos, sencillamente por lo anterior, porque las empresas son las personas.

Pero además, -ahora me caerá un chorreo-, esos otros, tanto malos trabajadores como industriales, son incapaces de tener una visión de conjunto, inútiles para una unión en la que plantar cara a gobernantes y decirles que todos en las empresas vamos en ese barco, que las empresas no se tienen por curiosidad, se tienen para que aporten beneficios, para invertir en innovar y para poder pagar sueldos acordes con las necesidades sociales y familiares. Ese es el gran problema del transporte por carretera en España, tanto de viajeros como de mercancías: la falta de unión, de objetivos y de visión de conjunto, para conseguir mejoras para todos. Malos tiempos pintan para ello…, me temo.

Da auténtica pena ver la realidad en la que están ahora mismo las empresas medianas, pequeñas y autónomos del transporte discrecional de viajeros, paradas con recibos, impuestos y créditos que vencen. Trabajadores sin paro, ni ERTEs, sin comida en el frigorífico, y cualquier drama personal y familiar que se pueda imaginar, tanto de los empresarios como los trabajadores.

Entonces ¿Qué hacemos? Los dos sindicatos mayoritarios desaparecidos, centrados en tramitar despidos y ERTEs, los trabajadores en casa, mirando la cuenta bancaria y los empresarios en su drama. Por eso la pregunta, si no hay una acción coordinada conjunta destinada a un objetivo común que beneficie a ambos, repito ¿Qué hacemos?.

Porque es penoso y lamentable ver en redes sociales, como hay trabajadores que se alegran de que haya empresas que cierran, como si a ellos no les fuera a llegar la crisis, del mismo modo que hay industriales que hacen lo mismo, como si a ellos no les fuera a llegar las terribles consecuencias de la crisis económica. Sencillamente porque son «cortoplacistas» hasta el punto que su visión de futuro y sus planes no van más allá de lo que pueda suceder antes de que anochezca. Cínicos e hipócritas hasta el extremo de ser capaces de ver a su enemigo tuerto aunque ellos se tengan que quedar ciegos. Que sí, que no se rasgue nadie a estas alturas las vestiduras, que haberlos haylos.

Asi que como, Diario de Transporte me permite la libertad de expresarme, ahí dejo la pregunta una vez más, ¿Qué hacemos empresarios, trabajadores y viceversa? Espero respuestas, si son más amplias el editor me comunica que invita a que le envíen por correo electrónico las soluciones, por supuesto, con argumentos y soluciones, los insultos para los cínicos.

Como siempre, pero ahora más que nunca: ¡¡¡¡BUENA RUTA TANTO EN LA VIDA COMO EN LA CARRETERA!!!!.

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Foto: Archivo Diario de Transporte

 

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