Teóricos sin horas de volante y otras especies. Camionero García. Opinión

Teóricos sin horas de volante y otras especies. Camionero García. Opinión

Hoy, viene a cuento hablar de aquellos responsables de gestionar los tiempos de trabajo y descanso de los conductores de camión. Con la ley en la mano, la que les interesa, o quizás es que no sepan otra, la tan socorrida CE 561/2006 que regula los tiempos máximos de conducción y mínimos de descanso, y que si entienden de la definición de disponibilidad, sí… y no se equivocan, disponibilidad plena.

No les hables de amplitud, ellos, teóricos calculadores, saben que el día no tiene más de 24 horas, que son tu disponibilidad hacia la empresa, algunas veces y otras son 24 horas de disponibilidad para su caprichosa forma de entender el transporte por carretera.

A pesar de que son necesarios para hacer eso de gestionar equipos de trabajo, a veces piensan que los trabajadores son sus servidores sumisos y obedientes que cuando les falla la razón siempre les funciona la estrategia de dejar en mala posición al conductor de turno para salvaguardar su ego personal. Saben que el látigo es una buena herramienta de trabajo para algunos pero con otros esconden el rabo entre las piernas. Cobardes ellos que basan su defensa en el bienestar futuro de la empresa. No hay humanidad en muchos de ellos, carecen de sentido común y otros disfrutan con su mando ficticio sobre sus equipos. Y lo que más duele es cuando se les oye decir que si se mata alguno… otro vendrá que ocupará su lugar.

Algunos fueron antes conductores de camión, pero no profesionales.

Digo esto porque como en toda profesión debe de haber un código deontológico y si en este oficio del transporte no lo hay, uno mismo se lo debe crear, porque quien maneja el camión es una persona y como tal se le debe tratar, con el debido respeto.

Estos defensores de su teoría, deben saber que nunca un mismo viaje es igual que el anterior, pues hay un entorno variable que hace que todo cambie en un minuto y que sus compromisos con los clientes se vayan al traste. Pero al cliente no se le puede toser y es así en cierto modo porque ellos mismo le han dado alas para creer que todo tarda menos tiempo del que se necesita y que las cargas y descargas no afectan al tiempo total de viaje. No, no soy un ingenuo, hablo desde mi experiencia, que no es poca y con la cual convivo día a día. Hay muchos factores que inciden en el resultado final de un viaje y no siempre hay problemas, pero cada vez son más los viajes con incidencias por la saturación de las carreteras, por la escasez de personal en los almacenes y los ajustados horarios para efectuar las operaciones de carga y descarga combinados con las normas básicas de conducción y descanso que hacen que muchas veces sea imposible llegar puntual a la cita acordada.

Aquí funciona mucho el dicho de “ande yo caliente y ríase la gente”.

Todo esto pasa porque una mayoría de conductores anda falto de formación y conocimiento de las normas que los ampara y que cuando se les traslada a donde pueden referirse para subsanar esta falta de interés por conocer sus derechos, despotrican como burros de carga contra los sindicatos o abogados laborales.

No se me ofenda nadie, pero esto es lo que vivimos todos los días en muelles de espera, barras de bar y redes sociales. Redes sociales que enseñan a las empresas a quién contratar o dejar de lado. Claro, porque la realidad es que no hay tanta falta de conductores, sino bocazas por doquier y culos de mal agüero de esos que no duran un contrato completo de prueba. No por inconformistas sino por falta de actitud hacia un trabajo de por sí muy duro y sacrificado, que además no son capaces de mostrar ningún interés en cambiarlo, a la espera del tan esperado y anhelado MESÍAS, a pesar de que hay unos cuantos vendiéndose como tales de los que no voy a negar su voluntad pero si su falta de inteligencia.

Sea como fuere, esto tenemos en este sector, vayamos donde vayamos, no hay un paraíso para los conductores, pero sí una responsabilidad de todas las partes para mantener una mínima dignidad en esta profesión. No se la pidan a los empresarios, ellos están muy cómodos en esta situación de semiesclavitud. No se la pidan a los sindicatos, pues los sindicatos son la afiliación de trabajadores y en esta profesión el odio a los sindicatos es visceral, más por ignorancia que por necesidad, porque más que nunca es necesaria una afiliación masiva en sindicatos y asociaciones para autónomos. No se la pidan al gobierno, esto es un acuerdo privado entre empresas y trabajadores y si estos no se cumplen (convenios provinciales) hay fórmulas e instituciones para denunciar. Al gobierno de turno le basta con hacer seguidismo del lobby de los cargadores.

La responsabilidad de mantener digna esta profesión recae sobre nosotros mismos y la única forma de luchar por ella es negándose ante los abusos, las malas prácticas, cumpliendo la ley y haciendo respetar los derechos de los trabajadores. Y al primero que hay que combatir es al gestor que trata de obligar a sus trabajadores para que hagan lo que no es de ley con un trato despectivo y una chulería desatada.

Este primer escalón de mandos medios son a los que la norma debería obligar a pasar una capacitación que incluyera unos meses de volante en las peores condiciones posibles. No, no soy un loco desalmado, un buen gestor tiene a su equipo para que le informe de todo lo que ocurre en su entorno y además ese gestor le crea y le defienda, protegiendo su trabajo y su descanso ante los cargadores, imponiendo la razón y la ley. Como no lo hacen, que lo aprendan a base de palos que es como se aprende cuando uno no quiere dar su brazo a torcer.

Menos mal que aún quedan buenos gestores y grandes profesionales del volante, eso sí, en extinción, y no hay ley que les proteja. Que Dios nos pille confesados.

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Foto: Archivo Diario de Transporte

 

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