Solos entre la multitud. "Camionero García". Opinión

Solos entre la multitud. «Camionero García». Opinión

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En estos días donde se vuelve a poner sobre la mesa el futuro plan de movilidad, plan que no va a solucionar los problemas del transporte a corto plazo y que se quedará obsoleto antes de ver la luz, primero porque el sector y sus aplicaciones van mucho más rápido que la legislación, segundo porque no tiene el consenso deseado y tercero, ni se debiera de debatir sin dar voz a aquellos que sufren a diario sus consecuencias.

No se puede quedar bien con todo el mundo y con quien es seguro que van a quedar mal es con los trabajadores del sector, que una vez más no cuentan para nadie ni son escuchados con la debida atención, porque aunque sí estén representados, esta representación es meramente testimonial pues la presión ejercida por sus representantes es débil y complaciente. El paquete favorece a las empresas y a los países que menos cobertura y derechos sociales tienen.

Se ha inventado todo tipo de sociedades y formas de trabajo y ninguna de ellas mejora lo que hay y aún peor lo que ha habido, nada nuevo hasta ahora mejora los salarios, los horarios, la conciliación familiar, etc. Eso sí, las obligaciones y deberes han crecido bajo amenaza de incumplimiento de contrato, aunque este no exista físicamente.

Vivimos en este sector bajo la amenaza permanente de todo tipo de acciones en contra de la economía de la empresa, por sanciones e indemnizaciones, amenazas contra sus conductores por el incumplimiento de cargas y descargas, amenazas de cierre por pérdida de honorabilidad, amenazas y amenazas por doquier. Un trabajo bajo presión que no trae más consecuencias que los consabidos accidentes en carretera que sufre el sector.

En el año 2018 hubo más de 100 muertes de trabajadores del sector. Aunque pareciera que cada día se deja algún conductor profesional la vida en el asfalto, no es así, pero las cifras son mayores si contabilizamos las enfermedades que se contraen por el desarrollo de esta profesión y que tienen como final una muerte prematura.

El estrés que genera tener que trabajar con un reloj sobre la cabeza y los tiempos de espera para las cargas y descargas, son como espadas de Damocles que día tras día sufren los conductores de camiones. No se publica ni un solo estudio serio al respecto, no interesa, no se analiza desde las instituciones en que situación se encuentra la salud laboral de estos trabajadores, no interesa tampoco.

El transporte es imprescindible para estar dando señales de explotación laboral y esclavismo moderno, malviviendo en cabinas y alimentándose de manera deficiente en condiciones de precariedad total. Como si el camionero actual fuese una subespecie.

Los camioneros se sienten solos, apartados, desamparados. No son escuchados, nunca se pidió que esta profesión tuviera un valor añadido en forma de título de grado medio, se pretendió o se pretende atraer a las personas con la menor formación posible, sumisos por la necesidad de sobrevivir y sacar a sus familias adelante aunque sea con la ausencia personal como moneda de cambio.

Todo esto los saben las instituciones nacionales e internacionales pero no van a mover un dedo por dar un poco de dignidad a esta profesión. No interesa a nadie como vive un camionero salvo a su propia familia. No son bienvenidos en ninguna fiesta donde se repartan mejoras sociolaborales y salariales. Ha quedado demostrado que a cada intento de mejora de los trabajadores móviles hay gobiernos en contra y por ende, quien está en contra de mejoras es favorable a la precarización, explotación y el esclavismo moderno que soporta el camionero.

Cuando nos quejamos de las normas y su forma de aplicarlas pensemos quienes son los que las sostienen y quienes son los que obligan a su cumplimiento. En los años en los que vivimos hay mil y una forma de tratar cualquier problema que se plantee y seguro que muchos planteamientos mejoran la actual forma de relación entre este oficio y sus beneficios sociales y sus obligaciones contractuales.

Se va a lo fácil, a lo prepotente, dejando seña de quién manda aquí, imponiendo sin acuerdo y apoyándose en la necesidad de supervivencia. Todo este conformismo trae como consecuencia ser un sector donde la peligrosidad está presente en cada momento, se obliga a que una máquina esté en descanso sin analizar que es una persona la que la maneja y al que un simple papel libera del sueño, el hambre o la ansiedad.

Con la cantidad de tráfico pesado que hay en la principales vías de comunicación y su seguro crecimiento, todos aquellos que compartimos la carretera con estos profesionales estamos en riesgo de sufrir las consecuencias de la mala gestión, política, social y laboral que sufren los camioneros.

La sociedad debe tomar conciencia de cuál es la función del transporte por carretera y asumir que las entregas de sus bienes o de sus compras bien valen una demora, porque la mercancía llega seguro, el camionero o sus víctimas colaterales no está tan claro que vuelvan a casa.

Camionero García

(Foto de archivo)

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