De porcentajes y recursos. "Camionero García". Opinión

De porcentajes y recursos. «Camionero García». Opinión

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Dicen que la falta de conductores profesionales en España para el transporte de mercancías y pasajeros está en el 20% y que llegaremos en poco tiempo al 30%. Esto en mi opinión es una paralización de la actividad del transporte.

Quizás sea cierto que la demanda a futuro sea del 30% pues una generación entera se jubila sin tener relevo, pero actualmente la falta de conductores está basada por la precariedad del sector y el maltrato a sus trabajadores por parte de los cargadores, receptores y de las propias empresas de transporte, ya sean de mercancías o de viajeros. Además de una sociedad que lo ve como un problema más que una necesidad. El problema de la individualidad contra lo colectivo.

No es mejor la situación en el resto de Europa, más bien, el problema es global.

Dicen las noticias que los países del este van a recurrir el futuro paquete de movilidad. Sí, ese que ya sin haber nacido viene con malformaciones y con amenaza de aborto. Pero a mi esto me preocupa menos, pues sólo cumpliendo el actual reglamento a rajatabla, las cosas cambiarían. El problema es que estamos más en el incumplimiento que en la legalidad. Viejo discurso este, no por manido sino porque su cómplice necesario es la propia Comisión Europea que es incapaz de poner orden en este desmadre. Y más preocupante es la pasividad de los trabajadores del sector. También ellos son cómplices pasivos por inacción.

¿Por qué lo quieren recurrir? ¿Por qué no quieren que nada cambie?

Fácil, hoy por hoy, la situación permite que de una u otra manera puedan librarse de sanciones excesivas que de otra forma no les daría margen de maniobra para operar a estos precios, viéndose incapaces de competir en un mercado tan agresivo como el del transporte. Basado, claro está en los bajos costes salariales.

Todo esto es así porque es más rentable pagar las posible e ínfimas sanciones que cumplir escrupulosamente la legalidad.

Triste pero real, si no fuera porque los trabajadores son los que sufren las consecuencias directamente, allá donde estén y en la penuria y el abandono en que se encuentren. Bien sabido es el discurso de los representantes de las grandes empresas que a cada paso hacia adelante que se pueda dar en derechos siempre responden con lo mismo, “ esto lo sufrirán los conductores pasando más días fuera de casa” y muchos lo creen y apoyan cosas tan increíbles como que alargar las jornadas para regresar a casa va a beneficiar en algo a la conciliación. Pero… ¿qué casa? ¿la propia o la base de la empresa? cuando esto lo apoyan los trabajadores, los gobiernos de turno dicen que recurrirán la norma. Claramente están por esclavizar a un colectivo de 11 millones de trabajadores y a muchos de ellos hacerles prisioneros de sus cabinas.

¿Cuando va a despertar el sector? Sus empresas y sus trabajadores.

Es posible trabajar de otra manera, porque la norma y toda la legalidad vigente permite la internalización de las empresas y así se pueden asentar en cada país y contratar trabajadores que puedan conciliar vida laboral y familiar. El problema viene cuando la fiscalidad y las diferencias salariales dan ventajas a unos contra otros y ahí es donde hay que trabajar y no en donde pasa un camionero su fin de semana o si puede o debe trabajar más o menos jornadas. Como si trabajaran poco, si solo a nueve horas de conducción diarias es el sector más productivo, pero todo esto se pierde en las esperas para cargar y descargar y es ahí donde la decisión no la toma el propio transportista.

Señores, Europa no quiere. No quiere que el sector dignifique su trabajo, mintió cuando habló de limpiar la imagen del sector, es más, trabajó para ensuciarla más y así señalar al transporte por carretera como un sector peligroso para la sociedad.

Las cosas han cambiado y para peor. Se supone que es muy necesario, pero no lo interioriza. Se supone que es primordial y fundamental una buena organización para el buen funcionamiento de la cadena de suministro y sin embargo se castiga al transporte por carretera con mayores restricciones a su actividad mientras se le pide que crezca en calidad medioambiental y en calidad de servicios. Una contradicción en toda regla.

El transporte ya no es rentable a futuro y por eso se ve relegado de los grandes proyectos de financiación y tiene que someterse a la canibalización entre empresas o a caer en los brazos de los buitres financieros y al abandono de la inversión en infraestructuras por parte de los estados en nuevas vías y aparcamientos seguros.

Quizás sea atractivo para lavar la suciedad que acumulan otras alfombras.

No debe el transporte ser la aspiradora de la podredumbre y miseria de la industria. Someterse a los intereses de otros aboca al transporte a más precariedad, menos cualificación y mayor riesgo en su actividad.

Camionero García

(Foto de archivo)

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