Oscuro tirando a negro. "Camionero García". Opinión

Oscuro tirando a negro. «Camionero García». Opinión

75.000 trabajadores del sector del transporte aún continúan en ERTE

Mal, muy mal pintan las cosas para la economía en general y el sector del transporte por carretera lo va a sufrir duramente en sus propias carnes. La incertidumbre que se palpa en el ambiente y que algunos parece que no quieren ver o peor aún, tapan intencionadamente tratando de ganar un tiempo que no tienen, unos por no haber hecho las cosas bien y otros por verse arrastrados por los vaivenes del mercado.

Un mercado que dicta sus leyes, que cambia y evoluciona mucho más rápido que la propia legislación nacional o europea, que siempre anda en intereses espurios de políticos del tres al cuarto, que de transporte poco saben y mucho les interesa para no verse abocados a un desabastecimiento de materia prima o bienes de consumo. Políticos que quieren un transporte barato que llene sus despensas, que soporte las penurias de la precarización y la ruina de las empresas, todas, porque hoy serán las de la europa central o de primer nivel, pero mañana serán el resto, “las low cost” pues nos hemos mostrado débiles ante los abusos y serviles ante quienes nos ahogan.

No hemos salido de la crisis del 2008 y ya estamos abocados a una recesión del crecimiento y por tanto se avecina una crisis quizás peor aún, pues no ha habido una recuperación justa y equilibrada en todos los sectores de la sociedad. El caso es que a los camioneros nos pilla con el pie cambiado, sin saber muy bien si hay que cambiar el camión o prenderle fuego.

Quiero decir que cuando se nos exige un cambio en el modelo de explotación a vehículos más eficientes, más seguros y más limpios con el medio ambiente y por tanto algo más caros de adquirir, cuando se nos pide la internalización de nuestro negocio, cuando los asalariados no reciben aún una remuneración justa y un trato digno en lo laboral y en la conciliación familiar, los bancos o la banca o el sistema financiero o el nombre que queramos darles, cierran el grifo del crédito y la financiación al sector por no ser atractivo para su negocio, vamos que estamos en la línea de los impagados y quebrados. Sin dinero en los bolsillos y sin nadie que nos lo preste.

Aún así que nadie se eche las manos a la cabeza, no vamos a desaparecer, siempre hay quien reinvente el transporte, lo vemos cada día y que Dios nos pille confesados porque estos inventos no son para bien, al menos hasta ahora no lo han sido. Solo han sido generadores de pobreza mientras especulan con el trabajo y los trabajadores,

“pan pa hoy hambre pa mañana” y mañana… ¿qué?

Pues le echaremos la culpa al gobierno de turno, a los emigrantes, al maestro armero o a los demás, muy típico de las redes sociales últimamente, dar y mucho a los demás pero ni el más mínimo atisbo de autocrítica.

Tal vez el transporte necesite esa reconversión que nunca llega, que reflexione ante el futuro que quiere y no mecerse en la posición del que ya vendrá otro que lo arregle, porque esto no lo arregla ni Dios si no somos nosotros mismos, porque somos invisibles para esta sociedad ambiciosa y cortoplacista y a la que nosotros servimos 24 horas al día, cada día del año. Seguimos ciñéndonos a los caprichos de multinacionales sin escrúpulos que venderían nuestros servicios por 30 monedas de plata al mejor postor, aunque nos vaya la ruina en ello. Todo esto para decir que quien dirige nuestras empresas, quienes dominan los mercados, quienes gobiernan nuestras vidas, trabajan a corto plazo y no garantizan que tengamos una vida digna y tranquila en el futuro.

Queda poco margen de reacción y a este margen debemos agarrarnos por nuestro bien principalmente, porque somos transportistas y no peleles a los que manejar como títere loco que baila al son que le tocan. Debemos plantarnos ante la reducción de precios que unilateralmente nos exigen y ante el abaratamiento de nuestros servicios para obedecer así sus órdenes de reducción de costes que aumenten sus beneficios mientras nosotros, tan necesarios para ellos, contemplamos nuestra desaparición.

Hace falta una reflexión y a la gran patronal le toca dar el primer paso.

Camionero García

(Foto de archivo)

 

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