Extranjeros en la rosca, camioneros como los demás. "El diván del transporte". Opinión

Extranjeros en la rosca, camioneros como los demás. «El diván del transporte». Opinión

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 Xavi Navarro. Director de Transporte News Radio. www.transportenewsradio.com

Llegan de todos los puntos del globo, la mayoría trabaja para empresas deslocalizadas, tardan más o menos, pero se adaptan. Ello repercute en el panorama mercantil y laboral de los trabajadores autóctonos, ya que los primeros aceptan condiciones precarias, pero ni mucho menos es culpa suya.

Deslocalización y competencia desleal

El fermento de esta situación, que no es sólo particular de este país, nace de la ambición desmedida, de la codicia, rapacidad y ruindad de los “empresaurios” que en su día presionaron a las autoridades y, con su complicidad, facilitaron el mercadeo de personas saltándose la protección a la economía de la nación, dejando a está en manos de los grandes oligopolios logísticos y del transporte. Una vez más funcionó el clientelismo como una máquina engrasada.

Los trabajadores dejaron de verse como mano de obra, como empleados que realizan un servicio, para pasar a ser vistos como productos. Y como los cromos se intercambiaron entre empresas, entre países. Nadie entonces alzó la voz y si lo hizo fue muy tímidamente. Las organizaciones profesionales del sector del transporte de mercancías por carretera enmudecieron, dejaron hacer y ahora lo lamentan amargamente. Pero, claro, el dos por uno que ofrecía el contrato de foráneos y la reducción de pago de impuestos a través de sociedades «buzón» era muy tentador. Estos son los responsables de las penosas condiciones laborales actuales de los asalariados, del miserable sueldo inmovilizado que cobran o del paupérrimo pago que recibe el pequeño autónomo por sus servicios y eso cuando lo logra cobrar.

Así sucedió que muchos miles de pymes y autónomos han tenido que echar el cierre, especialmente en la última década. Las empresas deslocalizadas han ejercido una presión sin igual sobre los precios del mercado y sobre las condiciones laborales, actuando deslealmente frente a las empresas que sí reconocían derechos y pagaban a autónomos y asalariados adecuadamente, en tiempo y forma. Se impuso un sistema de competencia injusta e infame sobre los transportistas autóctonos, los deslocalizados ofrecían los portes más económicos y sus trabajadores no sólo conducían, si el cargador se lo pedía, incluso, hasta salían a hacer la compra. Muchos de ellos abandonados en áreas de servicio y con los medios básicos para su supervivencia.

Comunidad Europea y dumping social en el transporte

Y en eso nos trasladamos a la Comisión Europea y a los tira y afloja de los eurodiputados para aprobar un Paquete de movilidad para los trabajadores del transporte por carretera. Gente que jamás se ha subido a un camión decidiendo las normas que regirán la vida de los camioneros y que deberán ser aplicadas en todos los países. Intentos varios por armonizar las leyes, en base a que la mayoría de los representantes son de grupos políticos neoliberales, más cercanos a los oligopolios y a las empresas de plataformas tecnológicas disruptivas. Prueba de ello es la exclusión de los trabajadores del sector de la Directiva de trabajadores desplazados. Con la Iglesia hemos topado. Seguiremos oyendo discursos vacíos para convencer a la ciudadanía de la necesidad de apostar por la movilidad, pasando por encima de los derechos más elementales de los trabajadores sean del país que sean.

La moda de las empresas buzón se extendió como la peste de unos años a esta parte, si no puedes contra ellos únete, así deberían de pensar aquellos empresarios que dieron el paso y Rumanía fue el destino final elegido, llegando a copar carreteras de aquí con personal y sueldos de allí. Poder explotar a los trabajadores extranjeros y rebajar costes es el principal motivo por el que Gobierno de España, Ministerio de Fomento, asociaciones de empresarios del transporte y operadores logísticos se opusieron, vergonzosamente, a que se aplicará al sector la Directiva de trabajadores desplazados y lo lograron. Este es el único sector al que no se aplicó la Directiva, en contra de la razón y del derecho a que a igual trabajo se obtenga un mismo salario. Se respira el miedo a que los trabajadores del transporte tengan las mismas condiciones, no sean que algún día se unan… mejor divide y vencerás. Antes se pisan derechos y humildes economías que enfrentarse a los cargadores y presionar para que paguen lo que realmente cuesta el porte y antes de 30 días.

Explotación laboral consentida hasta en el subconsciente colectivo

Pero, entonces, rumanos, marroquíes, polacos, ecuatorianos… ¿son responsables de que estemos tan, digamos, jodidos? Obviamente no, ellos son tan víctimas como los paisanos de aquí. Lo fácil es caer en la trampa, enrollarnos en la bandera y, con espíritu «patriótico», señalar al trabajador emigrante como causa de lo mal que está el transporte. Nada más lejos de la realidad, nada más cercano a la xenofobia.  

Aun así, es tan machacona la insistencia en los medios de comunicación, en los discursos de los líderes del transporte, de los políticos, que algo tan triste como la explotación laboral, el dumping social en el transporte se ha llegado a relacionar con los trabajadores de otros países. Es el caso de Rumanía, donde la mayoría de las empresas españolas deslocalizadas han elegido su sede para sortear al fisco y a las leyes laborales. Pero ni los habitantes de ese país, ni los trabajadores que provienen de allí tienen culpa de esa mudanza a la española. Lamentablemente la jerga utilizada para referirse a estos aspectos fue el término «rumanización» que, si fuera al revés, «españolización», seguramente fuese más correcto ya que dicho dumping social está provocado desde aquí. Tantas veces se han referido unos y otros a la «rumanización» que, de forma inconsciente y preso del mismo contagio coloquial, reconozco haber empleado este término en mi anterior artículo. Entono el mea culpa, entiendo que en el colectivo de trabajadores de ese país no haya sentado bien y aprovecho estas líneas para disculparme por ello.

Todos los días las industrias reciben sus repuestos, de sus almacenes entra y sale mercancía, las tiendas reponen alimentos, las gasolineras combustibles… y en muchos camiones hay un conductor que lo transporta sin importar que haya nacido aquí o allí. Mi más sincero respeto a todos ellos.

Xavi Navarro

Foto: Archivo Diario de Transporte

 

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