¿Cuantos cadáveres caben en la conciencia de un jefe de tráfico? "El camionero en ruta". Opinión

¿Cuantos cadáveres caben en la conciencia de un jefe de tráfico? «El camionero en ruta». Opinión

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¿Cuantos cadáveres caben en la conciencia de un jefe de tráfico? Me gustaría conocer al menos la cantidad aproximada, por trágica que pueda parecer, más que nada porque dudo mucho que los jefes de tráfico y los oficinistas de las empresas de transporte tengan conciencia.

Si he conocido a más de uno que tapaba la suya con alcohol y drogas, aunque por muchas sustancias que se metiera en el cuerpo con la intención de olvidar, me consta que no lo conseguía. Jefes de tráfico que cuando les daban la noticia de que un camionero bajo sus ordenes había dejado su vida en la carretera, incluso soltaban por la boca: «¡Que le den por el culo!, otro habrá que le sustituya».

Si, que nadie se rasgue las vestiduras, que es un caso cierto, fue hace tanto tiempo que no recuerdo exactamente el nombre de la empresa. Hasta ese punto llega el poco valor que nos dan algunos personajes. A partir de aquí que nadie se asuste. Aunque también es justo reconocer que los hay que hacen muy bien su trabajo y muestran humanidad, ¡Ojalá fueran la gran mayoría!.

Pero ahora se trata de escribir sobre los otros/as, a los que les importamos muy poco o más bien nada. Los que desde un despacho intentan dirigir nuestras vidas de conductores, sin haberse subido a un camión como mínimo un año. Los que miran el mapa de la Península Iberica y parte de Europa en su ordenador, ponen la mano encima, el dedo gordo en Algeciras, el meñique en París y dicen: «Esto se recorre en tres horas». 

Ironías a parte. Jefes de tráfico que se pensaban que iban a heredar la empresa, sin darse cuenta que deberían ser un compañero más, sencillamente porque todos vamos en el mismo barco. Pero se crecían en cuanto les daban un despacho y autoridad. Aunque para llegar a sentarse en ese sillón tuviera que dejar detrás de ellos más de un cadáver, no solo fallecidos, también traicionando a compañeros, medrando a base de ponerse medallas a pecho descubierto, sin el menor rubor.

Me viene a la mente una escena vivida en la cafetería de la Ciudad del Transporte de Zaragoza. Estábamos varios camioneros en la barra, al lado varios empleados de las agencias de transporte a la hora del almuerzo. El más «bocazas» de todos soltó: «Hoy he cargado 12 camiones». Un camionero que estaba en mi grupo le miró de arriba a abajo, observó que el «fantasma» tenia el nudo de la corbata mal hecho y le dijo: ¿Tú cargar camiones? Con esa pinta de gilipollas que ni tan siquiera sabe hacer el nudo de la corbata. Tu no has cargado un camión en tu vida, los has mandado a cargar a otros».

El aludido se quedó pálido, incapaz de reaccionar, hasta el punto que fue incapaz de encender un cigarrillo, -entonces se fumaba en los bares-, sus acompañantes no dijeron nada, pagaron las consumiciones y se fueron.

También conocí y padecí una jefa de tráfico que era de ese tipo de personas que parece que van a heredar la empresa. Llego al puesto de manera un tanto extraña. Sin más experiencia en el transporte que buscarle viajes a su padre, al tiempo que le tenia que rescatar de los bares de alterne. Eso y un «máster» de esos de mucha teoría y poca práctica. Hasta que llegaron las «vacas flacas», las nuevas tecnologías la desplazaron, cuando recortaron personal fue la primera despedida. ¡Ay Rosa las vueltas que da la vida!.

Para otros no somos más que simples números, olvidando completamente que sin nuestro trabajo no serian nadie. Solo saben de teoría, de recorridos planificados a velocidad de «jodeteuve». Como si solo fueran por la carretera sus camiones. Sacando cálculos sobre viajes, pero únicamente de aquellos que salieron de acuerdo con esos cálculos. Olvidando que no hay dos iguales, por mucho que se hagan a diario por las mismas carreteras.

Necios e incapaces de reconocer los errores de planificación de sus empresas. Olvidando interesadamente que, en el transporte por carretera, siempre vamos tarde, aunque se salga antes del tiempo previsto.

Utilizando los camiones como almacenes de acuerdo con sus intereses. Sabido es de todos los camioneros eso de: «Corre, no pares a comer que te están esperando». ¡Mentira muchas veces!. Llegas a destino y no hay sitio para la mercancía, esperan el camión para más tarde o para el día siguiente y viceversa. Del mismo modo que mienten a sus clientes diciéndoles que el camión ya ha salido cargado, cuando aún no le han asignado muelle o estamos a 200 kilómetros de la carga. Y así todo.

Aunque la mejor solución en estos casos de «prisas de otros», es seguir el consejo que me dieron hace muchos años cuando empezaba en la ruta: «Recuerda siempre que: Primero tu, despues tu y siempre tu, la mercancía puede esperar, el cementerio es el único que no tiene prisa y cuantos más años tardes en llegar allí mejor»

No pretendo culpar a todos los jefes/as de tráfico de todas las muertes de camioneros en las carreteras, tan solo reflejar que sus presiones, sumadas a las de empresarios y demás personas que, a parte de nosotros, interviene en el trabajo, sí tienen mucho que ver con los desgraciados y lamentables accidentes de camiones en las carreteras españolas y europeas, a parte de los «antonios» de turno. Pero esta ultima es otra historia. Como siempre para los compañeros/as: ¡¡¡¡BUENA RUTA!!!!.

El camionero en ruta

Foto: Archivo Diario de Transporte

 

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