El transporte profesional al borde del colapso. "El diván del transporte". Opinión

El transporte profesional al borde del colapso. «El diván del transporte». Opinión

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  Xavi Navarro, Director de Transporte News Radio www.transportenewsradio.com 

El comercio electrónico, y la cadena de suministro que lo alimenta, están empujando al abismo a empresas y profesionales autónomos del transporte de mercancías por carretera.

La magia envenenada del comercio electrónico

Las plataformas virtuales de ecommerce son el recurso de las nuevas economías. En ellas podemos encontrar suministros y servicios de todo tipo, hasta los más inimaginables. Y lo más sorprendente, con ofertas más económicas que en las tiendas físicas. Cualquiera que eche números verá lo que se ahorran las ecommerce en locales, personal, impuestos… de eso los «retailers» saben mucho. Por lo que parece lógico que en una economía cada vez más globalizada hayan surgido por doquier las tiendas virtuales. Es, incluso, razonable creer que con pocos medios cualquiera pueda triunfar con una buena idea, un buen género o un buen servicio, pero la realidad es otra. Una enorme compañía del sector del ecommerce se ha llevado el gato al agua, sobrepasando de lejos a cualquier otra empresa: Amazon.

Ahora las cosas están así. Aquellos que pensaron que con su humilde tienda virtual podrían llevar un negocio que les dejase beneficios se han dado de bruces con la realidad. Amazon dispone de los mejores canales de comunicación a nivel mundial, el apoyo de las grandes macroeconomías y la información más precisa para llegar a los posibles clientes. Se ha convertido en unos años en el escaparate interactivo de la mayoría de productos que existen en el mercado y a bajos precios.

Para la práctica totalidad es imposible hacerle la competencia y ello los lleva a participar de su entramado, a ser un proveedor más de la descomunal máquina de ventas de Amazon. Algunos de sus «partners», proveedores, están comprobando el error de haberse incluido en el catálogo de Amazon, ya que esta multinacional con diversos sistemas y «trucos» les obliga a realizar rebajas en sus precios de forma constante.

Así pasan a obtener menos beneficios escalonadamente (una forma de muerte dulce empresarial) y, por otra parte, el mercado pasa a depender totalmente de lo que a Amazon le venga en gana, incluso si quiere lanzar marcas blancas de los productos de sus propios proveedores. Un veneno dosificado que está siendo letal para el tejido empresarial y la economía de cualquier país. Sin embargo, no solo los comercios ven con horror como la voracidad de Amazon los consume, también pasa factura a quienes participan de la cadena de suministro y en su peor vertiente al sector del transporte.

El fiasco del transporte «gratis»

Sin entrar en el plano organizativo y laboral de los almacenes de Amazon, que ya tiene lo suyo, una vez que el producto está listo para su distribución llega la parte más penosa. El cliente, de entrada, debe creerse que su compra le llega a través de una ONG, ya que no tiene ningún coste o al menos así se lo venden hasta la saciedad. Es triste comprobar que muy pocos clientes se toman interés en este aspecto, con lo que se devalúa totalmente el trabajo y buen hacer de todos los profesionales que participan en el transporte y distribución de la paquetería.

Los operadores logísticos con los que trabaja Amazon tienen sus acuerdos cerrados con esta compañía. La mayoría de operadores logísticos no poseen nada en propiedad, excepto el logo. Todo lo tienen subcontratado y arrendado. Las naves, la tecnología, los vehículos, los trabajadores son de ETT’s o autónomos… Para encontrar rentabilidad en las operaciones de distribución de la mercancía proveniente de Amazon fuerzan a sus trabajadores a realizar esfuerzos titánicos, a perder derechos en favor de una «flexibilidad» laboral que les obliga a trabajar de sol a sol y todo ello por sueldos miserables y con muy poca estabilidad laboral, dependiendo de los volúmenes de trabajo (Black Friday, Navidades, etc.). Algunos operadores logísticos están abriendo los ojos a la realidad, Amazon no va a permitir que sigan mucho tiempo distribuyendo su mercancía, habrá calcado el sistema de esos mismos operadores para realizar ellos la distribución.

Cría cuervos… Ahí tenemos esa aberración de servicio, el «Amazon Flex», que no es otra cosa que el reparto realizado por particulares sin profesionalización y en vehículos no autorizados. El año pasado una asociación de operadores logísticos impulsó en Madrid unas cinco denuncias por este motivo que no tuvieron consecuencia alguna, unos 2.500 euros por cada. Vamos, que no le han hecho ni cosquillas. Ahora lloran en un oscuro rincón por haberse aliado con quien posteriormente les devora. Así es como Amazon puede presumir de transporte gratis, gracias a la codicia desmedida de los intermediarios del transporte.

La «última milla» y la reducción de tiempos de entrega

Para pulverizar del todo cualquier posible competencia y abarcar la práctica totalidad del mercado se exigen reducciones imposibles en los tiempos de entrega. Acabarán por reventar la paciencia de los ciudadanos por invadir aceras con motos y bicis eléctricas sorteando peatones, furgonetas (la mayoría blancas, sin rotular…) en doble fila o cortando los accesos a las calles. Ejércitos de asalariados en precario y falsos autónomos como locos, sin seguir pautas de tráfico, sin preocuparse por su seguridad y salud, en todas direcciones como hormigas a las que acaban de pisar su hormiguero. Desde centros de distribución cercanos a las grandes poblaciones, a esa última milla, a los que llegan camiones en un devenir frenético, transportistas a los que presionan operadores y cargadores para aumentar pesos y dimensiones en los camiones. Más mercancía transportada por menos coste, en detrimento del conductor, del vehículo y del propietario del mismo.

Histeria colectiva de conductores de camiones también contagiados por el virus del comercio electrónico. Venga a transportar a cascoporro, más y más toneladas, más y más expediciones, más y más paquetes, pero a precios cada vez más bajos los llevará a sufrir un colapso ya que las facturas hay que pagarlas y no renta transportar cada vez más por la miseria que se recibe meses después. De seguir por este camino las empresas de transporte, sean del tamaño que sean, deberán cerrar y sus trabajadores irán al paro. Los autónomos lo harán antes, ya que los bancos y financieras no son «gratis» y si no realizas los pagos en fecha te embargan.

Pero, ¿alguien se ha parado a pensar que ya no quedan alternativas posibles? Si no es rentable el transporte ¿quién llevará a los centros de distribución los paquetitos de Amazon? ¿quién los repartirá a posteriori? Ah, no, que no hay problema, que el «transporte es gratis». Esa reflexión no solo compete a la logística y transporte, también al consumidor. Cuando no haya más que un Amazon para todo, estos impondrán otras condiciones y tanto la logística como el consumidor tendrá que tragar con lo que le echen. Que nadie se equivoque, amigo transportista, esto es pan para hoy y hambre para mañana.

El diván del transporte

Foto: Archivo de Diario de Transporte

 

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