El transporte en el quirófano por causa de malos empresarios. "El diván del transporte". Opinión

El transporte en el quirófano por causa de malos empresarios. “El diván del transporte”. Opinión

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  Xavi Navarro, Director de Transporte News Radio www.transportenewsradio.com

Buscando un paralelismo, sobre las cuestiones que plantea el Comité Nacional del Transporte por Carretera al Ministerio de Fomento, recordé una de las fábulas más acertadas de Samaniego: El congreso de los ratones.

Ha sido Miauragato quien más sangrientamente persiguió a la infeliz ratona gente.
Lo cierto es que obligada de su persecución, la desdichada en Ratópolis tuvo un Congreso.
Propuso el elocuente Roequeso echarle un cascabel y de esa suerte al ruido escaparían de la muerte.
El proyecto aprobaron uno a uno. ¿Quién lo ha de ejecutar? Eso, ninguno.
«Yo soy corto de vista» «Yo muy viejo» «Yo gotoso» – decían.
El consejo se acabó como muchos en el mundo: proponen un proyecto sin segundo; lo aprueban; hacen otro; ¡qué portento!
Pero ¿la ejecución?… Ahí está el cuento.

Claro que se le hace difícil a este consejo la ejecución… La mayoría que lo forma, asociaciones de empresarios transportistas, debe absoluta fidelidad al cargador, a Miauragato que, a su vez, sigue las reglas del “mercado”. Este personaje es solo sensible con sus “previsiones de futuros”, al alza interminable de los beneficios económicos de sus monopolios y a la baja con los derechos que reivindica Ratópolis. De nada sirve la elocuencia de su representante Roequeso, dejando para la historia el eco de sus bla, bla, bla.

Todo lo que hace un mal empresario es por culpa de los mercados, claro

El capitalismo obra de forma que la gran mayoría de los bienes y servicios sean destinados al “mercado” y no al disfrute por el productor o sus allegados. Ese mercado es el ídolo de barro al que el capitalismo rinde tributo, que aumenta de la riqueza de los “empresaurios” y significa un incremento de la pobreza de los trabajadores. Por ello, cuando la codicia de empresarios sin escrúpulos ejerce presión para reducir derechos a los trabajadores, ya sean autónomos o asalariados, responsabilizan a los mercados para evitar ser señalados.

Los empresarios, los malos empresarios, siguen los dictámenes de la maquinaria capitalista, el mercado fija las reglas de juego, no ya las capacidades de las empresas. A ellos no les sirve de nada el término “calidad”, se sienten más cómodos con el “low cost”. Compiten con las demás empresas en un juego sangriento y feroz donde todo vale, empezando por reducir lo que se debe pagar al trabajador por sus servicios, de manera que el mercado europeo cada vez se parece más al de China o al de los países emergentes. Por ello, cuando un Gobierno impone una subida en el SMI (salario mínimo interprofesional) se rasgan las vestiduras. O cambian de política de negocios, especialmente fijando tarifas más elevadas a sus clientes o, por el contrario, reducen el personal contratado presionando a los que quedan tras la criba con amenazas de todo tipo para que aumenten sus jornadas a coste cero, eviten ir al servicio o a comer deduciendo esos tiempos de sus descansos, o que realicen múltiples tareas que antes se hacían con más personal. A los trabajadores les dirán que todo es por causa del mercado que fija precios muy bajos, dejando poco margen para soportar sueldos más elevados (fijaros bien que hablamos de sueldo mínimo). El mercado, mira que es malo el mercado – dice el empresario – y el Gobierno encima nos pone más dificultades. Así se perderán puestos de trabajo y solo los que sigan apoyando al empresario en su búsqueda incesante de precarizar sus derechos laborales serán los que al menos cuenten con un contrato, el resto al paro. La amenaza permanente del mal empresario, el que más abunda en el sector del transporte de mercancías por carretera.

Campaña mediática para respaldar al mercado y a las medidas de austeridad

Meten miedo para evitar las reivindicaciones en el transporte. Las revistas especializadas del sector, cuyos anunciantes son cargadores y grandes empresarios del transporte, con grandes titulares vaticinan el desastre que se avecina: “Se paralizará la contratación, se perderán puestos de trabajo, los directivos (con grandes quebraderos de cabeza) tomarán decisiones a la desesperada, España se rompe, es el fin, la hecatombe, llegó el apocalipsis“. Y así una y otra vez, dado que la mayoría de medios vive del soporte económico de la clase alta, de los magnates, de los monopolios. Esta ametralladora mediática al final cala en los despistados, la mayoría por desgracia, así que ya razonan como los empresarios, pero desde la miseria de su trabajo precario. Dicen que asociarse no sirve de nada, que los sindicatos son el mismísimo demonio y apoyan todas y cada una de las medidas de la gran patronal, incluso cuando llega el momento de ejercer el derecho al voto lo hacen a partidos políticos que abanderan políticas de mercado, capitalistas feroces y sin moral.

El buen empresario existe, son pocos, pero ejemplares

Este tipo de empresario no se deja arrastrar por los agoreros que ocupan un asiento en la representación de federaciones de empresarios transportistas. Está al día de lo que acontece, pero valora la calidad por encima de otros parámetros, tiene contentos a sus trabajadores, respeta sus derechos y estos a su vez cuidan a sus clientes. No contrata personal por medio de las ETT’s, prefiere hacerlo él mismo, conocer a sus empleados, formarles, informarles y protegerlos. Sabe que el mercado es volátil y negocia las condiciones con sus clientes sin dejarse arrastrar por contratos con tenders ni mediadores. Respeta a sindicatos y asociaciones de autónomos y comparte con ellos sus inquietudes. Estos son los buenos empresarios, los que dejan el mercado para los mercaderes y el transporte para los transportistas. Lo que dice el CNTC y lo que se hace después son cosas muy distintas y eso lo saben el buen empresario y sus trabajadores. El Comité Nacional del Transporte por Carretera nunca pondrá el cascabel al gato.

Foto: Archivo Diario de Transporte

 

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