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Navidades sin los seres queridos que trabajando sucumbieron a la carretera. «El diván del transporte». Opinión

Estado de Alarma, accidentes, bajaron, 48%

   Xavi Navarro, Director de Transporte News Radio www.transportenewsradio.com

Recibo en mi gabinete a un chófer de internacional, le invito a tumbarse en el diván y comienza a relatarme aquello que tanto le perturba.
– Estas Navidades no estaré con mis seres queridos. Toca trabajar fuera de mi hogar durante todas las fiestas. Estoy muy incómodo con la situación.
— No eres el único – le contesto, conocedor de que un camionero tan curtido como él no debería temer el trabajo en época navideña. Intuí otro motivo más profundo e inconfesable. Conmovido le respondí – Miles como tú servirán a la sociedad en estos días tan señalados. Taxistas, repartidores, chóferes de camión o autobús cumplirán su papel de transportistas abnegados para que todos puedan disfrutar de su entrañable momento familiar.
– No, no se trata de que me moleste especialmente trabajar en estos días – Corroboró mis sospechas y temblando continuó su relato – sino que tengo una sensación extraña que me acompaña en estos días previos a la ruta que tengo que realizar por el norte de Europa. Una opresión que no me permite pensar con claridad.
— Relájate, respira profundamente y explícame a qué crees tú que se debe ese malestar.
– Hace un par de días sufrí una pesadilla muy, como diría yo, muy real, de la que fui protagonista. Me vi lejos de mis seres queridos, en un extraño lugar. Una visión que me aterroriza cada vez que la recuerdo. Se me ha quedado especialmente grabada.
— Cuéntame los particulares de tu ensueño, por favor, con el máximo detalle que puedas.
– Sí, lo recuerdo bien. Rodaba por una autopista con mi camión…

La carretera, la Laguna de Estigia de los conductores*

Un fuerte golpe de viento, un bache, quizás la niebla sumada al cansancio, agotado por las horas de carretera, de espera de la mercancía del cliente con la consiguiente carga del vehículo y encima con transpaleta manual ya que la máquina no funcionaba (o al menos eso me dijeron) … el caso es que la «rosca» no me responde. Por el retrovisor comienzo a ver el semirremolque como queriendo adelantarme, la tan temida tijera. La cabina comienza a girar y girar. Al fondo veo una barca, por muy absurdo que parezca, de pronto me encuentro frente a un siniestro personaje cubierto con una túnica oscura hasta la cabeza. La niebla persiste a mi alrededor. Quiero hablar, gritar, no puedo. De mi garganta no sale ningún sonido audible. Perplejo espero hasta que se acerca a mí y se presenta. «Soy Caronte y vengo por ti». Sí, Caronte, ese ser legendario de cuya existencia fui conocedor hace tiempo en uno de esos programas nocturnos de radio que te ponen los pelos de punta mientras realizas tu descanso con las cortinas cerradas dentro de la cabina.

Caronte, el barquero de la Laguna Estigia, que con su barca cruza las aguas del Hades de la mitología griega hasta el mundo de los muertos o peor, hasta el Tártaro, el infierno. Todo en silencio y mientras surcábamos ese espacio que parecía infinito de pronto, girando su cabeza y alzando su rostro se dirigió a mí con voz ronca y pausada «Por tu causa no llegará la carga, pero tranquilo, la empresa ya buscará otro chófer. Siempre hay otro chófer, caiga quien caiga, así funciona nuestro negocio». Estupefacto pude comprobar que el rostro de ese ser me era familiar, era el rostro de mi jefe de tráfico. Con su estúpida sonrisa sempiterna, con esos aíres de autosuficiencia, aunque tuviese que mirar el Google Maps cada vez que me indicaba una nueva ruta de entrega, ese que jamás se subió a un camión. La muerte se gobierna desde la oficina de la empresa de transportes con la que trabajo. Y todo porque tanto yo, como todos los que trabajamos en este oficio tan sacrificado, no hemos sabido plantar cara.

Mortandad que se podía haber evitado

Cada año pierden la vida en carretera cientos de conductores profesionales de todos los sectores del transporte de mercancías y viajeros que pasan a engrosar las estadísticas de accidentes de circulación, que no las listas de accidentes laborales, ya se sabe. Cada año cientos de familias deben celebrar sus navidades sin sus padres, hijos, hermanos… mujeres y hombres que fallecen en su puesto de trabajo. Cada año otros cientos de fallecidos más y la mortandad va in crescendo. La situación obliga a un sobre-esfuerzo sin compensación donde la culpa no se queda sólo entre los explotadores, también entre los explotados. El taxista que no protesta, el repartidor que no denuncia, el conductor de autobús que aguanta más allá del límite, el camionero que se rinde, de todos ellos es también la responsabilidad de esos accidentes mortales. Incluso de sus familiares y amigos que no se esfuerzan en hacerles comprender que de brazos cruzados no se puede esperar nada bueno, que las mejoras laborales se ganan con la lucha, incluso el derecho a seguir vivo un día más.

En memoria a los caídos

Respetando el duelo de todos los que estas Navidades no puedan contar con su familiar o amigo fallecido en carretera, en memoria de estos y por todos aquellos que aún se pueden salvar, estamos obligados a solidarizarnos con todos los profesionales que día a día se la juegan, que saben cuándo parten, pero no cuándo vuelven. Por todos aquellos que han caído ya y para que su muerte no sea en vano, levantemos la copa en su memoria, brindemos por lo que nos aportó en vida y tomemos la bandera de la defensa de los derechos de todos los transportistas. Estas Navidades reflexiona en ello y siéntete afortunado si puedes celebrarlas con tu familia.

En honor de los que luchan en la calle y en los despachos. Que se enfrentan a la Administración, a los tiranos en las oficinas de los grandes empresarios, que se enfrentan a los que son los verdaderos causantes de este desaguisado mortal. En su honor debemos unirnos a ellos para combatir la pena de las familias que cada Navidad lloran la falta de sus seres queridos, algunos cuyos accidentes están señalizados en muchas carreteras con tristes coronas de flores.

Para que la muerte de muchas de nuestras compañeras y compañeros no sea en vano. En su memoria, por un transporte digno.

*La Laguna Estigia o Caronte cruzando la laguna Estigia es quizá la obra más famosa del pintor flamenco Joachim Patinir. En la mitología griega, cuando una persona moría, su alma era transportada hacia la orilla del río Éstige.

Foto: Archivo Diario de Transporte

 

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