La estrategia de enfrentar a consumidores contra profesionales del transporte. "El diván del transporte". Opinión

La estrategia de enfrentar a consumidores contra profesionales del transporte. «El diván del transporte». Opinión

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  Xavi Navarro, Director de Transporte News Radio www.transportenewsradio.com

A efectos de la Ley para la Defensa de los Consumidores y Usuarios, son consumidores o usuarios las personas físicas o jurídicas y entidades sin personalidad jurídica que actúen con un propósito ajeno a su actividad comercial o empresarial. Los derechos del consumidor son protegidos y amparados por la Unión Europea y los estados que la componen. Sin embargo, las empresas de la «nueva economía» y de la mal llamada «economía colaborativa» han encontrado oscuros caminos, retorciendo las leyes, confundiendo desde los consumidores al propio legislador, para que estos protejan sus negocios, llegando claramente a realizar actos de competencia desleal con toda la desfachatez de quienes se saben impunes.

Una cosa es la libre competencia, que es legal y muy lícita en el tráfico mercantil, entre empresas, grandes o pequeñas y otra cuestión diferente es violar las normas de la competencia, como puede ser saltarse la reglamentación del transporte, que puede llegar a considerarse una competencia ilícita.

¿Pero quién dice aquí qué prácticas pueden ser consideradas competencia desleal? ese es el quid de la cuestión. Para las grandes corporaciones los intereses de los consumidores son fáciles de manejar, además cuentan con el respaldo de las instituciones creadas en la sombra por ellos mismos. Y esto no es cosa de conspiranoides, por desgracia es una realidad que nos llevará a cambiar el modelo de sociedad a un monstruo que devorará a sus propios hijos.

Los gobiernos neoliberales tienen la llave del mercado

Cuánto nos gusta sentirnos «europeístas», como si la tierra fuese nuestra y el espacio que ocupan los países de la Comunidad Europea fuese el Edén. Todos felices en un modelo de economía «flexible» que permite el crecimiento empresarial aún a costa de convertirla en piramidal, con abismos insalvables entre cada escalón. Que engañados tienen a la masa de votantes, con qué facilidad nos llevan al matadero, cuán convencidos están los ciudadanos europeos que no se plantean ningún otro tipo de sociedad más justa. Nada, lo dice Europa, lo dice la tele, será verdad.

Con el Paquete de movilidad lo venimos viendo, los trabajadores del transporte que recorren los países de la Comunidad «no son trabajadores desplazados», el resto sí. Los chóferes de autobús y camión deben hacer más horas de conducción. No queremos saber nada del tema de los emigrantes, pero si es para colocarlos en un camión por cuatro perras ya no hay problema. La hipocresía elevada al grado más alto. La mayoría del Europarlamento está compuesta por representantes de partidos neoliberales, las votaciones ya tienen un claro ganador y no solo en temas relacionados con el transporte. Eso sí, luego vas y los votas, Bruto, tú también hijo mío.

Para facilitar el establecimiento de sus propósitos, de los propósitos de las grandes corporaciones, crean un organismo para la «defensa» de los mercados y la competencia, La Santa Inquisición, el Santo Oficio, se queda pequeña al lado de estos «defensores» de consumidores y empresas.

Todo por el consumidor

¿Está informado el consumidor con lealtad y transparencia suficiente? va a ser que no. El producto o servicio ofrecido ha sido presentado en los medios, en las redes sociales, conforme a lo que la grandes empresas han invertido en plataformas como Google, Facebook, Instagram, Twitter, etc. que con la privacidad no hacen ascos en investigar nuestros gustos, nuestra información personal, para acceder a esa parte del cerebro que nos empuja a consumir, en ocasiones a sabiendas de que la materia prima y la confección de esa camiseta de nuestro equipo de fútbol ha sido elaborada por esclavos de países emergentes. Por lo que muchas veces cerramos los ojos para no conocer los detalles, por no investigar su procedencia, por no perder el chollo del día, el Black Friday de turno. Por ejemplo, el famoso «transporte gratis» ¿y cómo se consigue que nos llegue a casa o a la oficina ese paquete sin costo alguno en su proceso de entrega? La cadena de suministro ya se encarga de ocultar ese pequeño inconveniente y si la logística del ecommerce implica contratar particulares aún a sabiendas que es ilegal… compensa las pocas o nulas sanciones que les aplicarán si prosperan las denuncias, cosa difícil.

¿Cómo se vende que puedas viajar en un coche de lujo, con un chófer elegante, con tu agua, aire acondicionado, radio a tu elección… por menos coste que el taxi de toda la vida? Tu aplicación ya te informa que el viaje lo realizas en realidad con terceros. Tu aplicación se auto exime de cualquier accidente o incidente en tu trayecto, eso es cosa del tercero que pone el vehículo y el conductor. Y con un 24% de comisión sobre un ridículo precio del viaje (no siempre es así, ahí está la trampa), del porcentaje restante han de comer el conductor y la empresa que lo contrató, además de sufragar todos los costes que son muchos. Salvo que algún eslabón de esa cadena sea tan frágil que soporte sueldos de miseria en condiciones laborales infrahumanas no se comprende. Pero al consumidor esos detalles no le importunan, seguirán usando ese tipo de servicios de transporte protegidos por las leyes europeas de mercado, independientemente de los desgraciados camioneros, repartidores, raiders y chóferes explotados.

Oportunidades en un mercado reventado

Pero antes de llegar a este estado de cosas debían aterrizar las grandes empresas de la «nueva economía» a nuestro mercado. ¿Cómo llegaron a hacerlo y en que se basa su éxito? Larga sería la exposición, pero como a buen entendedor con pocas palabras bastan pondremos el siguiente ejemplo a título de analogía: Una gran cadena de restaurantes se instala en el polígono industrial «tal y cual», menú del día a 4 euros con bebida, postre y vale de descuento para la próxima. La media de lo que sale el menú en ese polígono es 9 euros. Los propietarios de los restaurantes de toda la vida aguantan unos meses para endeudarse y cerrar al perder prácticamente toda su clientela. Ahora que la cadena de restaurantes se ha quedado sin competencia puede inflar los precios, incluso cobrar 15 euros el menú ya que sabe que es dificultoso que los trabajadores y directivos de las empresas del polígono puedan almorzar lejos de allí. Durante los meses iniciales los inversores soportaron un montante de pérdidas, ya calculado, a sabiendas de que con ello exterminarían a toda su competencia. Eso sí, el personal contratado para su cadena de restaurantes tiene nóminas y derechos tercermundistas.

El asalariado con convenio y respaldado por sindicatos es un objetivo claro a eliminar. El autónomo de toda la vida también. Para que la rueda del molino gire y gire sin cesar aumentando la riqueza de estos «empresaurios» se deben encontrar fórmulas para legalizar la figura del falso autónomo. Les llamarán desde entonces «colaboradores», figura que esconde una dependencia total del empleado al empleador. Retorcer el lenguaje para esconder la trampa, evitar contratar trabajadores con derechos, mejor explotar «colaboradores», falsos autónomos sin protección laboral alguna.

Consumidor vs. profesionales con derechos

Así llegamos al principio de lo que el artículo quería mostrar. Estas empresas neoliberales, apoyadas por neoliberales y respaldadas legalmente por organismos de gobiernos neoliberales, se escudan en los derechos de los consumidores, que antes han domado convenientemente. Tanto es así que les generan una dependencia a sus servicios y si se encuentran amenazados recurren a informar que el trabajo o el sustento del empresario o profesional corren peligro si el consumidor o usuario no contrata el bien o servicio, que en realidad esconde otra forma de competencia desleal.

Así que atentos, el camino para evitar la destrucción de los derechos sociales y laborales se encuentra en las urnas y posteriormente en la lucha y la unidad entre sindicatos de clase y organizaciones profesionales de transportistas, tanto de mercancías por carretera como de viajeros. Si los profesionales recuperan sus derechos los consumidores obtendrán productos y servicios de calidad a un precio justo, en una sociedad justa.

Foto: Archivo Diario de Transporte

 

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