En el transporte, no todos son verdaderos empresarios. Editorial

En el transporte, no todos son verdaderos empresarios. Editorial

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@Camioneroleones.- Como no podía ser menos, también entre los empresarios del transporte hay de todo, y de todas las clases. Desde el grande, pasando por el mediano, hasta llegar al pequeño.

Pero, aunque a simple vista pueda parecer que todos son iguales, que tan solo buscan los beneficios, no es así en justicia. Los conozco que empezaron de la nada, con mucho esfuerzo hace muchos años, con un camión fueron creciendo, pero también los hay que más les valdría dedicarse a otra cosa.

La palabra empresario tiene su origen en la de emprendedor, que es iniciar nuevos proyectos, con la meta de crecer, contando con las personas que tiene a su cargo, porque el capital humano es el más importante en el mundo empresarial.  Por eso hay que invertir dinero en la calidad del mismo, haciéndoles partícipes de sus ilusiones empresariales, tratando a los trabajadores como personas, tal y como se merecen, rodeandose de los mejores y respetando sus derechos, pagandoles un salario justo e invirtiendo parte de los beneficios en el crecimiento y desarrollo de la empresa.

Luego están los que se hacen llamar a sí mismos empresarios, pero que no lo son, que más bien parecen industriales, porque tratan a las personas a su cargo como si fueran una máquina más, a la que explotan hasta al máximo de sus posibilidades, invierten poco o nada, aprovechan los vehículos hasta el final, se comportan como tiranos. Son los que recurren a eso de: “Esto es lo que hay, lo tomas o lo dejas”.

Se aprovechan de las necesidades laborales de aquellos conductores que bien, por empezar en el mercado laboral quieren adquirir experiencia o porque provienen de otros países. Pocas veces recurren al INEM en busca de empleados, limitándose únicamente a anunciarse en páginas gratuitas.

Esto por sí solo es ya una muestra que hace sospechar a quien aspira a ocupar las ofertas de empleo, que algo raro hay detrás. Normalmente, este tipo de empresas se las conoce en el mundo del transporte como “autoescuelas” por el contínuo cambio de trabajadores. Recurren a lo que se conoce como “la tarifa plana”, salarios bajos con todo incluido, lejos de cumplir los convenios laborales.

Este tipo de empresarios son los que en la actualidad están desesperados, porque no encuentran “trabajadores-esclavos” y ahora mismo están dispuestos a traerlos de otros países, dándose el caso de muchas empresas que ya han recurrido a esta artimaña, convirtiéndoles en conductores dependientes de la empresa porque les pagan, a parte del viaje, toda la formación necesaria para trabajar en Europa; evidentemente tiene un coste laboral y social para el trabajador muy importante, dandose casos autenticamente vergonzosos, porque son camioneros que viven permanentemente en la cabina del camión.

Estos últimos, siempre han sido capaces de imponerse en un mercado tan atomizado como el del transporte. Pero reventando precios, en guerra continua con otros que son como ellos, incapaces de imponer precios justos por el transporte que realizan, porque son auténticos títeres en manos de las multinacionales del transporte, las bolsas de carga y de las multinacionales de distribución, almacenaje y logística.

Por quitarse mutuamente clientes, llegan a bajarse los pantalones hasta las rodillas y más abajo. Echando a otros la culpa de la situación del transporte, pero sin reconocer nunca que ellos colaboran constantemente, a que el mismo, continúe empeorando. Subcontratando con otras empresas las veces que haga falta, aumentando los beneficios y obligando al pequeño a trabajar a precios ruinosos.

Luego suelen quejarse de que hablan mal de ellos en el mundo del transporte, que su mala fama es infundada. Entre estos se incluyen los que, llevados por esa avaricia de tener más beneficios cada año, convierten lo que en su día fue una empresa pequeña en una de las grandes.

No dudan en deslocalizarlas, sus camiones circulan por las carreteras con una mezcla de matrículas, como barcos piratas sin bandera ni patria. Aprovecharon los años de escasez de conductores para recurrir a los de países del Este, a los que pagaban menos.

Ahora, con la falta de conductores, continúan actuando de la misma manera porque son incapaces de reaccionar, al haber caído en un círuclo vicioso. Convirtieron el transporte en una jauría donde cada uno va lo suyo, tan solo por sobrevivir.

Les da igual que un camión suyo termine accidentado, todo esta debidamente asegurado, lo suyo por supuesto, mientras dejan a la familia del conductor desamparada. No tienen un mínimo de humanidad. Precisamente por lo dicho anteriormente, para ellos el trabajador es una pieza más que sustituirán inmediatamente por otra.

Hay otra clase, que se podría denominar pequeños, que se comportan como si fueran grandes empresarios, pero solo en apariencia, son cortoplacistas y desde dentro son como los anteriores, actuando de la misma forma. Ya sabemos que lo malo es más fácil de copiar. Entre estos, también los hay que aún mantienen una dignidad personal y profesional por intentar ser honrados y auténticos empresarios, pero a merced de un mercado salvaje como este en el que nos movemos.

Soy plenamente consciente de que me quedo muy corto en este editorial, que da para mucho más, pero esta no es más que una definición, en general, del empresario. Tanto del bueno, y admirable en muchos sentidos, como del regular, del malo y del peor de todos. (Foto de archivo)

 

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