¿Beneficios para el transporte? todo para el Estado, pero sin el Estado. "El diván del transporte". Opinión

¿Beneficios para el transporte? todo para el Estado, pero sin el Estado. “El diván del transporte”. Opinión

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Xavi Navarro, Director de Transporte News Radio www.transportenewsradio.com

El transporte por carretera, tanto de mercancías como de viajeros, ha dejado de ser rentable para los profesionales. Ya sean pymes, autónomos o asalariados lamentan que cada día les cueste más, no ya obtener beneficios, sino subsistir de su trabajo en esa guerra de trincheras que se ha convertido la carretera.

Fagocitando derechos

Y no solo lo económico nubla el horizonte de los transportistas, también la carencia de condiciones laborales dignas. Los conductores profesionales sufren a diario horas interminables de trabajo en penosas condiciones, con riesgo de su salud, realizando tareas que en muchas ocasiones les son ajenas a su profesión.

Deben, también, sortear las presiones recibidas tanto por clientes como, en su caso, por sus patrones, en jornadas de máxima tensión debido a agentes externos a su labor e internos por los paupérrimos recursos que les van quedando y que poco a poco las diferentes legislaciones les van esquilmando.

Si os fijáis bien, especialmente si echáis mano de las hemerotecas, los recortes sufridos en los derechos de los trabajadores han sido cada vez mayores y más cruentos. Sin importarles un ápice quienes cayesen en el mercado, en el sector.

Los diferentes regidores de ese ministerio que se hace llamar Fomento, y que de “Transporte” tiene cada vez menos, han machacado una profesión que da de comer en España a millones de familias, tanto las propias de los profesionales de la carretera como las de los proveedores y empresas de servicios que viven de estos y del transporte en general.

Un selecto y exclusivo órgano “de consulta”

Las multinacionales, la gran empresa, los especuladores de turno son los que se han beneficiado de la sombra alargada de ese ministerio. Para ello acotaron su “reserva de caza” legislando para favorecer un órgano de mediación entre transportistas, tanto de viajeros como de mercancías, y los ambiciosos Gobiernos de turno sin escrúpulos. Lo llamaron Comité Nacional del Transporte por Carretera y lo dividieron por secciones para poder estrujar más a los profesionales según el tipo de trabajo que realizasen.

Y, por si no fuese suficiente, se hacen acompañar en ese órgano por agentes interesados en la cadena de suministro que no solo viven de los beneficios de sus clientes, sino de los recortes a sus proveedores transportistas, tales como los logísticos y los cargadores. Pero para que todo ello funcionase como una máquina bien engrasada se debía preparar el terreno propicio: las distintas leyes, decretos, directivas y ordenanzas para arrancar la piel de los transportistas a girones.

Un Estado absolutista que mira con desprecio al sector

Los lamentos de los profesionales de la carretera les importan un bledo a los regentes. Total, siempre están dispuestos a soportar lo que les metan, una y otra vez. La Administración gobierna para los Ibex 35 y cia. Un profesional del camión, del autobús, del taxi… una fuente de ingresos para el Estado. Y cuando estos reclaman su amparo y protección los legisladores se reúnen con la gran patronal, cargadores, empresarios de la economía digital y otros especuladores para crear otro decreto, otra ley que impida, incluso, que los transportistas puedan protestar.

A continuación, se encierran en una sala con los representantes del CNTC y la firma con los acuerdos es cosa de tiempo. Pero, ¿dónde están los sindicatos de clase y las asociaciones de transportistas sin representatividad cuando esto sucede…? pues en sus corralitos, arrinconados por la presión ejercida por una sociedad manipulada al extremo. ¿Alguien alzó la voz ante el “mamoneo” de las tarjetas de transporte?

El estado se nutre tanto de los impuestos a los transportistas como de los empresarios y clientes de estos, sin embargo, exprime a los primeros porque estos no se resisten y los otros ya se organizaron hace tiempo con grandes bufetes de abogados, medios de comunicación que comen de su mano y además ofrecen a los políticos puertas giratorias para cuando ya no estén gobernando.

Por lo que todo pasa por un Estado que todo lo acapara pero que no comparte nada con la sociedad ni con sus trabajadores. Un Estado íntegramente absolutista que poco a poco nos deja escenas cotidianas como las vividas en la revolución francesa, que ya sabéis cómo terminó y cuan afilada era su guillotina. (Foto de archivo)

 

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