Carta de la mujer de un camionero. Por Magda Sansberro

Carta de la mujer de un camionero. Por Magda Sansberro

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Hola, me dirijo a ustedes con el mayor de mis respetos. Por desgracia y fortuna soy la mujer de un transportista. No tomen a mal la parte de desgracia, simplemente es porque dado a su trabajo nos hemos perdido muchísimos momentos juntos de alegrías y tristezas, y ellos se van contando a través de los kilómetros recorridos. Hoy quiero hablarles sobre mi situación, que seguramente es la de muchos.

Al comenzar este año ya nos esperábamos la suba del combustible y el reajuste de impuestos. A todo esto un grupo de transportistas han intercambiado mensajes de WhatsApp para reunirse por todos lados de este país y entre todos lograr de una u otra manera llegar a ser escuchados. Lamentablemente pocos han asistido y eso quita fuerza. Yo, una mujer de un trabajador que por fortuna ama lo que hace y sobre todo nos ama a nosotros, a su familia, les pido a ustedes que publiquen estas humildes letras para ver si llega a donde tiene que llegar.

Señores, quiero decirles que un transportista, camionero, pisa pedales, chofer, como quieran decirle ustedes, no es ese hombre que está detrás de un escritorio con aire acondicionado, bebiendo algo fresco y quizás estando en desacuerdo con alguien de su trabajo, esperando hacer un horario para retirarse a su hogar a ducharse, cenar y descansar en su cama, en su hogar y con su familia.

Este transportista pasa horas interminables sobre las ruedas de un camión para recién llegar a su casa a por fin darse un baño y a cenar en familia y tratar de descansar algo, cosa que normalmente es imposible porque es padre y juega y disfruta de sus hijos lo más que puede porque es marido, amigo y escucha y comparte historias de todo lo que se pierde cuando no está.

Se consuela aliviando la soledad cuando está afuera, ganándose el dinero para poder mantener su hogar y familia, cosa que es realmente complicado porque es más lo que se gasta comiendo que lo que se gana, porque paga un alquiler, porque la luz y el agua son esenciales pero carísimas, porque la inseguridad que vive al parar a descansar quizás le cueste la vida por una batería o auxiliar.

Ese transportista que pasa mal, que queda en las chacras tirado esperando a cargar, sin agua fresca, sin ducharse, sin nada; ese hombre también sufre porque cada día se complica más y porque aumenta todo, desde el gasoil a los peajes y los impuestos, todo, pero las rutas dan lástima. Ese hombre que aporta platales por cada kilómetro que anda y tiene que transitar por lugares horribles que rompen su herramienta de trabajo, quedando tirando y sin facturar para poder mantener su familia.

A usted que está detrás de ese escritorio, piense un instante en él y en su familia, piense en esa madre…y padre a la vez, que es amiga, compañera que pasa con el corazón en las manos cada vez que hay un accidente que involucra camiones, en esa mujer que se queda con un nudo en la garganta cuando lo ve partir y los ojos llenos de lágrimas, deseando simplemente verlo llegar. No le corten los brazos a quienes tanto le dan, a esos que aportan y pagan fortunas por y para trabajar.

Fuente original: transportecarretero.com.uy

 

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