Los de verde y esas malditas normas. "Camionero García". Opinión

Los de verde y esas malditas normas. “Camionero García”. Opinión

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Cuando comencé en esto del transporte, siempre pensé que todo lo que limitaba la actividad era malo para mi trabajo. Las normas restrictivas no dejaban desarrollar todo el potencial que podíamos cubrir y la escasa inspección hacía que nos saltaramos sistemáticamente cualquier norma que nos impusieran.

Realmente salía muy barato incumplir la ley. A medida que fue pasando el tiempo, me fuí interesando por lo que pasaba entre bambalinas, que normas legislan la actividad y quienes eran las asociaciones y personas que dirigen el cotarro del transporte en España.

Se hablaba de cómodas poltronas, intereses contrapuestos, obligaciones y deberes, derechos invisibles y pisoteados, falta de libertad en el desarrollo de la actividad y mucha, mucha manipulación de las bases, algo que por cierto no ha cambiado.

Recuerdo las reuniones y asambleas y siempre hablamos de lo mismo, el precio de los viajes, siempre a la baja con costes al alza, todo igual que ahora. Pero había una voz que me decía, “el problema no es ni el precio, ni la atomización, ni la presión de los clientes, sino la falta de formación de las pequeñas empresas y de los conductores asalariados”, igualito que ahora.

Parece un DEJA VU que se repite constantemente y que hace de este sector, un sector vulnerable y de fácil manipulación para mantener un estatus de precariedad y baja cualificación, que es lo que interesa a las grandes empresas y cargadores.

No es por cargar contra las grandes empresas, pero esta es la realidad en que definen sus cuentas de resultados… “unos costes sociolaborales bajos” que a la larga aleja a los profesionales y que se sostiene con mercenarios de la ruta. Y así les va a más de una, siempre con la soga al cuello.

Pero mi curiosidad a base de formacion e interes por mi trabajo, hizo que cambiara mi forma de ver las cosas, tomar las normas por lo bueno que nos ofrecen y no verlas como enemigas de nuestra actividad y no me fue mal, mejor gestión de mis tiempos de trabajo, mejor gestión de los costes y una reducción sustancial de sanciones. , Y no ganar a corto, sino rentabilizar mi inversión a medio o largo plazo, haciendo buenas compras y eliminando gastos superfluos o consumos disparados.

Así, hasta que vendí mi empresa cuando hubo que hacerlo, sacando un razonable precio de venta. Y entre tanto llegó la crisis.

Como conductor asalariado, más de lo mismo, solo oía lo de siempre, la mierda que es la normativa vigente, yo… caso omiso, y me fue bien, muy bien diria yo, solo con la tranquilidad de un trabajo bien hecho y salir relajado y sin miedo a la carretera, hacía que me sintiera más que satisfecho y orgulloso de mi esfuerzo en entender de qué va esto. No soy perfecto, pero sí sé gestionar mis tiempos y mi trabajo y minorar los posibles costes no contabilizados ni presupuestados, rentabilidad para la empresa, para la que trabajo.

Nunca fui de uniformes, no quería ni ver a cualquiera de las policías de tráfico de toda Europa, pero mi experiencia y mi relación con ellos, me dicen lo contrario, si ha habido una denuncia, era más que justificada y los controles a los que fui sometido nunca fueron demasiado largos.

Con educación y respeto y sin hablar más de la cuenta, discrepe cuando tuve que hacerlo con razones, demostré con hechos cuando tocó y pagué sin rechistar cuando fue preciso. Mi pequeña formación me hizo pensar que estos señores están ahí para ayudar, para hacer que se cumpla la norma, para salvaguardar nuestro derecho y para denunciar nuestros abusos y aprendí a respetar su presencia.

Hoy y después de estas palabras, quiero que mi artículo sirva para homenajear a estos agentes de tráfico, que también se dejan la vida en la carretera y que muchas veces la ponen en peligro para sacar a un compañero de entre los amasijos de hierros, que alguno de ellos, es un compañero más con sus libros en nuestras cabinas, para darnos esa mínima formación que nos ofrece por un módico precio mas que bien pagado, son a los que llamamos cuando tenemos necesidad de su presencia, los que a base de inspecciones, nos perdonan mil y una sanción, los que nos indican el camino a seguir, los que manejan información privilegiada y comparten muchas veces con quien no la merece, son los que persiguen a delincuentes, infractores, a la competencia desleal y a los ilegales, sí, hombre sí… aunque alguno penséis lo contrario, esto es así.

Como colectivo, Guardia Civil, Ertzaintza, Mossos d’Esquadra, Forales, etc… nunca os di las gracias por vuestra labor y este medio me permite hacerlo públicamente. Aunque nos persigais sistemáticamente, gracias, porque lo que buscáis es la ilegalidad. Cuando nos asistís en nuestros problemas, gracias. Cuando acudís a los accidentes y exponéis vuestra vida por la nuestra, gracias… gracias, gracias, gracias.

Ver las leyes y a quienes tienen la obligación de hacerlas cumplir, como algo positivo para nuestra actividad, me da la tranquilidad de ejercer mi trabajo como lo que es y no como una tortura y una condena. Vine libre al transporte y aprendí a convivir en su entorno y entre ellos, están aquellos que vigilan cada día nuestra ruta. (Foto de archivo)

Camionero García

 

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