Desilusionante se puede decir. «Camionero García». Opinión

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No hay nada que ilusione el futuro del transporte de mercancías, ni a nivel nacional, ni a nivel internacional en el ámbito europeo. Aún con los cambios en ciernes, nada hace creer que avancemos en mejoras para un sector que sufre los embates de los mercados y de las instituciones.

Siendo fuerte y poderoso como es y lo ha demostrado la huelga de Brasil, no hallamos los puntos de encuentro para hacer frente a los desafíos del futuro, que por cierto y a corto plazo, no son nada halagüeños.

Desilusiona el alza del precio de los carburantes ante una escalada vertical y que amenaza con una subida de los impuestos a la energía, en pos de equilibrar las cuentas del estado y para penalizar, dicen, las energías fósiles en pos de un transporte sostenible, limpio y amigable con el medio ambiente.

Y para ello, las empresas deben poner más dinero encima de la mesa para renovar flota, con un sistema de tender y subasta que ahoga sus ingresos y que precariza el ejercicio de la profesión. Ante esta situación silencio, cuando no, política de seguidismo al ministerio de turno y sin hacer frente a los cargadores, nuestra verdadera espada de Damocles.

Desilusiona la falta de unidad en las posiciones empresariales respecto a multitud de cuestiones que les afectan. Aquí y aunque quieran disimular que hay consenso, lo que hay es una banda de traidores de sus propias palabras y que va cada uno por su lado, dando tumbos.

El transporte por carretera es una ruina, una burbuja a punto de explotar, empresas que crecen y crecen a base de recortar precio de transporte, acaparar trabajo sin garantizar la calidad mínima, irrespetuosas con las normas y una falta de escrúpulos que avergüenza al más pintado, despreciando la vida de aquellos que trabajan en sus camiones y el entorno en el que se mueven. Lo vemos cada día en la cantidad de accidentes en los que se ven involucrados los camiones.

Esta falta de escrúpulos, la nula formación de los conductores y unos salarios casi de supervivencia, no hacen nada atractiva la llegada de un relevo generacional de los profesionales actuales y tienen la desfachatez de pedir que faciliten la llegada de inmigrantes, a los que se deben dar facilidades para el acceso a la profesión, aunque para ello nos saltemos todas las normas minimas basicas que estamos sufriendo los nacionales o algunos europeos.

En claro castellano, que les regalen los carnés de conducir y CAP a estos pobres para después explotarlos por las rutas de Europa y aún sale la DGT poniendo parches, queriendo autorizar permisos a los 18 años para conducir camiones de gran tonelaje. Sinvergüenzas. Los jóvenes, son jóvenes pero no tontos y ya no hay nada atractivo en esta profesión que haga que renuncien a la vida actual para encerrarse en la cabina de un camión durante mucho tiempo, ni siquiera por un mejor salario.

¿Nos toman por gilipollas?

Desilusiona el nuevo Paquete de Movilidad europeo que sustituirá al Reglamento 561/2006, que amenaza la seguridad de los conductores y demás usuarios de la carretera. A mayor tiempo de trabajo, mayor cansancio, más accidentes.

Eso sí, pero empresas más competitivas, con menos descanso semanal, más megatruck y más toneladas transportadas. LES IMPORTAMOS UNA MIERDA A LOS GOBIERNOS, A LOS CARGADORES Y A LAS EMPRESAS y eso que somos su mayor valor productivo en su cuenta de resultados.

Siempre, siempre, de alguna manera, es necesaria la mano del conductor en la actividad de transporte por carretera, aunque sea solo para descargarnos y cargarnos los remolques. Una vergüenza de la que todos somos culpables, sí y no hay excusa que valga, ni pacto en contra ni hostias, consentido primero por el conductor ya sea autónomo o asalariado.

¿Hablamos de conciliación familiar? Mejor no, ¿verdad?

Desilusiona, sí y mucho, la falta de respeto entre los profesionales del volante, si, los que llevan las mercancías de un punto a otro con sus camiones. Si vemos las conversaciones entre nosotros en las redes sociales, vemos el nivel de educación, formación y respeto en que nos movemos. Cero patatero.

Una hermandad ficticia, salvo excepciones, todo muy virtual y falso. Y esto, también, lo podemos extrapolar a los que no caminan por los mundos virtuales, que a pie de calle se nota también la falta de respeto entre nosotros y nuestro entorno. Ande yo caliente ríase la gente.

Güevos, eso sí, muchos güevos, para insultar, para desprestigiar, para acusar, separar y dividir, abanderados de patrias sin pan, defraudadores de tomo y lomo, incompetentes crónicos del mal hacer y todo acompañado de trazas de opiniones políticas más del pasado que de un progreso más que necesario en calidad de vida y derechos sociales.

Anclados en un pasado que no volverá, porque si un día fuimos señores hoy no lo somos y no hace falta buscar fuera para encontrar culpables, sólo debemos mirarnos en el espejo para ver a nuestro peor enemigo, el yo y nada mas que yo.

Conste que estas letras no son más que mi opinión y que para otros quizás esta no es la realidad. Cada uno la puede pintar del color que más le guste, solo analizo en ellas lo que he vivido en el sector y poco se queda fuera de una realidad más que cruda para nuestro oficio.

Solo puedo desear, por el bien de todos, que seamos capaces de aunar esfuerzos para mejorar o convertiremos este oficio en un gueto para indeseables. (Foto de archivo)

Camionero García

 

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