Carreteras en mal estado, el vía crucis del transportista. "El diván del transporte". Opinión

Carreteras en mal estado, el vía crucis del transportista. “El diván del transporte”. Opinión

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  Xavi Navarro, Director de Transporte News Radio www.transportenewsradio.com

Malos tiempos corrían en aquel país de la pandereta. Mientras que el interés económico del siervo, del transportista, era aumentar la producción en su propio beneficio, el interés del señor feudal era intentar impedir la existencia de ese rendimiento del trabajo, localizando cualquier forma de excedente productivo para situar sobre él un impuesto, carga feudal o derecho señorial de cualquier tipo.

Por entonces gobernaba un tal Juan sin Tierra que utilizaba la fuerza pública para acaparar los bienes de los empresarios y profesionales, que poca resistencia oponían ya que estos eran incapaces de consolidar resistencia alguna. Quienes sí podían hacerlo estaban ajenos a la problemática principal, se encontraban sumidos en constantes conspiraciones palaciegas.

De tanto en tanto el Sheriff de Nottingham realizaba una campaña de recaudación de impuestos y si los diezmos eran insuficientes reprimía a estos profesionales con la exclusión del régimen de módulos, obligando a muchos a refugiarse en los bosques de Sherwood de las falsas cooperativas de transporte. Solo los proscritos desafiaban a los políticos y grandes empresarios, ocultos en las redes sociales, deseando la llegada de un Robin Hood del transporte que les liberase de la opresión.

La renta feudal no se acumulaba en forma de capital, sino que se atesoraba, se consumía, o se malgastaba en inútiles y costosas infraestructuras para el AVE o en el orgullo de la corte: AENA. Para las carreteras y caminos de tránsito no quedaba inversión suficiente. Esas vías, simplemente, las dejaban en manos de forajidos.

Malditas carreteras

En esos circuitos de rally, mal llamados carreteras, los transportistas se la juegan todos los días. Los datos del Observatorio del Transporte y la Logística en España confirman que cerca del 95% del transporte de mercancías y el 85% de los viajeros circulan por carretera.

El deterioro progresivo de las carreteras españolas incide de forma significativa en la fatiga al volante. La mayoría de los profesionales del volante ya ha tenido algún problema de conducción provocado por el mal estado del pavimento de la red o por la conservación del equipamiento. Y no solo eso, sino que, además, incide en el aumento de los costes de mantenimiento, reparación de los vehículos y vida útil de los mismos. A parte de que influye en los consumos de combustible, o sea, en los costes del transporte.

Los firmes son los más perjudicados por la falta de mantenimiento. Grietas, baches, deformaciones, agujeros y socavones aumentan el riesgo de sufrir deslizamiento, acumulación de agua, salida de vía y mayor fatiga en el conductor. Los resultados de muerte son muy frecuentes y las lesiones por accidente de un profesional de la carretera a menudo son tan graves que alteran su vida, no solamente por las secuelas físicas sino también por las consecuencias económicas.

El mal estado de las carreteras algo tendrá que ver en el aumento de siniestralidad registrado el pasado año 2017, en el que han fallecido en las vías españolas 1.200 personas, 39 más que en el año anterior, en cifras de la DGT.

En el colmo de la desvergüenza Fomento lo que hace es señalizar las irregularidades en el firme y obligar a disminuir la velocidad en dichos tramos, en vez de reparar la calzada. Ya en 2014 este ministerio desvinculaba la conservación de carreteras de la siniestralidad, prefería culpar al aumento de vehículos en las carreteras y al envejecimiento del parque móvil.

Otras alternativas que barajan las autoridades: trasladar tráficos de mercancías a las autopistas de peaje (al considerar que es la mejor solución para reducir la alta siniestralidad que soportan las carreteras), la creación de autopistas ferroviarias (subir camiones al tren) o aumentar el transporte marítimo de corta distancia (Short Sea Shipping).

Invertir en carreteras ¿Para qué?

La conservación del pavimento, del equipamiento de seguridad y de la señalización, son claves para el mantenimiento de las carreteras. Según el último informe de EuroRAP, el 14,5% de la Red de Carreteras del Estado presenta un nivel de riesgo elevado a finales de 2017.

En declaraciones de la Asociación Española de la Carretera (AEC) el déficit acumulado de mantenimiento de carreteras está cercano a los 7.000 millones de euros. En los Presupuestos Generales del Estado se prevé un 4,3% menos para el mantenimiento de carreteras, unos 917 millones, cuando haría falta un mínimo de 1.500 millones de euros al año solo para conservar la red en el estado en el que se encuentra.

Cada euro que no se invierte en conservación de carreteras, se convierte en cinco euros que habrá que gastar en volver a construir un tramo deteriorado. La inversión en mantenimiento de carreteras no es ningún gasto superfluo, ya que es una inversión rentable, pues su coste es un 70% inferior al de levantar la misma infraestructura desde cero.

Con todos estos datos, la conclusión que se extrae es que mientras no se organice una fuerte oposición a las políticas de inversión del Gobierno, en materia de infraestructuras y seguridad vial, el transportista juega a la ruleta rusa cada vez que se pone en marcha y recorre alguna ruta para mantener el bienestar de nuestra sociedad.

(Foto: Estado del asfalto de la N-630 a su paso por la provincia de León. Archivo Diario de Transporte)

 

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