Camionero a sus órdenes: La cara oculta del transporte por carretera. «Investigando en el transporte»

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Manuel, (nombre ficticio porque no quiere problemas con su empresa), hace una ruta fija todas las semanas con el camión, un Volvo FH de 500 CV. Unas semanas sale desde Alicante cargado de verduras y frutas el domingo por la tarde, a la semana siguiente, después de hacer los descansos reglamentarios, vuelve a la carretera el lunes por la tarde, siempre con Madrid como destino.

Así lleva haciéndolo desde hace poco más de seis meses. Descarga la mercancía que transporta en los almacenes de dos grandes cadenas de alimentación. La primera con un anagrama en letras rojas y un punto cuadrado verde sobre la vocal, (repetimos que no quiere problemas). La segunda descarga, la realiza en las cámaras frigoríficas que la multinacional del transporte y la logística francesa SDF tiene en el polígono Casablanca de Torrejón de Ardoz. La mercancía que descarga en esta última tiene como destinatario final la cadena de supermercados Carrefour.

Lo que realmente cabrea diariamente a Manuel es la otra realidad de su trabajo, la que se esconde y que nadie parece querer ver. Esa que todos, en mayor o menor medida, todos los camioneros tienen que soportar a diario. Las descargas en las grandes cadenas de alimentación, el trato vejatorio e inhumano que reciben y la prepotencia con la que son tratados por encargados, empleados, carretilleros y cualquiera que se crea con poder suficiente para darles órdenes.

En la primera descarga, es Manuel el que tiene que descargarse, pero no sólo eso, tiene que preocuparse de colocar la mercancía por destinos finales en el almacén, aunque tan sólo se trate de un par de cajas. En una cámara frigorífica que tiene la temperatura a 3 grados centígrados. Por lo que si alguna vez se olvida de los guantes de esquí que lleva en la cabina o se los ha dejado en casa, tiene que sentir como sus manos se quedan heladas.

Si no hace este trabajo no le descargan, no le repasan la mercancía, ni le devuelven la documentación de la carga, algo que su jefe le exige que entregue cada dia en el buzón de la empresa cuando pasa a repostar y dejar el camión, antes de irse a su casa. Pero si además, alguna de las frágiles cajas de cartón que transportan la verdura o la fruta, llega rota, un palé se ha volcado o cualquier otra incidencia con la mercancía que cause un desperfecto que la imposibilite para su venta, se lo descontarán a Manuel de su sueldo. Muy pocas veces tendrá derecho a esa mercancía, es más volverá a la factoría donde la envasarán de nuevo con destino a ese u otro cliente.

Para comprometer aún más el trabajo de Manuel, si tiene la desgraciada y en una desafortunada maniobra con el trailer rompe un piloto, raya o rompe algo del semirremolque o del Volvo FH, su jefe también se lo descontará del sueldo. Olvidando que esos pequeños percances son gajes del oficio y que hasta a su mismísimo jefe le puede pasar. Pero es lo que hay. A sus 28 años, con el carné de trailer recién sacado, nadie le daba trabajo porque carecía de experiencia.

Gracias a maniobras y viajes pirata con amigos, en los que estos últimos le dejaban practicar, pudo hacer realidad lo que era su verdadera pasión desde niño, conducir un trailer. Ahora, a veces, se arrepiente de haber decidido ser camionero, sobre todo en esos días en los que todo sale al revés de lo previsto, pero la pasión por el camión y por la carretera le puede. Es posible que estuviera mucho mejor en otro trabajo de cuarenta horas semanales y descansos legales para disfrutar con su novia y amigos. Pero en el fondo sabe que no sería feliz. El quiere ser camionero.

En la segunda descarga es mucho mejor. Al menos no tiene que descargarse. Aunque sí tiene que estar presente en la trasera del camión mientras la descarga. No es obligatorio, puede estar tranquilamente en la cabina. Pero el prefiere estar en la cámara, también con una temperatura de entre tres y cuatro grados. Esta más tranquilo, no quiere que ningún despistado carretillero rompa nada dentro del semirremolque frigorifico, algo que, de ocurrir, correrán de su sueldo los arreglos.

Sabe perfectamente que todo esto que le pasa es ilegal. Que si se acoge a la Ley no tiene que descargar el camión, ni mucho menos clasificar la mercancía. Tampoco puede su jefe descontarle nada del sueldo por los posibles desperfectos en el camión, el semirremolque o con la mercancía. Pero es lo que hay, el transporte por su zona está así. Algo que se ha enterado que también ocurre con muchas «empresas» del país. Que la profesión del transporte ya no es lo que él de niño oía contar a su tío paterno, camionero de los de toda la vida. De aquellos que conducían por las carreteras españolas los míticos Pegaso y Barreiros. Los que en aquellos años era queridos y respetados. Ahora por desgracia en pleno 2018 ya no es así, y si los propios camioneros no le ponen remedio, cada vez peor. aliz

Equipo de investigación de Diario de Transporte. (Foto: Archivo Diario de Transporte: Mercamadrid)

 

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