Belén Serrano: "En la carretera, hombres y mujeres somos iguales"

Belén Serrano: “En la carretera, hombres y mujeres somos iguales”

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Belén Serrano se conoce la carretera de Castellón como si fuera su casa. Lleva 21 años recorriendo con una furgoneta las empresas y pueblos del tramo zaragozano de la N-232 y otras vías secundarias de la provincia. Belén es transportista desde hace 21 en MRW, la única conductora de su empresa en su delegación y una de las pocas de Aragón en su sector.

“No sé por qué hay tan pocas mujeres transportistas y conductoras de camión. Es un trabajo duro: muy físico y requiere mucha concentración al volante. Pero a la que le guste conducir, tenga fuerzas y ganas de trabajar puede hacerlo”, afirma Belén, de 47 años, que nació en Alcorisa y vino de joven a trabajar a Zaragoza. Está casada y tiene una hija de 13 años. En la Asociación Empresarial de Transportes Discrecionales de Mercancías de Aragón (Tradime) hay cerca de 700 conductores socios, de los que solo 14 son mujeres.

El marido de Belén es camionero y a ella le atraía el sector. “Me llamaba la atención y decidí sacarme el carné de conducir de camión. Después fui al INEM a apuntarme al paro y enseguida me llamaron para entrar a trabajar en MRW. Los inicios fueron duros. Primero te tienes que hacer con el vehículo, luego con las direcciones y después con los clientes”, afirma. Ella ya se ha hecho con todos, la conocen en los pueblos y la esperan a diario. Muchos clientes tienen su teléfono particular.

Su rutina se repite desde hace años. “Me levanto a las siete menos veinte, dejo la casa recogida y a mi hija preparada para ir al colegio. Entro a trabajar a las ocho, cargo la furgoneta y a la carretera: La Cartuja, el Burgo, Fuentes, Quinto, Gelsa, Belchite, Mediana de Aragón, la Puebla de Albortón, Valmadrid, Torrecilla de Valmadrid… Y por la tarde estoy con mi hija, pendiente de los deberes y de recogerla de su clase de ballet que hace desde pequeña. Mi marido pasa toda la semana fuera con el camión, entre Francia y España, y estamos las dos solas”, cuenta.

A ella se le hace más duro cargar y descargar que conducir. Cada día reparte entre 70 y 100 paquetes en empresas y a particulares. “El mundo de la mensajería ha cambiado mucho desde que empecé a trabajar en esto. Ahora mucha gente compra por internet y ha aumentado mucho la entrega de paquetes. Lo notamos mucho en Navidad y rebajas”, apunta.

“Me hubiera gustado llevar un camión en rutas largas por el extranjero, pero con una hija lo veo inviable. Uno de los dos tenemos que estar en casa. Cuando ella era pequeña, buscaba guardería y luego colegio que abriera a las siete de la mañana para poder llevarla en la furgoneta antes de irme a trabajar”, recuerda.

Ahora, cuando se despiden por la mañana, la hija siempre le dice lo mismo: “Ten cuidado con la furgoneta, Mamá”. En 21 años de trabajo, Belén nunca ha tenido un accidente, solo algún pinchazo y muchos días de mal tiempo. “Con la niebla se conduce mal. Y en las carreteras secundarias hay tramos sin señalizar en los que hay que ir con mucho cuidado”, apunta.

Ver a una mujer al volante de un camión o una furgoneta de reparto es aún una excepción. “Muy pocas veces algún hombre me ha dicho eso de ‘Mujer tenías que ser’. Algún graciosillo. Pero en general a mí siempre me han tratado con mucho respeto, soy una trabajadora más, no hay diferencia entre conductores y conductoras. En la carretera hombres y mujeres somos iguales”, afirma.

A Belén le gusta mucho el deporte. Antes corría 12 kilómetros diarios, ahora se dedica más a hacer ‘spinning’. “Estar en forma es muy importante para mi trabajo. No sé si me jubilaré de transportista, es muy duro físicamente estar todos los días cargando y descargando paquetes. Ya se verá el futuro”, afirma esta mujer, que empezó a trabajar a los 16 años. Fuente: heraldo.es

 

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