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Dos agentes especialistas tecnológicos contra los camiones tramposos.

José Ramón López Iglesias (Lugo, 1964) y Ángel Rego Ramos (Lugo, 1974) son dos agentes del subsector de Tráfico de Lugo especialistas en el control de transportes.

A ambos los caracteriza su eficacia y control en este sector, pero si hacemos una definición individual más detallada, de uno destaca su veteranía -lleva toda su vida en Tráfico- y del otro resalta su «ojo de lince» para detectar las manipulaciones más enrevesadas que algunos camioneros llevan instaladas en el tacógrafo. Ese dispositivo implantado en las cabinas de los camiones que registra la velocidad, horas de trabajo y distancia y que nació para velar por la seguridad.

Ambos agentes afirman que de un tiempo a esta parte, en la provincia de Lugo se detectan menos camiones con el tacógrafo manipulado pero en otras provincias se está produciendo un pequeño repunte, sobre todo en vehículos de empresas extranjeras. Uno de los últimos vehículos con este dispositivo manipulado fue detectado en Lugo hace unas semanas, cuando un chófer portugués circulaba con un doble sensor. Dado que no iba utilizando dicha manipulación, no le impusieron la sanción de 500 euros y la retirada de seis puntos, aunque fue multada la empresa con 4.001 euros, y tuvo que pagar los gastos del taller para detectar el lugar exacto donde se encontraba la anomalía.

De las manipulaciones más comunes los agentes destacan cuatro. Algunas, como la del imán, ya están prácticamente desaparecidas. «Hasta 2012, una manipulación muy típica era la del imán. En el sensor pegaban un imán de neodimio. A los camiones nuevos ya no le sirve porque se modificó el reglamento para que los sensores fueran inmunes a los campos electromagnéticos», explica el agente Rego. Añade otras manipulaciones como los interruptores, tanto en analógico como en digital; o la manipulación electrónica accionada con mandos a distancia que permitirían, además de simular un descanso, registrar velocidades más bajas que las reales.

Con la llegada del tacógrafo digital se detectan manipulaciones internas en los sensores y a partir de octubre del 2012 se perciben incluso manipulaciones internas de los sensores o bien dispositivos electrónicos externos para conseguir lecturas y registros falsos en el tacógrafo.

«Todo ha ido variando dependiendo del tipo de dispositivo. En los orígenes solo había simples interruptores que cortaban la señal procedente de la caja de cambios. Era lo más sencillo, y sigue habiéndolo pero muy residualmente. Después fue avanzando la tecnología y los tacógrafos se fueron perfeccionando, imponiéndose la señal electrónica, con lo cual las manipulaciones tuvieron que tener una parte más electrónica y avanzada», explica el agente López Iglesias.

En este hermético y cerrado mundo del transporte, la tecnología juega en contra del control, porque si bien fue evolucionando para hacer más seguro el tacógrafo, también facilita manipularlo de manera más imperceptible. Ahora, para los agentes que trabajan en este terreno es necesario detectar la trampa para después tratar de hacer la ley. Al ser todo electrónico las manipulaciones son más sofisticadas. Si en un principio solo permitían simular un descanso durante la conducción, ahora incluso pueden simular los registros de velocidad. Por ejemplo, el tacógrafo puede ir registrando 90 km/h y el camión ir realmente circulando a más de 100.

Algo que en principio parecía muy seguro, no lo fue tanto, puesto que el tiempo demostró que también es manipulable. Unas anomalías que son más difíciles de detectar pero que la experiencia e intuición del agente Rego confirman en el 99% de los casos que le despiertan sospecha. Los tacógrafos digitales funcionan con una tarjeta con un chip, muy parecida a una tarjeta de crédito. En ella se van grabando los datos mientras el camión circula. Se introduce en una ranura y va registrando velocidad, tiempo de viaje y distancia, entre otros conceptos, y además, los graba de manera encriptada.

¿Cómo detectan los agentes que un tacógrafo está manipulado? «Estoy todos los días en lo mismo. El que circula correctamente sigue un patrón común y cuando hay uno que difiere un poco, es donde te centras. Intentas buscar ese parámetro diferenciador, hurgas un poco más y descubres el truco», explica el agente Rego. Un agente tecnológico que, por ejemplo, siempre lleva encima un GPS activo para certificar la velocidad a que viaja en su vehículo, por si el camión que va delante parece un correcaminos más veloz de lo normal y hay que detenerlo para contrastar los datos.

Pero el agente Rego también posee el don de la psicología y el fino olfato policial: «El gesto del conductor también es en muchas ocasiones la primera prueba para comprobar si hay anomalía. La forma en que reacciona, como gesticula, a veces ya te da un 50% de posibilidades de que estás en lo cierto y de que hay que investigarlo a fondo», explica el agente Ángel Rego, que lleva en la demarcación de transportes de Lugo 15 años. El problema de la manipulación de los tacógrafos, según los expertos, es que revientan la ordenación del transporte y además ponen en grave peligro la seguridad vial. Quien lo hace intenta ganar más dinero, olvidando todo lo demás.

Tania Taboada. La Voz de Galicia.

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