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El calvario de una conductora de autobús atacada por un usuario

«Intenté evitar que agrediera a una viajera, me amenazó de muerte y agredió a los policías», explica la empleada, que ha permanecido un año de baja.

«Pensaba que vivía en un mundo feliz y tranquilo, pero después me enteré de que a una compañera le habían sacado un cuchillo, a otra le habían escupido y tuvo que hacerse un montón de pruebas para descartar contagios, y a otra la zarandearon y dieron un puñetazo. No es lo habitual, pero, cuando pasa, si se oculta no se puede buscar solución». Esta conductora desde hace 14 años acaba de reincorporarse a su puesto después de casi un año de baja tras un ataque por parte de un usuario, que terminó expulsado del país tras ser condenado por agredir a los policías municipales que acudieron a auxiliarla. Su denuncia quedó archivada al haber sido repatriado el acusado, según le informaron en el juzgado.

Sucedió el 9 de abril del año pasado en la línea 30 (Miribilla-Txurdinaga), concretamente en la parada de la Quinta Parroquia, en la calle Hurtado de Amezaga de Bilbao. Se subió una señora mayor, de unos 70 años, que al llegar a la parte trasera le afeó a un viajero: «Quita los pies, por favor, que eso es para sentarse». El individuo reaccionó de la peor manera. La agarró del cuello y la amenazó con el puño. La conductora se giró para ver lo que ocurría y al presenciar la escena salió disparada para intentar evitar la agresión. «La tenía cogida del cuello para darle un puñetazo», recuerda. La viajera regresó a su asiento y el usuario, desafiante, volvió a colocar los pies sobre el asiento, por lo que la conductora le ordenó: «¡Abandone el autobús!», a lo que hizo caso omiso.

Entonces, la responsable del autobús se dirigió a la cabina y pulsó el botón que les comunica con la base. No funcionaba. Tampoco el de emergencia, ni las cámaras, por lo que terminó llamando con su móvil para pedir que avisaran a la Policía de que tenía «una persona conflictiva en el autobús». El individuo, se ponía «más agitado» por momentos. En el autocar, parado junto a la marquesina, había otros diez pasajeros, que miraban asombrados sin intervenir.

De repente, cuando empezaron a escucharse las sirenas de la Policía, el hombre se puso a protestar en un idioma que la chófer no conocía, la miró y le hizo un gesto de rebanarle el cuello. «Me han insultado, me han dicho que me iban a matar miles de veces, pero no me lo tomaba en serio. En esta ocasión fue distinto, era creíble», dice la conductora, que confiesa haber llegado a temer por su vida. «Los policías me advirtieron de que si volvía a verle, les llamara».

Cuando llegaron los primeros agentes, el pasajero violento tampoco se amilanó. Se enfrentó a ellos y les golpeó. Tuvieron que pedir refuerzos, hasta que, «entre cinco policías, pudieron reducirle y esposarle». Entretanto, la conductora del autobús pidió al resto de pasajeros que salieran «para no verse involucrados». Otros dos agentes fueron pidiendo las versiones a cada uno y sólo una chica se prestó para declarar como testigo. «Nadie quería meterse en jaleos». Hasta la mujer a la que había intentado agredir el tipo renunció a presentar denuncia.

El agresor, I. D., que contaba con antecedentes por robo en vehículo y robo con fuerza, fue detenido por los delitos de atentado contra la autoridad y amenazas, y conducido a la comisaría de Miribilla. La chófer ratificó la denuncia, pero nunca llegó a salir su juicio. Según le explicaron en el juzgado, el caso había quedado archivado al ser expulsado del país el individuo el 29 de septiembre de ese mismo año por solicitud del Cuerpo Nacional de Policía. «Cuando supe que le habían expulsado, fue una relajación total».

Fuente: prevención integral.com

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