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La primera taxista de España cambió el aula por el volante

Hace 85 años, durante la II República, poco después de que se reconociera el derecho al sufragio femenino en la Constitución española, una leonesa marcaba un hito al volante. Piedad Álvarez Rubio se convertía en la primera taxista de España.

Había estudiado Magisterio, pero la necesidad de ayudar en casa inclinó sus inquietudes profesionales hacia una profesión casi tan nueva para las mujeres como para los hombres en aquellos primeros años del siglo XX en los que la automoción también se abría camino.

El caso de Piedad es uno de los que prueban que la revolución silenciosa que protagonizaron las mujeres a lo largo del siglo XX no fue algo espontáneo. Muchas mujeres rompieron barreras históricas en muchos frentes, aunque la mayoría quedaron en el anonimato.

Piedad Álvarez Rubio no supo que era la primera taxista de España hasta los años 60, cuando en una revista del sector se proclamaba como la pionera del taxi a la gallega Dolores Trabado, profesional del volante en Lugo.

Se cuenta la anécdota que la leonesa, conocida como La Peñina, se presentó en el rotativo Proa de la capital con el ejemplar proclamando su antigüedad en la profesión: «Estoy viva y al frente de mi taxi, igual que hace 30 años», afirmó en la entrevista que le hizo el veterano periodista local Joaquín Nieves.

En el caso de Piedad concurrieron dos hechos fundamentales. El primero, que en 1932 se permitió a las mujeres conducir coches de alquiler y el segundo que esta aguerrida leonesa aprendió a conducir sin necesidad de acudir a ninguna academia: «Aprendí a manejar el volante a fuerza de meter y sacar automóviles en el garaje de mi madre», respondía a Nieves.

No era la primera vez que Piedad salía en los papeles. El mítico Mundo Gráfico publicó un reportaje de esta pionera leonesa en 1935 en el que comparaba el logro de la taxista leonesa con los de aquellas otras que se intentaban igualar al hombre en los campos de la Filosofía y el Derecho, las cátedras y los laboratorios. En aquel reportaje aparecía retratada con su primer taxi, un Fiat Balilla que era conocido en León por tener su parada en la calle Legio VII, al lado de la plaza de San Marcelo.

En 1961, cuando le hacen la entrevista para deshacer el entuerto de la taxista gallega, ‘La Peñina’, sobrenombre con el que se le conocía por el nombre de la tienda que tenía en la calle La Rúa, confiesa que sigue en activo «con la misma ilusión» que cuando comenzó en los años 30 aunque no con la misma dedicación. Había empleado a un chófer y ella le cubría los descansos para comer y los servicios en los días festivos.

Se había sumado a la modernidad y prestaba el servicio en un Seat 600, el popular coche que cambió la vida de los españoles y que también está de aniversario pues acaba de cumplir los 60 años desde que salió la primera unidad de la fábrica de Seat en Barcelona. En un tiempo intermedio entre estos dos vehículos tuvo un 1400 negro, que era inconfundible en León.

Abandonó definitivamente la profesión en 1974, cuando traspasó la licencia a un emigrante leonés que volvió a casa con algunos ahorros. Piedad Álvarez Rubio no tuvo dudas en responder que de no haber sido taxista sería maestra nacional. «Estudié la carrera de Magisterio pero me decidí a prestar ayuda en casa de mi madre y así fue como inicié mi profesión de taxista», comentó.

Se definía como una conductora que no conocía el miedo y de «una serenidad pasmosa. Lo que hace falta es disponer de serenidad y segura visión de las cosas». Tampoco sufrió accidentes en su vida como conductora, pero se tuvo que enfrentar a muchas averías.

No se le resistieron el volante ni la mecánica. Otra de las confesiones que hizo al periodista es que ella misma reparaba las averías, salvo que fueran extremadamente importantes, ya que en las gordas hay que llevar el automóvil al taller», apuntó.

Piedad se asombraba por el crecimiento que había experimentado la ciudad desde aquellos comienzos en los años 30, «no nos lo podíamos imaginar». Y también dejaba constancia de que la mujer al volante era una rareza en sus tiempos pero no en aquella década de los 60: «Las costumbres eran distintas. Hoy aquellas cuyos esposos tienen turismo aprenden a pilotarlo. Entonces se contaban con los dedos», apostilló.

Uno de sus hermanos murió siendo el veterano de los taxistas de León. Piedad señaló que para ejercer esta profesión hace falta tener «carácter» y saber llevar una conversación con quien tiene ganas de hablar y callar cuando no.

Fuente: diariodeleon.es

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