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¡Y al camionero que le den!

¡Y al camionero que le den!. Esta frase es -por desgracia- la más repetida en la profesión. Sencillamente porque vivimos en un país que mira demasiado hacia otros, pero seguimos mal copiando. No es de recibo que, precisamente aquellos que viven de nuestro trabajo diario, nos dejen tirados cuando acudimos, por ejemplo a un taller, un restaurante o cualquier otro servicio.

Aumentan las quejas de los profesionales que acuden a buena parte de los talleres mecánicos de este país para reparaciones urgentes o de mantenimiento y se encuentran con que, en lugar de recibirles como se merecen, ya que son su principal fuente de ingresos, son -por el contrario- despreciados. Con aseos a los que tienen que pedir permiso para acudir, sin una sala de espera decente, una simple máquina de café, y lo que es más grave; con unos horarios prácticamente de administraciones públicas. Llegada su hora de cierre se van dejando al profesional tirado, en polígonos industriales pequeños, sin un mal restaurante en el que poder comer algo caliente.

Afortunadamente no son todos, pero seguramente muchos profesionales podrán dar testimonios de haberse sentido ninguneados. Tres cuartos de lo mismo se podría decir de restaurantes, áreas de servicio y demás. Dejando a un lado las empresas de carga o descarga que son un mundo a parte. Restaurantes de carretera con horarios de oficina. Comedores de 13 a 15 horas y de 21 a 23 horas. Poco o nada profesionales. Como si los camioneros tuvieran un trabajo fijo con horarios similares. Anclados en el siglo XIX, pero que además tienen su principal fuente de ingresos en los camioneros. Los mismos restaurantes que luego se quejan de que no entran los camioneros. Sin hacer examen de conciencia y darse cuenta de que antes les despreciaron.

Sobre todo en épocas de salida y retorno de vacaciones. Mas preocupados del turista ocasional, sin darse cuenta de que esos clientes ocasionales paran por la consabida frase de: “Si hay camiones en el aparcamiento es que se come barato y bien”. Luego cuando llegan los largos meses, azotados por la crisis, se quedan apoyados en la barra mirando pasar los camiones y que no paran. Pero cuando lo hacen, sablazo en el cobro, con el añadido de servir comida aburrida de estar expuesta.

Por eso los profesionales reclaman un poco más de visión de negocio, más ser conscientes de que no solo se trata de facturar horas de taller, también de dar un servicio y una atención amable. No solo poner un restaurante con la misma capacidad y visión de futuro de quien perfectamente podría haber puesto un kiosco de autoservicio.

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