Peligrosa también para camiones

Sin duda, la liberalización de la AP-1 entre Miranda y Burgos es uno de los caballos de batalla más longevos de la ciudad. Un conflicto enquistado, que se daba por finalizado con noviembre de 2018 en el horizonte. Una fecha en la que concluye la concesión a Europistas para explotar este importante trayecto dentro de una ruta comercial de referencia.

Con dudas, o sin ellas sobre lo que sucederá en ese momento, lo que se vivirá irremediable es que tanto turismos como camiones en enfrentarán, hasta la apertura total, a transitar por la Nacional 1 o tendrán que pagar para poder desplazarse por una vía de dos carriles.

Una elección que en el caso de los transportistas va más allá de un simple acto de tranquilidad, porque en ello también va su trabajo. Carlos Urbina es transportista autónomo y tiene claro que si tiene que viajar hasta Burgos «lo hago por la autopista, aunque me cueste caro». Una decisión que toma fundamentalmente por dos motivos: el mal estado del firme y el tráfico que absorbe la vía convencional. Además, Urbina añade que es una infraestructura que «ha quedado muy obsoleta, con muchos límites de velocidad y además pasan muchos camiones especiales».

Su punto de vista no es una excepción. En términos similares se expresa Nicolás Cabrillo, responsable de una empresa de transportes. «A Burgos es inviable subir por la nacional», afirma Cabrillo, que explica que «el asfalto está muy mal, no se gastan un duro en conservación y después está atascada». Una realidad que hace que no haya muchas dudas a la hora de elegir un itinerario u otro para su flota, puesto que debido a su estado, la degradación en los vehículos es mucho mayor lo que acaba en averías o accidentes.

Al margen de la gran cantidad de camiones, o los transportes especiales con los que se pueden encontrar en el trayecto, Cabrillo también señala a los tractores, como un elemento que hace que el ritmo se aminore, formando mayores colas y creando nerviosismo. Una situación contra la que un camión no puede hacer nada, sin poner en riesgo la seguridad. «Cómo le vas a adelantar», defiende Cabrillo.

Por su parte, José Ignacio Setién también pertenece al sector, aunque en su caso es un empleado. Un papel en el que no tiene la última palabra para decidir por dónde viaja, puesto que la autopista la paga su jefe. Pese a ello, tiene suerte porque defiende que «las veces que voy, suelo ir por la autopista». Una tranquilidad para él puesto que no niega que es «una carretera peligrosa».

Pese a estas versiones, por la Nacional 1 siguen transitando día a día una buena cantidad de camiones aunque «muchos cogen la circunvalación en Armiñón y salen en Ameyugo», afirma Setién. Una medida, la de salvar la ciudad con la AP-1, que Urbina advierte que se podía haber tomado hasta Pancorbo, porque de esa manera se podían haber evitado accidentes en el desfiladero.

«Nos obligan»

Con todos estos motivos encima de la mesa, Cabrillo no habla de una decisión si no que según su punto de vista, lo que sucede es que «nos obligan a pagar la autopista». Un trayecto que para él es un «atraco a mano armada», ante lo que tampoco hay bonificaciones. Una medida que se sí que se tomó el verano de 2015, a modo de prueba para descongestionar la nacional, y que acabó al comenzar el mes diciembre del año pasado.

Una apuesta que al pararse se tenía que analizar, aunque por aquel entonces se entró en el periodo de interinidad del Gobierno, por lo que quedó paralizado.

Además, al margen del desarrollo de las bonificaciones, Cabrillo se muestra desconfiado en cuanto a la liberalización de la carretera de peaje. «No lo van a liberalizar», afirma rotundo. Y es que por parte de los transportistas se tiene claro que hay muchos intereses creados, como con lo visto con el peaje de Pancorbo y Ameyugo, resalta Urbina. Unas dudas que hacen que se conformen con que se liberalice, sin entrar en posibles mejoras para la autopista, en caso de que sea gratuita y absorba todo el tráfico.

Así se afronta una peligrosidad que en momentos como el invierno hace que el tránsito sea más complicado, con elementos como la niebla que hace que «sea mucho peor» ya que «no es lo mismo que una autovía y no puedes adelantar», destaca Setién. Unas complicaciones que hacen que en ocasiones los camiones sean vistos como los malos de la película. «Como transportista comprendo a los que van con vehículo pero es un peligro para todos», concluye Urbina.

Fuente: el correo.com

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