Injusticia con un camionero español: Cinco años de cárcel por un accidente
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El 23 de julio de 2015 Francisco Abad, un camionero palentino de 59 años, conducía un tráiler perteneciente a una cooperativa de Irún por la autopista A-4, en Polonia. Eran las 18:15 cuando el vehículo alcanzó a varios coches que se encontraban detenidos a la altura de la localidad de Polwica. Como consecuencia del choque, cuatro personas perdieron la vida y otras trece resultaron heridas de diversa consideración. De lo que sucedió segundos antes de las 18:15 de la tarde no recuerda nada. Tan solo, que despertó entre los hierros del camión accidentado, con fuertes dolores en la pierna derecha.

Había comenzado la jornada a las 5:30 de la mañana. Había realizado los descansos reglamentarios y llevaba conduciendo dos horas desde la última pausa. El control de alcoholemia resultó negativo. Lo último que recuerda antes del accidente son unas señales de obras 20 kilómetros antes. Había una retención de trafico cuando se produjo el siniestro. Pero no recuerda haber visto los coches, como tampoco es capaz de rememorar nada de lo que sucedió en los instantes anteriores al choque. Ello apuntaba a la posibilidad de que hubiera sufrido un desvanecimiento. Tras ello, recuerda únicamente los servicios sanitarios tumbandole en la camilla, y los dolores en la pierna derecha, consecuencia de una fractura de tibia.

Fue después cuando comenzó su calvario y la injusticia. Ya en el hospital, después de las primeras curas, la policía quería encarcelarle. La oposición del médico frenó las primeras intenciones de los agentes, si bien Francisco debió permanecer esposado a la cama y con vigilancia. En el mismo hospital, dos días después, un juez le acusó de causar el accidente de forma premeditada, lo que le habría acarreado una condena de 12 a 16 años de cárcel. Se decretó su prisión provisional sin fianza. Al día siguiente de serle operada la pierna, pasó a una celda, en la que permaneció durante seis meses y medio. En la celda estuvo con la pierna escayolada y con otros tres presos. Él, a pesar de todo, afirma la celda -de tipo sanitario- era de una de las mejores del establecimiento. La Embajada no le prestó apoyo. Únicamente tuvo una visita del cónsul que le llevó unos diccionarios de polaco para que pudiera defenderse con el idioma.

En febrero concluyó la instrucción, y se le acusa formalmente de haber causado, de manera involuntaria, una catástrofe vial, castigada con hasta ocho años de cárcel. La fiscalía anuncia que solicitará una pena de dos años de prisión, al tiempo que los abogados de las víctimas elevan su petición hasta los seis años. A la primera vista del proceso acuden multitud de periodistas polacos, lo que convierte en mediático al asunto. A partir de entonces, y hasta la sentencia, los periódicos se encargarán de calentar a la opinión pública.

En el acto de la primera vista, el juez decreta la libertad provisional, mediante el abono de una fianza de 36.000 euros. La cooperativa propietaria del vehículo y el seguro le prometieron hacerse cargo de la fianza, pero ello nunca sucedió. Tuvo que ser la hermana de Francisco Abad la que reuniera el dinero para sacarle de la cárcel apenas unas horas antes de que terminara el plazo. En todo este surrealista suceso Francisco ha estado siempre solo, únicamente ha contado con el apoyo de la familia.

Incluso después de tener el alta médica la empresa le suspende de empleo y sueldo, a pesar de ser fijo, alegando que se encontraba en libertad bajo fianza. Su situación laboral desde entonces es irregular, no cobra desempleo, ni tampoco puede trabajar porque perdería los derechos adquiridos durante su permanencia en la empresa en la que trabajaba. Esta le ofreció la posibilidad de que firmara un despido falso, aceptando una cantidad como indemnización económica que no cobraría, con la condición de tener la documentación para cobrar el desempleo.

Desde febrero hasta septiembre se celebran varias vistas. A lo largo de las mismas, testifican familiares de las víctimas. Francisco les pide perdón y todas ellas lo aceptan. Testifican también diversos peritos y forenses. Se presenta documentación médica que da cuenta del estado de salud del acusado. A la finalización, la fiscalía reitera su petición de pena inicial: dos años. Las acusaciones particulares la rebajan a 5, y la defensa solicita la libre absolución, por entender que el conductor se encontraba inconsciente cuando tuvo lugar el choque.

La sentencia llega el 6 de septiembre y resulta demoledora para todos: el juez le condena a cinco años de cárcel y al pago de compensaciones por un total de 90.000 euros, al considerarle responsable del accidente. La severidad de la resolución es tal que incluso la misma fiscalía se plantea recurrirla.

Mientras tanto Francisco continua con su calvario particular, sin comprender qué es lo que ha podido llevarle a esta situación. A diario ocurren, por desgracia, cientos de accidentes de tráfico, pero nadie que esté implicado en ellos sin malas intenciones termina en la cárcel, ni mucho menos pasando por una situación como la de Francisco Abad. Esperemos que una resolución más favorable en segunda instancia ponga fin a esta pesadilla.

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