El motor de Europa a punto de gripar

“Brexit means brexit”, estas palabras fueron las primeras que, como premier, Theresa May pronunció ante los medios. El terremoto brexit, que en los días posteriores al 23 de junio provocó caídas en bolsa, el desplome de la libra esterlina y una incertidumbre generalizada, todavía tiene que enfrentarse a una larga negociación de, al menos, dos años desde el momento en el que Reino Unido solicite formalmente la salida del país a la Unión Europea.

Hay que recordar que, durante todo ese periodo, Reino Unido seguirá siendo miembro de la Unión Europea a todos sus efectos y se mantendrán, por ambos lados, derechos y obligaciones. No se trata de negar que es, sin duda, un importante revés y que estamos ante un escenario distinto, Reino Unido formaba parte de la Unión Europea desde 1973, además de ser uno de los países con una de las economías más grandes del club de los 28. Pero tampoco es necesario alarmarse en exceso, el brexit no es un evento, es un proceso. La Unión Europea y ese país tendrán que replantearse qué tipo de relación quieren a partir de ahora.

Curiosamente, pese a su insularidad, la salida del Reino Unido puede tener importantes efectos sobre el transporte internacional por carretera. Dicho país fue en 2015 el cuarto socio comercial a nivel mundial de España por detrás de Francia, Alemania e Italia. En definitiva, el Reino Unido representa para España alrededor de un 12% de nuestras exportaciones y un 10% de nuestras importaciones hacia y desde la Unión Europea y esa relación comercial entre ambos Estados se plasmó en un trasvase que, según el INE, fue de más de 15 millones de toneladas de mercancías. La mayor parte de ellas viajaron en camiones que a través del Eurotúnel o de los ferrys que operan entre el continente y las islas británicas, salvaron la brecha marítima. En un futuro quizá también deban salvar una brecha aduanera. La salida definitiva de Reino Unido vendrá probablemente de la mano de nuevos criterios aduaneros y arancelarios y el restablecimiento de las fronteras de acceso entre ambos territorios

En mi opinión, puede que el fulgor mediático del brexit nos esté ocultando, lo que un análisis profundo refleja, lo que está pasando en Europa respecto del transporte internacional por carretera, sobre cómo y por qué hemos dejado de caminar hacia una formación europea más fuerte y competitiva. Lamentablemente, llevamos algún tiempo en el corazón de Europa poniéndole trabas a uno de los principales motores de la competitividad, como es precisamente el espacio único para el transporte por carretera. El brexit sería así la parte visible de la ruptura que se está fraguando dentro de la Unión Europea.

El presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, en su toma de posesión, abogó por un giro de las instituciones europeas: “Hay que legislar menos, hay que legislar mejor”. Pero esos buenos propósitos, desde hace unos dos años, han sucumbido ante la proliferación de nuevas normas y reinterpretaciones de las existentes llevadas a cabo por varios Estados miembros, a despecho de lo que Bruselas haga o diga. Esta situación está levantando entre los países de la UE muros intangibles pero reales. Nuevas “fronteras” que no sólo dificultan la libre circulación de bienes y servicios, vital para la economía europea y para un sector como es el transporte internacional por carretera, sino que también están socavando los fundamentos mismos de lo que es la Unión Europea. La construcción europea exhibe una lentitud y una pasividad que se acerca al rigor mortis.

El transporte internacional por carretera se está enfrentando a las consecuencias de la suspensión del espacio Schengen, con controles fronterizos, la situación de Calais, las leyes de Alemania, Austria, Noruega y ahora Francia, con la imposición del salario mínimo y sus enormes cargas burocráticas, amén de una sangrante inseguridad jurídica para todos los empresarios del resto de la Unión. A lo que hay que sumar las nuevas tasas por uso impuestas recientemente en Reino Unido y Bélgica.

El ideal de la Unión Europea se marchita y con ello todos los avances que se han realizado para mejorar el tránsito de personas, bienes y capitales entre los diferentes países miembros. Si se frena el transporte por carretera se está gripando el motor de nuestra prosperidad. “No habrá paz en Europa, si los Estados se reconstruyen sobre una base de soberanía nacional”, Jean Monnet, padre fundador de la UE.

Este es íntegramente el artículo de opinión de Ramón Valdivia, Director General de ASTIC (Asociación del Transporte Internacional por Carretera), publicado recientemente en CINCO DÍAS.

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