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Interbus es el primer grupo de transporte que hace test de drogas a sus conductores

También ha instalado el ‘alcolock’ en seis de sus autobuses. En 2016 despidió a un chófer que dio positivo antes de cubrir una ruta regional.

Se sentó en el asiento del conductor dispuesto a cubrir una ruta regional con decenas de pasajeros a bordo, pero cuando metió la llave en el contacto y puso la boquilla en el ‘alcolock’, nada más soplar, un candado y una copa de vino se iluminaron en la pantalla del salpicadero informándole de que el autobús estaba inmovilizado. El Grupo Interbus no se anduvo con medias tintas con este chófer y ese mismo día, en el verano de 2016, despidió al primer empleado cazado por este sistema de seguridad contra el consumo de bebidas alcohólicas al volante. «Por temas de alcohol y drogas no hemos sufrido ningún accidente ni se ha sancionado a ninguno de nuestros conductores», subraya José María Iniesta Alcaraz, jefe de Administración del Grupo Interbus en Murcia.

Esta empresa, que trabaja en la Región con la línea comercial Lycar, es pionera en la implantación del ‘alcolock’ en su flota y desde el año pasado también realiza análisis de sangre a los conductores que contrata para comprobar que no consumen estupefacientes. «Si no quieren someterse a la prueba ya sabemos por lo que es y no les contratamos». El Grupo Interbus es el único del sector murciano del transporte de pasajeros y mercancías que ha adoptado este tipo de medidas, ya que la Federación Regional de Organizaciones Empresariales del Transporte de Murcia (Froet) reconoce que no tiene constancia de que otras empresas hayan instalado el sistema’ alcolock’ en sus autobuses y camiones, ni de que realicen un test de drogas antes de contratar a un chófer.

Froet achaca este preocupante dato a «la falta de una legislación que permita efectuar controles de alcohol y drogas a requerimiento del empresario». El convenio regional del sector del transporte tampoco incluye pruebas obligatorias a los conductores, y en lo que va de año, Froet ya ha reclamado a las administraciones regional y estatal que regulen esta materia. Esta semana volvió a reiterar esa petición después de que el pasado lunes, un chófer del Grupo Agetrans Demetrio e Hijos diese positivo en cocaína tras arrollar a doce vehículos y acabar con la vida de cinco personas en la A-7, a la altura del camping La Paz.

Froet denuncia la falta de una legislación que permita efectuar controles a petición del empresario Los vehículos de última generación disponen de un radar para evitar colisiones por alcance.

El Grupo Interbus quiere mantener a cero su estadística de drogas y a falta de legislación, ha optado por interpelar a la Inspección de Trabajo para extender los análisis a toda la plantilla. «En el mercado no existe ningún aparato como el de la Guardia Civil, que se pueda instalar en un autobús para detectar sustancias a través de la saliva, y hemos consultado si podemos incluir los test de sustancias en los reconocimientos médicos anuales que se hacen a todos los trabajadores», explica José María Iniesta.

Todavía no han recibido respuesta de la Inspección, pero los conductores de la empresa no se oponen. «Soy chófer profesional y entiendo que no debo tomar nada», razona Miguel Pérez Olivares, que lleva al volante de camiones y autobuses desde que acabó el servicio militar. «Los sistemas de seguridad nos gustan a los conductores», comenta a ‘La Verdad’ mientras se sube a un autobús de la marca Volvo equipado de serie con un ‘alcolock’. Es viernes y se dispone a salir desde la estación de San Andrés para cubrir el trayecto de la línea 1 (Murcia-Jumilla-Yecla).

«Los respaldos de este asiento son de aire; parece que estás sentado en el sofá de tu casa», se ríe. Como cada día, se sube al bus provisto de su estampita del Cristo de Jumilla en la billetera y después de haberse tomado en casa un Cola Cao y una magdalena. «Yo soy como la San Miguel 0.0». Pero lo que afirma este chófer, de 58 años, lo tiene que demostrar a diario antes de echarse a la carretera. Miguel saca una boquilla del bolsillo de su camisa azul y la coloca en el ‘alcolock’, sabe que mientras no sople, no podrá mover el vehículo.

«El sistema es tremendamente eficaz», afirma categóricamente Jesús Manuel Hervás, jefe de Tráfico del Grupo Interbus en Murcia. «El ‘alcolock’ va conectado a la unidad de mando del motor de arranque, con solo dar 0,01, el coche se bloquea y no puede acelerar». Miguel empieza a expirar aire y en la pantalla aparece un mensaje: ‘Sople menos fuerte’. «Esto es como con la Guardia Civil», bromea el jefe de tráfico. Al segundo intento se desbloquea el candado: el motor ya puede rugir.

«Es increíble que a la altura de los tiempos que estamos y con la que está cayendo, que todos los vehículos no tengan ya medidas contra el alcohol y las drogas». La afirmación de este conductor choca con la cruda realidad que también hay en las empresas que prestan el servicio de transporte escolar en la Región, ya que la Consejería de Educación reconoce que el Grupo Interbus, a través de Lycar, «es el único» con ‘alcolock’ en los autobuses. En la actualidad, 6 de sus 33 vehículos están equipados con este dispositivo. «El objetivo es llegar al cien por cien conforme vayamos renovando la flota», avanza el jefe de administración.

«La seguridad es una máxima para esta empresa, aunque suponga un sobrecoste». Y no habla en vano, puesto que desde 2016 pagan 75 euros adicionales por cada reconocimiento médico para verificar que los nuevos conductores contratados están limpios de drogas. Hhan invertido 1.400 euros en cada uno de los seis ‘alcolock’. «Lo llevan todos los autobuses comprados desde 2014. El sistema Volvo impide acelerar el vehículo; y el de los Scania es un Draguer que no deja arrancar si no se sopla antes», aclara el jefe de tráfico.

Los pasajeros, tras una parada de descanso en San Andrés, empiezan a subir al Scania que cubre la línea Benidorm-Murcia-Jaén y el conductor tiene que volver a soplar. «Si el vehículo permanece con el motor parado más de quince minutos el chófer tiene que repetir la prueba».

Carmen Morillas, una pasajera, observa con atención cómo sopla el chófer y zanja que «debería haber más sistemas como este; así se viaja más tranquila». Este vehículo es de última generación y dispone de un radar que mide la distancia con el coche que va delante para evitar colisiones por alcance.

En la cabina del conductor hay un sistema que controla que no se duerma y que hace vibrar el asiento si el chófer da una cabezada. José María Iniesta justifica la necesidad de todas estas medidas con una comparación demoledora: «Un accidente en autobús es lo más parecido al siniestro de un avión. A nivel de la Administración, habría que preguntarse la necesidad de habilitar subvenciones para estos sistemas».

Fuente: laverdad.es

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