'El perilla', el fiel Guardia Civil: "No soy un ogro" - Diario de Transporte
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‘El perilla’, el fiel Guardia Civil: “No soy un ogro”

Temido por muchos conductores, cuenta la leyenda que es el agente de tráfico que más sanciones ha impuesto, algo que desmiente. “No me como a nadie. Solo soy un cumplidor estricto de la ley”.

Cuenta la leyenda que en las carreteras gaditanas hay un Guardia Civil inflexible con los conductores que se pasan de la raya al volante, aunque sea por no llevar puesta la pegatina de la ITV. Su fama ha llegado a tal extremo que incluso en Forocoches, uno de los portales de internet más populares y con más usuarios en habla hispana, ha llegado a protagonizar un post en el que prácticamente lo convierten en la versión castiza de Chuck Norris: “Una vez subió al autobús y ni miró los viajes que le quedaban ni nada”; “dicen que saca un pendrive sin darle a sacar con seguridad”; “un día le vi con un cartón de zumo que decía ‘agitar antes de servir’ y se echó un vaso sin agitarlo”… Se llama Antonio, pero entre los conductores se le conoce por su apodo de ‘el perilla’, que asume con cariño. No sabe quién le puso ese mote, pero sí conoce, muy a su pesar, que se ha convertido en el Guardia Civil de tráfico más famoso de la provincia de Cádiz.

Nacido en Arcos hace casi 59 años, criado en Algar y vecino de Jerez —de la casa-cuartel del Retiro, para más señas— desde hace 17 años. Entró en el Cuerpo armado en 1980 y si volviera a nacer “sería otra vez Guardia Civil”. En su familia no hay antecedentes en la Benemérita, pero ya en su juventud tuvo claro que quería vestir su verde uniforme. Antes de volver a su provincia estuvo en Huesca y en Vitoria, destino que pidió de manera voluntaria a pesar de que por entonces la banda terrorista ETA estaba en pleno apogeo y tenía especialmente en su punto de mira a estos agentes. “Yo nunca he tenido miedo”. Ama tanto su profesión y a su “empresa”, que aun pudiendo haber pasado ya a la reserva ha decidido continuar activo hasta los 65 años. “Merece la pena vivir y trabajar para la Guardia Civil. Por este Cuerpo lo doy todo”.

La entrevista, más bien charla, discurre entre cánticos navideños en un festivo día de la Constitución, en un mosto cercano a la carretera de Morabita rodeado de viñas. “Es la primera vez que concedo una entrevista”, comenta a lavozdelsur.es. Antonio, de día libre, ha venido a echar un rato con los propietarios del establecimiento, amigos desde hace años. Se toma un cortito vaso de mosto porque, entre otras cosas, afirma que no bebe alcohol. Además en un rato tocará ponerse al volante, así que prácticamente se mojará los labios para no hacerle el feo a sus anfitriones. “Llevo una vida ordenada, no me gusta el alcohol, no me gusta la juerga ni hacer el indio en ningún sitio cuando estoy de paisano. La prueba es que llevo 36 años en la empresa y nadie me ha llamado nunca la atención”.

Pero, ¿quién hay detrás de ‘el perilla’? ¿Es tan fiero como lo pintan? Antonio lo tiene claro: “Soy una persona normal y corriente, no soy un ogro ni un monstruo. El perilla no se come a nadie. Solo soy un cumplidor estricto de la ley, un agente de la autoridad que cumple su función”. Antonio desmiente ese mito que dice que ha llegado a multar a familiares, y tampoco piensa que sea el agente de tráfico que más sanciones haya impuesto. “Hay mucha leyenda urbana. Uno no va con el látigo en la mano. Tampoco estamos aquí para machacar a la gente. Hay que ser juez, hay que ser humilde, respetuoso y humano”. De hecho, destaca la de veces que ha cambiado una rueda o empujado un coche porque “ante todo la Guardia Civil es un Cuerpo que está para ayudar al ciudadano, que trabaja por hacer cumplir la ley y para ayudar al ciudadano para todo lo que necesite. No todo son multas. Yo hago muchos servicios humanitarios, no todo son denuncias”.

“Ante todo la Guardia Civil es un Cuerpo que está para ayudar al ciudadano”.

Después de 36 años en la carretera, Antonio ha visto de todo y desgraciadamente muchos accidentes. Uno le marcó especialmente, el que acabó con la vida de cinco personas de una misma familia, tres hermanos y dos primos. Y porque el trance de informar a una madre o a un padre de la muerte de un hijo es muy duro, eso le hace hacer cumplir la ley a rajatabla. “Hay unas normas y la Guardia Civil está para cumplirlas y para que el ciudadano se sienta seguro. Yo he visto muchas negligencias. Hay que exigir a la gente que use el cinturón, porque evita las muertes en un 70 por ciento, hay que exigir que se usen las sillitas de bebé… Pero la gente no se mentaliza, solo mira y se preocupa de que se le pueda denunciar”. Y aunque incide en que hace cumplir la ley “al milímetro”, reincide en que es un tipo justo. “Nadie podrá decir que yo he cometido un abuso, lo que pasa es que la gente ve las cosas de muchas maneras”. De hecho, él mismo afirma que nunca incumple las leyes. “Yo ando con siete ojos con el coche y con mis actuaciones, porque no me puedo pasar ni un milímetro. Respeto los límites de velocidad, no cojo el móvil, no bebo, no aparco mal… Yo prefiero andar 500 metros y dejar el coche bien aparcado antes de que me llame la atención un compañero”.

Con la jubilación a la vuelta de la esquina, y dada su condición de agente veterano, también se preocupa de formar a las nuevas generaciones de guardias civiles. “A mí me gusta que mis compañeros cumplan, que se comporten, que se vistan bien y que se presenten bien a la gente, con el respeto, con el saludo… Todo eso me gusta, y como me siento profesional, a todo el que viene por debajo mía me gusta enseñarlo, me gusta que sea querido por la sociedad y que sienta que hace un buen trabajo”. La charla toca a su fin. No son aún las siete de la tarde, pero para ‘el perilla’ ya es hora de volver a casa. Le hacemos una última pregunta. Aun estando de día libre, y viendo que en el local hay alguno con una copa de más, ¿sería capaz de llamar a algún compañero para que montara un control en la carretera de Morabita? ‘El perilla’ se lo piensa. Y sonríe. “Yo he venido a comprar y me voy. Cada uno es responsable de sus actos”.

Fuente: lavozdelsur.es

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